Profanos y Extraños: Viviendo la vida digital con Lolita

Tal vez nuestro primera identificación y contraseña fue en una cuenta de correo electrónico. Ahora, cada vez más trámites en el trabajo, los bancos, los sistemas de salud, las compras por internet desde un alfiler hasta un avión se pueden hacer a través de la red. Ya también los trámites burocráticos con Lolita (la Dolores de Hacienda y el servicio de administración tributaria, SAT).

Horacio de la Cueva Salcido*

La conveniencia no es irrestricta, hay que poseer cuando menos una computadora, una tableta o un teléfono inteligente y tener alguna forma de acceso a la red para hacer estos trámites. Debemos agregar que el acceso tiene que ser constante, pues hay algunos trámites particularmente engorrosos que requieren de varios pasos y si la red se cae, hemos perdido nuestro tiempo.

En estos días de declaraciones fiscales nos damos cuenta que este no es el caso de todos los ciudadanos que quieren cumplir con sus obligaciones fiscales. En más de una ocasión he presenciado en las oficinas de SAT a alguna persona mayor procedente de la muy extensa zona rural de Ensenada que debe producir espontáneamente un correo electrónico.

¿Cómo producir o poseer un correo electrónico si en su casa y en su comunidad probablemente no hay tendido eléctrico? Lo más cercano que tienen es un pariente citadino con computadora e internet en casa o un café internet. Deben acudir a cualquiera de ellos a pedir ayuda para utilizar una computadora que posee elementos que nos parecen familiares pero son harto extraños a quienes no los hayan utilizado: una pantalla que no es de televisión, un teclado silencioso que no pertenece a una máquina de escribir, un programa que cambia de línea sin movimiento de un rodillo mecánico para la hoja y un “ratón” sin cabeza, pero con cola descomunal que sirve para mover un cursor o una flecha en la pantalla.

No hemos mencionado la computadora, una caja, generalmente negra, con luces y ranuras que bien pudiera tener un gnomo causando perjuicios o espiando nuestros secretos familiares y financieros. Lolita espera que estas personas sin conectividad urbana generen facturas que deben llegar a nuestros correos electrónicos.

FACTURA POR INTERNET

Este es uno de los muchos retos digitales que debemos sufrir y superar para cumplir con nuestras obligaciones fiscales, aunque lleguemos en la mejor disposición y pensando que cuando menos algo de nuestros impuestos cumplirá sólo con las promesas hechas en el presupuesto de la federación.

Los retos no paran allí, ¿sabe usted cuantas claves posee en SAT? CIEC, FIEL y un largo etcétera que no tiene señales de disminuir o simplificarse. Para cada una de ellas hay que registrar un correo electrónico, que puede ser el mismo para todas, e inventarse una clave inolvidable pero con reglas como ser alfanumérica, sin letras que se repitan consecutivamente, etc.

Después de este ejercicio de creatividad improvisada, las tenemos que guardar en un papel que no debemos perder, o en un archivo el cual, para nuestra protección, debería tener otra clave inolvidable pero impredecible, ya que no es bueno que otros puedan conocer nuestros secretos fiscales.

El último de mis retos, para renovar la CIEC (Clave de Identificación Electrónica Confidencial fortalecida, hoy simplemente contraseña) se me pidió respuesta a una de las tres preguntas para poder recuperar mi contraseña. Aquí empezaron los problemas, ni tengo un equipo de futból favorito, ni un perfume favorito y al mencionar mi personaje histórico favorito pusieron cara de que los visitaba un personaje de cultura desconocida. ¿Qué les importa si mis personajes favoritos llevan nombres como Parménides, Stockhausen o Juárez?

HORACIO DE LA CUECA* Investigador titular del Departamento de Biología de la Conservación de la División de Biología Experimental y Aplicada del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE). Directivo del grupo civil ambientalista Terra Peninsular, de Baja California.cohevolution@gmail.com cuevas@cicese.mx