¡Se Raja!

Dice la Real Academia Española que rajar es “volverse atrás, acobardarse o desistir de algo a última hora”..

Las tres acepciones se le pueden aplicar a José Rosario Osuna Camacho, quien ayer miércoles 14 de mayo determinó retirar su candidatura en el proceso interno que sigue el Partido Revolucionario Institucional, para ungir a su dirigente.

Gerardo Fragoso M. / Expediente Confidencial / Columnistas BC

Osuna, siguiendo fielmente el diccionario, se rajó.

El antiguo regidor y secretario de Desarrollo Social de Tijuana, envió una carta a los medios de la cual nos permitimos reproducir algunos párrafos, mismos que vamos a analizar:

“Conforme a la convocatoria del CEN del PRI, el actual proceso de renovación de la dirigencia estatal, sustenta y alienta el continuismo, que ha generado sucesivas derrotas electorales”.

Escrutemos ese asunto de las “derrotas electorales”.

El 1 de julio de 2012, con Osuna y su jefe, Carlos Walterio Bustamante Anchondo, piloteando el avión, además del antecesor del autor de la carta, David Saúl Guakil, de coordinador de campaña, el entonces candidato de la alianza PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto, obtuvo 228 mil 244 votos, mientras el aspirante de la coalición ‘Movimiento Progresista’, Andrés Manuel López Obrador, logró 225 mil 237.

Es decir, solamente hubo una diferencia de 3 mil 007 voluntades.

La izquierda logró ganar en los distritos 04 y 05 –un distrito históricamente panista y donde ganó el blanquiazul en la elección para diputados federales–.

Si quitamos el distrito 06, la cosa se pone color de hormiga para Osuna. Sumando las tres restantes demarcaciones federales que posee Tijuana… ¡López Obrador derrota a Peña por 173 mil 017 sufragios contra 168 mil 455!

¡Chispas!

¿Ese el camino ganador (Madero dixit) que ofrece Osuna? ¿Para qué instituto político?

José Rosario Osuna Camacho (Foto: internet).
José Rosario Osuna Camacho (Foto: internet).

Analicemos otros dos párrafos:

“(El continuismo resulta) algo sumamente grave, aunado al hecho de que no existen condiciones, que garanticen la aplicación de los principios rectores de todo proceso democrático, como son certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, equidad, objetividad, transparencia y certidumbre”.

“Es, más que evidente, que no existen las condiciones mínimas requeridas, para participar. Hacerlo, sería ingenuo, cuando la mayoría de los priístas saben que están ‘las cartas marcadas’. Ni por error, podría darse un resultado distinto al que están dirigidas las maquinaciones”.

Siempre he desconfiado de aquellos políticos que descalifican, a priori, cualquier proceso electoral, sea interno o externo.

En la mayoría de los casos, son personas con una semi lealtad a la democracia: Si me favorecen las circunstancias de un proceso, resultado incluido, hay una auténtica democracia. Si no, es que no hay.

¿Se avecina un fraude? Compitamos y demostremos que existe. El rechazo total a participar en un proceso no es prueba de ninguna irregularidad electoral, sino muestra de esa semi fidelidad a los principios democráticos.

Osuna se rajó. Que no hable luego de fraude e imposición. Ese es privilegio exclusivo de quienes defienden la democracia. Y quienes lo hacen, compiten, porque son demócratas, ante todo.

Comentarios: gerfragoso@gmail.com