Para leer el pato Donald revisited

Umberto Eco en  su libro Apocalípticos e integrados se explicaba (nos explicaba) el sentido cultural de la mass media, aunque desprovisto de un color ideológico. Un intento bastante acertado de revisar ciertas actitudes construidas desde el colonialismo cultural, a la par de Sartori y su Homo videns.  En este caso, el contexto y el tiempo en el que está escrito Para leer el pato Donald puede ser su límite, pero no significa que sea del todo descartable aunque la sociedad no haya evolucionado en el sentido en el que hubiesen deseado los teólogos del marxismo. Octavio Paz murió creyendo que el comunismo había fallecido de muerte natural tal  y como lo había comunicado Gabriel Zaid en De los libros al poder (de cómo vino Marx y como se fue). No deja de ser curioso que esta contradicción no resuelta haya resultado en una afirmación de este mismo estudio hecho desde el análisis marxista.

Ramiro Padilla Atondo/ A los Cuatro Vientos

Quizá el elemento subyacente del colonialismo cultural, el buen salvaje que necesita ser educado de acuerdo a la tradición educativa-sicológica europea con sus jilgueros (marxistas y no marxistas vienen de la misma tradición eurocéntrica) que llegan al grado de negarle la categoría de hombre a los no-europeos (Sartré dixit):

indio«No hace tanto tiempo, la tierra tenía dos mil millones de habitantes, o sea quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas.(imagínense ustedes, ¿los mestizos solo somos medio hombres?)  Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado. Entre unos y otros, algunos reyezuelos vendidos, algunos señores feudales, una falsa burguesía compuesta de pies a cabeza, servían de intermediarios. En las colonias, la verdad se mostraba al desnudo: las «metrópolis» la preferían vestida; necesitaban que el indígena los amase. Como madres, hasta cierto punto. La minoría selecta europea se dedicó a fabricar un indigenado selecto; se elegía a los adolescentes, se les marcaba en la frente, con el hierro candente, los principios de la cultura occidental, se les metía en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se pegaban a los dientes; después de una breve permanencia en la Metrópoli, se les devolvía a su país, falsificados. Esas mentiras vivientes no tenían nada que decir a sus hermanos; resonaban; de París, de Londres, de Amsterdam, lanzábamos las palabras ¡Partenón! ¡Fraternidad!, y en algún lugar de Africa, de Asia, los labios se abrían: «. . . tenón . . . nidad!». Era la edad de oro».

(Jean-Paul Sartre, Prólogo a Los condenados de la tierra)

Por lo mismo este sistema de ideas sobre la imagen ha evolucionado tal y como el autor chileno y el belga lo habían explicado. Las formas de colonialismo cultural a la que nos vemos expuestos se han refinado y es más claro que nunca que en esta suplantación de personalidad subyacen ciertos códigos de conducta que pueden convertir este mundo en un lugar plano, con el consumismo como razón única de nuestra existencia. La desaparición de la materia de filosofía de las preparatorias (aunque filosofía sea solo un membrete, lo que en realidad se enseñaba es historia de la filosofía) nos indican una tendencia hacia un mundo mecanizado donde dentro de poco el trabajo intelectual (no-productivo según los estándares del neoliberalismo que necesita técnicos no idealistas) será visto como un resabio del subdesarrollo.

pato-donald-enojadoLos políticos entienden desde su perspectiva limitada, no el Mexican way of life, sino el Mexican dream of life con esta  reforma laboral, componente de esta misma construcción simbólica que intenta homogeneizar a los trabajadores en este país con los vecinos del norte, pagándoles una décima parte de lo que se paga allá y sin los beneficios necesarios para llevar una vida medianamente aceptable. Esa es la edad mental que se nos concede. La edad mental del pato Donald, víctima de sus propios errores. Esa es su enseñanza. No tener trabajo es su problema, el sistema no tiene responsabilidad en ese sentido. Y una vez aprobada la reforma laboral el sistema no tendrá culpa tampoco. Todos seremos patos Donalds en paro permanente. Y no podremos quejarnos. No somos siquiera conscientes de ello. Estaremos luchando por sobrevivir. Y miraremos con nostalgia al famoso dictador Porfirio Díaz repitiendo su famosa frase:

Tan lejos de de Dios y tan cerca de Estados Unidos (y su colonialismo cultural).

ramiro padilla A*Ramiro Padilla Atondo. Ensenadense. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen. Colabora para para los suplementos culturales Palabra del Vigía, Identidad del Mexicano y las revistas Espiral y Volante, también para los portales Sinembargo, Grado cero de Guerrero, Camaleón político, Sdp noticias, El cuervo de orange y Péndulo de Chiapas.