REFICCIONES: Red de prostitución de senadores y diputados

Cuando el visitante admira los murales pintados en el palacio nacional (frente al zócalo de la ciudad de México) o la extraordinaria muestra de arte maya en su excepcional diversidad y belleza actualmente en exhibición, se producen sentimientos contradictorios en el espectador pues resulta difícil conciliar el que ese edificio sea la sede simbólica del sistema presidencial del país, tan corrupto y despreciable; cómo armonizar la creatividad de los murales y la magnífica exposición prehispánica en el mismo sitio donde se asienta lo más putrefacto del poder político dominante. Tal vez las fuerzas del inframundo maya y de su cielo insultadas por tan ofensiva circunstancia pronto habrán de manifestarse.

Ignacio Betancourt/ A los Cuatro Vientos

Resulta inagotable el caudal de los horrores propiciados y mantenidos a lo largo y lo ancho del país por todo tipo de poderes, sean políticos, académicos, religiosos, etc. Uno de los más recientes es lo que a raíz de cierta investigación periodística se dio a conocer el pasado miércoles en el programa radiofónico de Carmen Aristegui, acerca de la red de prostitución operada con recursos públicos por el mismísimo presidente del PRI en el Distrito federal, la trata de blancas en su dimensión más insultante puesto que se ejerce desde la cobertura de un partido político sobre la necesidad laboral de muchas (quizá muchísimas) mujeres de entre 18 a 32 años, engañadas y utilizadas con el pretexto de la obtención de un empleo al ser enganchadas a través de anuncios en los periódicos o por internet.

Pero, y qué decir de la otra prostitución, aquella que no dice su nombre ni implica (necesariamente) el abuso sexual, me refiero a la realizada con todo descaro por la mayoría de los senadores y diputados y demás agremiados en tan infamante corte ofertando al mejor postor (nacional o trasnacional) su “representatividad popular”, traicionando impunemente a la población engañada durante las campañas electorales; a ese actuar no se le señala como prostitución y más bien se le propicia como una especie de arte de la política aunque afecte a más de cien millones de mexicanos. No es necesario ser prostituta para prostituirse.

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Ante la contundencia de las denuncias la casi totalidad de los señalados (en cualquier situación) recurren a la mentira, como el presidente del PRI en el DF quien hoy se dice víctima de un complot y acusa a quienes lo evidenciaron señalando que ha sido motivo de llamadas telefónicas donde le piden millones pesos para dejar de lado el asunto. La estrategia de las mentiras y las leyes elaboradas por los mismos delincuentes de cuello blanco para hacer posible lo que bien podría llamarse la estrategia de “el ladrón que grita agarren al ladrón” hoy resulta más funcional que nunca; por cierto, también a ella recurren frecuentemente los panistas. Ciertamente, si los gobernantes y sus ramificaciones pueden violentar cualquier normatividad también habrán de recurrir cómodamente a tal recurso familiares, cómplices y correligionarios;  sabedores de la armoniosa conjunción entre mentira y leyes vigentes se imaginan eternamente blindados. Error.

El fascismo en general, históricamente ha recurrido a la mentira de manera sistemática y aderezada con los más inverosímiles discursos, pueden ser a nombre de la patria, de dios, de la honradez, de la familia o de cualquier pretexto, la imposición cínica con el soporte de las leyes y su cumplimiento se ha vuelto de uso cotidiano (sobran ejemplos). Cambian los ordenamientos laborales para combatir el desempleo y éste aumenta, la mentira no sólo en su connotación ética si no como estrategia operativa para la “legalización” de las peores venalidades y su justificación institucional resulta estrategia idónea para consumar las más diversas agresiones, y ello ocurre no sólo a nivel macro también en las pequeñas o medianas instancias suelen ejercitarlo. Mentir es la respiración de los infames asociados a cualquier poder por ínfimo que sea; se miente en las iglesias y en los partidos políticos y en los centros académicos y en todo tipo de instituciones privadas o públicas, confesionales o laicas.

Pero volvamos a las iniquidades potosinas. La Secretaria de Cultura lleva ya  meses violando flagrantemente la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos al negarse a informar sobre el Reglamento de la Ley Estatal de Cultura y sobre quienes lo elaboran en secreto sin que obviamente ninguno de los miles de potenciales afectados lo conozca; su táctica sugiere la imposición a través del típico albazo. La reunión de los colectivos que demandan tal información será el próximo miércoles nueve a las ocho de la noche, luego informarán del lugar, el temario ya lo han establecido conjuntamente.

Por ahora va el apartado número 7 del poema “Hojas de hierba”, escrito por el poeta norteamericano Walt Whitman (1819-1892): ¿Ha creído algún hombre o mujer que es afortunado nacer?/ Pues yo digo a él o a ella que igualmente afortunado es morir,/ muero con los agonizantes y nazco con los recién nacidos, y no quepo entre mi sombrero y mis zapatos,/ y examino objetos diversos, y no hay dos que sean iguales, y todos son buenos,/ buena la tierra y buenas las estrellas y bueno todo lo que les pertenece./ Yo no soy la tierra ni parte accesoria de la tierra,/ yo soy el consorte y el compañero de las personas, y todas son tan inmortales e insondables como yo./ (Ellas no saben cuán inmortales son, pero yo lo sé.)/ Cada especie para sí y lo suyo; para mí mi hombre y mi mujer,/ para mí, quienes han sido muchachos y aman a las mujeres,/ para mí, el hombre orgulloso que sabe cuánto lastima ser humillado,/ para mí, la novia y la solterona; para mí, las madres y las madres de las madres,/ para mí, los labios que han sonreído, los ojos que han derramado lágrimas,/ para mí, los niños y los engendradores de niños./ ¡Desnúdate! No eres culpable ante mí, ni viejo, ni inservible,/ mi mirada atraviesa el paño y la blusa aunque no lo quieras,/ y soy cabal, tenaz, inquisitivo, incansable, y nadie podrá sacudirse de mí.

ignacio betancourt*Ignacio Betancourt Robles. Poeta potosino. Desde 1997 investigador literario en el Colegio de San Luis Potosí. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida (UNAM, 1974); Premio Nacional de Cuento (INBA,1976) Libros publicados: De cómo Guadalupe bajó a la Montaña y todo lo demás (1977); El muy mentado curso (1984), Ajuste de cuentos (1995) Diaria poesía (2006). Como dramaturgo ha escrito diez obras, todas representadas. Libros de investigación literaria: “El escándalo”, primer drama de Manuel José  Otón. Texto y contexto (1999); Literatura y frontera norte (2005).