Como si me leyeras

Mucho tiempo renegué de haberme enamorado por primera vez en mi vida a los 29 años. Pensaba: cómo me va a pasar eso a mí, que ya lloré, probé y conocí «todo»… un pensamiento muy propio de los chamacos.

Y luego del amor pasé al odio y luego a la negación y luego a la insensibilidad y a un montón de babosadas. Pero el tiempo fluye y cierra las heridas del alma. Hoy puedo hablar de lo que me sucedió sin melancolía ni sentimientos gachos.

Néstor Cruz Tijerina/ A los Cuatro Vientos

A ella, le escribí docenas de cosas que jamás envié. Las borré o se quedaron en la famosa papelera de reciclaje del Windows. Hoy que iba a hacer limpieza de la compu, me encontré esto.

Lo rescato por el cursi valor literario que pueda tener. Y ya que ese amor, hoy, lo llevo como algo que me enorgullece porque, sí, sorpresa, estoy vivo y siento. E independientemente de cómo sucedieron las cosas, me hizo crecer y ser un mejor chango con ideas.

*A veces todavía escribo como si me leyeras.

Palabras tímidas y elegidas para no asustarte, para no estar más desnudo que nunca ante tus ojos.

Como si importara.

Todavía escribo como si esta fuera una de esas historias maravillosamente mágicas. De esas que en una décima de segundo tienen un giro inesperado que desemboca en un final feliz: el mismo abrazo.

erotismo manosGuardo apariencias y emociones desbordadas en cantidades iguales dentro de los mismos lugares, donde tal vez ya sea  hora de guardar las esperanzas de verte, las ganas de tocarte. Porque creo que el amor no es ciego: sólo prefiere ver con las manos.

Mientras tanto, hasta la más mínima molécula tuya me revive. No importa qué significado encierre. Todavía te sueño en las situaciones más diversas y anti románticas del mundo. Y amanezco con tu perfume y tu voz acariciándome, aunque ya no te lo cuente. Despierto con la sonrisa implícita de un beso.

Cada vez son más las partes que callo y quizá lo sepas. Como quizá intuyas que todavía te espera cada centímetro de mí a riesgo propio, sin tristezas ni prisas. Con esa calma dulce que antecede a los grandes encuentros. O a las desilusiones.

Pero sin tu silencio, el mundo es ensordecedor. Nada como tú. Nadie como tú. Nunca como tú. Veo tus ojos color tierra y sé dónde cavar mi propia tumba.

Cuántos rótulos nuevos te irá poniendo la vida en el jardín de mi memoria.

Cuántas imágenes tuyas seguirán pasando lejos, en ese desfile de larga brevedad que llamamos tiempo.

Cuántas veces más me apoyaré en tu invisible mano para sobrellevar un mal trance.

Cuánto tiempo pasará hasta que deje de extrañar tus besos, si acaso alguna vez sucede.

No lo sé.

adios y reencuentro manos

Mientras tanto todavía escribo como si me leyeras.

Como si.

Todavía.

Yo te amo, porque escribirte puede cualquiera. Prometí amarte por siempre. Y ya ves, la promesa me está cumpliendo a mí.

*Néstor Cruz Tijerina. Periodista. Director de la revista Reportaje.