Los cuatro grados de separación entre un narco y un cantante

Pues nada. Después de la polémica cancelación de un par de conciertos de cierto cantante, sería bueno preguntarse qué tan aceptable es que el estado determine lo que debes de escuchar.

Ramiro Padilla Atondo* / A los Cuatro Vientos

Esa es la polémica de fondo. Una cadenita. Si las drogas fueran legales no hubiera narco corridos, así de simple. No existiera un mercado negro. Al final de cuentas de lo que se hace apología es de la existencia de un mercado negro por el cual muchos están dispuestos a morir. Y esperan que les canten canciones si caen peleando.

Este narcisismo post mortem pinta de cuerpo entero un componente cultural particular de nosotros los mexicanos. Nuestra pasión por la muerte. Convertirse en cantante de narco corridos puede generar dinero y respetabilidad, popularidad. Aunque no están exentos de peligros, los cantantes de narco corridos saben que pueden vivir bien.

El cantante vendría a ser una especie de alter ego del mafioso o su amigo, o simplemente su empleado. El mafioso muchas veces paga al cantante para que le haga un corrido. Quiere que se escuche hablar de él. El cantante acepta sabiendo que si determinado narcotraficante es importante, le puede generar buenos ingresos.

Por lo general los cantantes de narco corridos jamás calificarían para un reality show que tuviese que ver con verdaderas aptitudes para cantar.

Un cantante de narco corridos se justifica diciendo que es lo que la gente quiere escuchar, pero al igual que muchas otras modas, esta se ha impuesto de manera artificial. Se crea un mercado. Algunos empresarios ven la oportunidad y hasta diseñan una línea de vestuario apropiada. Las estaciones de radio en aras del rating deciden vender el narco corrido a una audiencia poco educada y cautiva y obtienen jugosas ganancias.

NARCO CANTANTE

Y no hay diferencia entre el que escucha narco corridos y obedece lo que dice la tele. Son extremos de la misma cuerda. La descomposición social ha llegado a ese extremo. Prefiero morir como rey que vivir como buey es la máxima que aplican los jóvenes estos días. En nuestro sistema disfuncional solo hay dos vías para escalar, y una de ellas es el narco.

Aunque ya no salga en la tele, el narco sigue igual de fuerte. Y con el narco todas sus actividades derivadas, la música entre ellas. Nuestra tragedia es que la vida de narco se haya convertido en socialmente aceptable. Que miles y miles de jóvenes vean en ella una respuesta a los sobre estímulos generados por una sociedad acostumbrada a la trampa por todas la vías.

La clase política a genera cuantiosas ganancias la mayor parte de las veces sin violencia.

Un cantante que hace de las loas a los grandes capos una fuente de ingresos, no es muy diferente de los que salen en la tele anunciando encuestas tendenciosas. Solo arrima agua a su molino.

Y mentí con eso de los cuatro grados de separación, no creo que exista ni uno.

No se puede esperar mucho de gobiernos miopes. Nos hemos acostumbrado a padecerlos. Aunque la decisión es nuestra. Hay muchísimos géneros musicales ¿Porqué perder el tiempo con uno que no genera nada?

RAMIRO PADILLA ATONDO* Ramiro Padilla Atondo. Ensenadense. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen. Colabora para los suplementos culturales Palabra del Vigía y las revistas Espiral y Volante, también para los portales Sinembargo, Grado cero de Guerrero, Camaleón político, Sdp noticias, El cuervo de Orange y Péndulo de Chiapas. Escribe de temas locales para el portal ensenadita.com