Acerca del prólogo de Felipe Cuamea a la obra “Los Derechos Humanos desde la Perspectiva Universitaria”

Cuando se vive en el exilio la información llega tarde y a cuentagotas. Así, recién tengo acceso al interesante texto “Los Derechos Humanos desde la Perspectiva Universitaria,” editado por la UABC y compilado (supongo que prologado no) por mi colega Alfredo Buenrostro Ceballos, Coordinador del Centro de Estudios sobre la Universidad de la UABC. Advierto que desde septiembre de 2013 circula por los mentideros universitarios. Manos generosas me lo hicieron llegar casi simultáneamente al diverso libro “La Libertad de Cátedra y de Investigación en el ámbito de los Derechos Humanos,” el cual habré de comentar en otra ocasión.

Daniel Solorio Ramírez* / Observatorio Académico Universitario / A los 4 Vientos

Reservándome la posibilidad de escribir posteriores reseñas a los trabajos de Alfredo Buenrostro, Fernando Batista, Ulises Carmona, Delio Dante López, Carlos Garduño y Mario Álvarez Ledesma, todos con singulares aportaciones al mundo de los derechos humanos, hoy me limitaré a comentar únicamente el prólogo que muy al estilo del priismo antiguo, corre por cuenta del doctor Felipe Cuamea. Alguien le dijo: usted lleva la rienda, Señor Rector y será un honor para la institución que el prólogo sea de su autoría. Y así, sin más asidero intelectual, cuando él dijo desconocer la materia del libro, sus corifeos le convencieron con el argumento muy priista de que eso no importa, porque “… para eso tiene usted asesores, Señor Rector, qué caray…”.

Leer ese prólogo y advertir que el doctor Cuamea tiene motivos para dar por lo menos dos o tres cariñosos coscorrones a sus asesores y redactores, es una y la misma cosa. Le hicieron firmar ideas muy poco afortunadas.

Refiriéndose a la reforma constitucional de 2011, el prólogo afirma que “a partir de ella gozaremos de los derechos humanos reconocidos en la Constitución federal,” afirmación que no es, ni cercanamente, acertada. Ciertamente la reforma vino a reforzar diversos conceptos básicos para la protección y defensa de los derechos humanos, pero una cosa es plasmarlos en la Constitución u otros instrumentos jurídicos, y otra muy distinta (y distante) es gozarlos, aplicarlos, lograr su respeto, acercarlos a la vida humana de todos los días. La lucha de los mexicanos por gozar esos derechos apenas empieza. No es una fórmula feliz decir que los “gozaremos” a partir de junio de 2011. Falta mucho. Uno de los que no soportan esos derechos es, por cierto, el gobierno del doctor Felipe Cuamea. Algún malicioso diría que el respeto a los derechos humanos “no se le da” ni al doctor Cuamea, ni a los miembros de la Junta de Gobierno que lo auparon al cargo que hoy ocupa.

También el doctor Cuamea afirma que “la UABC debe informar a su comunidad universitaria sobre el contenido de esa reforma,” pero esa pretensión es por lo menos confusa. Parece insinuar que para el doctor Cuamea una es la UABC y su gobierno, y otra su comunidad universitaria, y que aquéllos deben informar a ésta, perspectiva que se antoja francamente lamentable. Identificar a la UABC con su gobierno es un vicio muy arraigado en nuestra vieja clase política a la que el doctor Cuamea parece estar afiliado. Ese vicio es responsable de múltiples distorsiones que pesan como plomos sobre nuestra casa de estudios, impidiéndole avanzar. En cualquier universidad que respeta a sus académicos, su gobierno reconoce que éstos son los mejor informados; los conocedores; los reflexivos; los abiertos para informar a quien fuere sobre cualquier asunto propio del conocimiento científico. Para eso el pueblo les paga.

Pero el gobierno de nuestra UABC tiene la osadía de asumirse responsable de enseñar (informar, dice) derechos humanos a sus académicos y estudiantes, lo que no es sino una inversión de conceptos. Los gobernantes universitarios deben informar, sí, pero sobre su forma de gobernar, sobre el uso de los recursos patrimoniales que tienen a su disposición, pero el conocimiento propiamente dicho es materia prima de los académicos y los estudiantes. En éstos pueden los gobernantes universitarios abrevar, consultarlos, preguntarles y actuar en consecuencia.

UABC DERECHOS HUMANOS NOTA

Entre nosotros es muy necesario precisar que la UABC y su comunidad universitaria no son cosas distintas, sino una y la misma cosa. Y también que su gobierno tampoco es la UABC, sino un pequeño grupo de universitarios que, por cierto, desde hace tiempo no están haciendo bien su tarea. La UABC somos los 65,000 estudiantes, profesores, investigadores, administrativos, exiliados y gobernantes. Estos últimos, hoy bajo el mando protector del doctor Alejandro Mungaray, han acumulado el poder que deriva de poseer el dinero y la fuerza para presionar a sus académicos con la amenaza abierta o velada de “dar por concluidos sus contratos”.

En esta época de crisis un despido injustificado es una verdadera “Espada de Damocles” que pende sobre la cabeza de múltiples académicos que por eso prefieren guardarse su inconformidad en lo más recóndito de su alma. Nuestros gobernantes controlan “la bolsa y la espada” como escribiera Hamilton en el “El federalista 78,” allá por los 80´s del siglo XIX. Esa fea distorsión tenemos que resolverla.

Subrayemos: el poder político que en los hechos posee el gobierno de UABC no justifica la creencia de que él es la universidad misma. Lo que a ese gobierno corresponde no es informar a los universitarios sobre el conocimiento que vive en las leyes, los libros y las aulas, sino ponerse al servicio de los que cultivan ese conocimiento. Afirmar que el gobierno de UABC tiene que informar a su comunidad universitaria sobre los derechos humanos, suena chocante, por decir lo menos.

Ya casi para terminar el prólogo, el doctor Cuamea afirma que las autoridades de la UABC “conforman mediante sus acciones y decisiones el actuar de la universidad.” lo que refuerza su equivocada doctrina de que la principal actuación de la UABC corre por cuenta de sus autoridades. No es así. El mejor actuar universitario se refleja en el ser y el quehacer de los estudiantes, profesores e investigadores.

En el remate de su prólogo, el doctor Cuamea hace una profesión de fe en los derechos humanos afirmando que “todos juntos celebraremos un foro de propuestas,” y que su gobierno tiene “la firme convicción de poner a la UABC a la vanguardia en respeto a los derechos humanos.” Afirma lo anterior, pero su voluntad declarada no se compadece con la dura realidad que viven centenares de universitarios. ¿Pueden creer ustedes, colegas universitarios, que hubo interesados en presentar una ponencia en el foro de que habla el doctor Cuamea, y que el coordinador Buenrostro les negó un espacio para presentarla? ¿Así cómo, pues?

Finalmente, el doctor Cuamea habla hacia el futuro. Reconoce implícitamente que hoy la realidad es otra en la conducta del gobierno que aparentemente él encabeza. Seamos optimistas, si su gobierno sigue por el camino delineado en su prólogo, bien podría ocurrir que antes de concluir su gestión en febrero próximo, al menos su gobierno aprendiera a respetar el derecho humano al debido proceso en favor de todos sus estudiantes, trabajadores e investigadores. ¿No sería éste, acaso, un gran éxito derivado del esfuerzo del CESU por elaborar un Programa Universitario en Materia de Derechos Humano?

* Profesor de Facultad de Derecho (UABC) en el exilio