El Salario

El pasado 1 de mayo, durante el evento ‘Salario Mínimo, Política Salarial y Políticas de Ingresos en la Ciudad de México’, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, puso el dedo en la llaga y se soltó a decir verdades que a la parte más alta de los niveles A/B no les gusta escuchar.

Gerardo Fragoso M. / Expediente Confidencial / Columnistas BC

Mancera afirmó que México enfrenta una “precarización del salario”. Y, enseguida, soltó datos: Entre 1976 y 2014, el poder adquisitivo real del salario mínimo ha caído 71% en el país y 77% en la capital de la nación.

“¿No será que la economía mexicana no crece porque el nivel de ingreso de los trabajadores es muy bajo?”, cuestionó el titular del Ejecutivo capitalino, quien solicitó aumentar el salario mínimo, en la cabecera nacional, de 67.29 a 171.00 pesos.

Cinco días más tarde, en una entrevista con el periodista Óscar Mario Beteta, puso de manifiesto otra cosa que todo mundo sabe, pero nadie dice: La Ciudad de México tiene salarios más bajos que los de capitales como Bogotá, Lima o Buenos Aires, o de ciudades importantes como Sao Paulo y Río de Janeiro, pero los precios de los productos y servicios están a la par.

De inmediato, los halcones que habitan en la comentocracia y la academia salieron a fustigar a Mancera, descalificando su propuesta y dando a entender que el Apocalipsis económico nos alcanzaría si le subimos un solo peso al salario mínimo.

Sin embargo, lo que no pudieron negar es que México tiene un salario mínimo solamente mejor, en América, al de Haití, y que es el más bajo de todos los países que integran la OCDE.

Tampoco pudieron desdeñar el dato, obtenido por el INEGI, de que 13.7% de la Población Económica Activa gana solamente un salario mínimo, mismo que echa por tierra aquello que muchos, interesadamente, difunden, en el sentido de que “ya nadie gana el salario mínimo”.

Analicemos. Así como en un crimen, para dar con el culpable, hay que reflexionar a quién le benefició, de la misma forma debemos entender la oposición de la nata mexicana a cualquier incremento salarial.

FISGON POBREZAUna capa de empresarios y políticos se ha visto beneficiada con el incremento de la desigualdad. A esos empresarios les agrada tener condiciones económicas macro idénticas a las de Estados Unidos, combinadas con un esquema micro –salarios, prestaciones, bienestar de los trabajadores– igualito al de China. Y llevan 20 años en la búsqueda de acercarse cada vez más a ese modelo que, para ellos, es como juntar el sol con las estrellas.

Sin embargo, a ese tipo de hombres de negocios se les olvida lo que, con acierto, alguna vez deslizaba la periodista española Judith Torrea Oiz, ganadora del premio Ortega y Gasset: “Si tú eres empresario, si explotas a tus trabajadores, al final, los hijos de esos trabajadores están en la droga y te van a secuestrar, y te vas a tener que ir de la ciudad que tú amas, del país que tú amas. Todo se da la vuelta”.

Respecto a los políticos, naturalmente que muchos de ellos no desean el final de la desigualdad, porque esta resulta la parcela donde cultivan el sistema a través del cual ganan elecciones, al darle a los necesitados dinero o favores a cambio de su voto.

Por eso, la reacción tan furibunda de sus heraldos contra Mancera.

No les importa que muchísimas familias tengan menos uno en calidad de vida.

¿Cómo no queremos que a nuestros niños y jóvenes los eduque la calle o, en las clases medias, la televisión o el Internet, si los padres se la pasan trabajando para medio vivir, para poder aligerar deudas que se les han eternizado?

El jefe de Gobierno del Distrito Federal aseveró que llevará el tema a la Conago, para que se analice.

No dudo que ese análisis llegue, pero esos políticos y empresarios, que recibirían con fruición la vuelta de las tiendas de raya, se encargarán de mantener el status quo.

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