La cacería de jaguares, un golpe a la biodiversidad

En México existen alrededor de 3 mil 800 jaguares distribuidos en 15 poblaciones en todo el país, lo que representa solo el 20 por ciento de los que había a principios del siglo pasado.

La reciente muerte por envenenamiento de una hembra, nueva señal de alerta: Rodrigo Medellín.

Academia Mexicana de Ciencias

Matar a un animal en peligro de extinción, como el jaguar, es un delito federal que se castiga con cárcel. Por ello, el doctor Rodrigo Medellín Legorreta, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, exigió la aplicación de la ley para quien resulte responsable tras la muerte de una hembra de jaguar el 25 de febrero de este año.

El hecho ocurrió en el norte de Sonora en donde se encuentra una de las poblaciones más reproductivas de jaguares del país, y donde los investigadores tienen un programa de protección a estos animales.

El procedimiento para protegerlos es colocarles un collar de ubicación satelital. Gracias a este instrumento  los científicos se dieron cuenta de la tragedia.

La importancia del cuidado de la población de jaguares en la zona norte del país radica en que esta población es también la que da origen a los jaguares que ocasionalmente cruzan la frontera y se van a Estados Unidos, aunque actualmente ahí sólo exista un jaguar, un macho viejo, que está en Arizona, por lo que la investigación con jaguares de esa región pretende asegurar el flujo génico; es decir, la conexión entre dos poblaciones para que haya jaguares que se muevan de una población a otra.

A poco más de un mes de este suceso, los investigadores han podido reconstruir la historia y determinar cómo murió el ejemplar: La hembra había matado a un jabalí cerca de un rancho y el dueño, ante el temor de que el jaguar terminara con su ganado, decidió envenenar la carne del jabalí del que se estaba alimentando. Para eliminar la evidencia, el dueño decidió quemar todo, incluido el collar.

“Esto se da en un momento en que es injustificado matar un jaguar por esta razón, pues el gobierno federal cuenta con un seguro ganadero, que consiste en que el dueño demuestre que la muerte del ganado fue a causa de un jaguar y se le repone lo perdido”, explicó el biólogo Medellín Legorreta, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

La consecuencia de tal acto afecta el equilibrio del ecosistema, pues se pierde al depredador tope que controla las poblaciones de jabalíes y venados, dejando un ecosistema incompleto.

“Ya no podemos darnos el lujo de perder una especie más, si visualizamos la biodiversidad mexicana como un muro de ladrillos y cada especie que se extingue es un ladrillo que sacamos del muro, cuántos más podemos perder antes de que este muro colapse”, reflexionó el investigador.

Además con la muerte de esta hembra se frustró la investigación que pretendía demostrar que si los jaguares tienen en su ecosistema a jabalíes y venados dejan de ser una amenaza para el ganado, pues los jaguares sólo consumen a estos dos animales.

En el norte de Sonora se encuentra una de las poblaciones más reproductivas de jaguares del país (Foto: Arturo Orta/AMC).
En el norte de Sonora se encuentra una de las poblaciones más reproductivas de jaguares del país (Foto: Arturo Orta/AMC).

Las principales causas de muertes de jaguares en México se deben a intereses ganaderos y por la fascinación que algunas personas tienen por cazar al gato más grande de América y sus pieles, explicó.

“Sin embargo eso no es justo pues durante cientos de años los jaguares han vivido en este ecosistema, nosotros somos los intrusos y, además, el humano le ha quitado su alimento al cazar venados y jabalíes para después prohibirle comer su ganado”, reclamó el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los jaguares habitan desde el extremo suroeste de Estados Unidos hasta el norte de Argentina.

En México existen alrededor de 3 mil 800 ejemplares distribuidos en 15 poblaciones en todo el país. Rodrigo Medellín estima que ello representa solo el 20 por ciento del número de los que había a inicios del siglo pasado.

El biólogo expuso que el cuidado del jaguar no es sólo una responsabilidad de los académicos o conservacionistas, lo es para todos los mexicanos, pues el país experimenta una crisis de biodiversidad y requiere que las máximas autoridades muestren un compromiso real en su cuidado.