Desaparecidos, ¿dónde están?

Por la prensa local, nos enteramos que desde este pasado 10 de Mayo, dos elementos de las fuerzas de seguridad pública, desaparecieron aquí en Ensenada y las corporaciones a las que pertenecen, poco han hecho por encontrarlos, mientras sus angustiados familiares, reclaman justicia y acciones.

Álvaro de Lachica y Bonilla / A los Cuatro Vientos

Las autoridades parece que en ningún momento emitieron una alerta oficial de «se busca”, como sucede en otros casos de personas perdidas. Y hasta hace unos días nadie sabe en dónde están los dos policías. Sin información sobre su paradero, sus familiares imprimieron lonas que fueron colocadas en distintos puntos de la ciudad, aquí en Ensenada, también, han dado a conocer el caso a través de las redes sociales, organizaron una marcha este pasado 24 y hasta enviaron mensajes al cuestionable programa de la tele a cargo de Laura Bozzo.

Como si se tratara de un perfil genéticamente terminante, en México, las autoridades de todos los niveles muestran indiferencia ante los familiares de personas desaparecidas: una vez iniciada la pesadilla: no hay protocolos de prevención, reacción inmediata, búsqueda de personas vivas, sistematización de datos, atención digna a las familias, ni de sus necesidades.

Encima, las familias deben enfrentar el estigma sobre sus desaparecidos: ¿en qué andarían, metidos?

«Províctima”, la joya Calderonista, se ha sumado a la larga lista de ineficiencias y barreras para que las familias accedan a derechos básicos como la representación jurídica ante esa misma instancia. Hace también, un par de semanas, al comparecer ante el Senado de la República, el titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Raúl Plasencia, informó que desde 2005 a la fecha, suman 24 mil 800 personas desaparecidas en el país (más de 7 personas por día)

«Existe el dato también que en 612 de ellos, existe la presunción de intervención de agentes del mismo estado de mexicano en la desaparición de estas personas”.

Hablar de estas familias rotas, que, sin comprender nada, se ven obligados a responder al cada vez más persistente «¿Dónde está mi papi?” de sus hijos. El asesinato es brutal, pero está demostrado que enterrar al ser querido es parte vital del duelo. ¿Cómo es el duelo de los seres que quieren a los desaparecidos? ¿Cómo se vive un duelo sin tener la certeza de que el ser querido está muerto?

Ser solidario, en estos casos, significa ponerse en los zapatos de quienes viven algo tan obscuro. ¿Perder a un ser humano? Vidas que viven desgarradas por la incertidumbre, la esperanza de que por alguna absurda razón, está en un hospital o detenido; esperar a cada ring del teléfono o sonido del timbre de la puerta.

¿Así pasan los días de cuántos miles de mexicanos? Lo único peor es que nos deje de importar. Por lo pronto, pareciera que ni diputados, ni autoridades de Justicia, han hecho lo suficiente para que se protejan los derechos de familiares de desaparecidos. ¿Hasta cuándo? Lo peor, además de no asignar recursos para garantizar el apoyo a víctimas de desaparición, es que se les trata como ciudadanos de segunda, ¿Será esa «modernidad” la que requiere el país?

Ningún caso es más urgente que en el de aquellas personas que han sido llevadas contra su voluntad y cuyo paradero aún se desconoce. La característica que distingue a estos delitos de otros es que, mientras se ignore el destino de la víctima, tienen carácter continuo. Cada día que pasa es otro día sin que las autoridades hayan encontrado a las víctimas, y otro día que las familias siguen sufriendo por no saber qué les sucedió a sus seres queridos. Por estas injusticias, movimientos sociales como: «Caravana por la Paz”, «Justicia con Dignidad”, «Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos”, «Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste” y el Colectivo «Bordamos por la Paz”, entre otros, nos hemos convertido en una referencia incómoda para las autoridades, porque revelan, documentan y hacen visibles a esos desaparecidos que el gobierno intenta olvidar.

Ojalá la sociedad civil organizada, tome un papel relevante en mantener visibles a los olvidados. Y esto se convierta en un contrapeso importante para combatir la ineficacia de las autoridades para darle seguimiento y solución a estos problemas, que vulneran la justicia del país.

Si nuestra sociedad no se solidariza, ¿quién exigirá investigar cada desaparición? Si la colectividad no rechazamos este mal, solo se reproducirá.

En nombre de los desaparecidos y el nulo estado de derecho, los ciudadanos tenemos que presionar. ¿Cómo hacer para conmovernos? El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida.

ALVARO DE LACHICA* Médico cirujano. Miembro de Amnistía Internacional, de Greenpeace, de Alianza Cívica, de Médicos Sin Fronteras y de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C. andale941@gmail.com