La Captura del Chapo Guzmán, cadena de complicidades y de corrupciones gubernamental.

Al Chapo Guzmán, el criminal más buscado del planeta, el pasado sábado 22 inexplicablemente lo sorprendieron como al Tigre de Santa Julia, no tras un nopal, pero sí en un desprotegido conjunto habitacional de clase media en la costera de Mazatlán. La forma en que lo atraparon deja mucho que desear y, consecuentemente, todo el operativo militar despertó suspicacias en la prensa especializada. Es increíble que un criminal de semejante peligrosidad, calificado como un verdadero “zar” de las drogas, siempre escoltado por sicarios experimentados, de pronto, una noche de indolencias, un comando de la marina lo prendiera con sus dos pequeñas, la esposa de turno y un individuo que nada pudo hacer para proteger a su jefe de las autoridades.

Alfonso Bullé Goyri/ A los Cuatro Vientos

       A partir de ese momento la prensa nacional se volcó reportando anécdotas, haciendo pretendidos análisis de su fortuna, informando de su increíble poder, de su capacidad de gestión en los Estados Unidos, del imperio que había construido en 30 años de actividades criminales. Hubo excesos tales como aquellos expresados por algunos buenos y honestos comentaristas que manifestaron su decidida admiración por este hombre que no es más que un chacal, casi analfabeto, dominado por el odio, que sometía a sus víctimas siempre con la ventaja del hombre armado. Su prerrogativa fue el terror que imponen la intimidación del más fuerte y la turbación que proporciona la fuerza bruta. El Chapo Guzmán desde la oscuridad sorprendía e inmovilizaba a sus víctimas que elegía selectivamente y aprovechando sus debilidades acometía implacable e impunemente hasta despojarla de toda voluntad. Un hombre que se impuso por la fuerza y a través del dinero corrompió a todo tipo de autoridades, amedrentó a quien se le resistía y ultimó a todo tipo de adversarios. Y con el tráfico de la droga, su única mercancía, envenenó el alma de millones de seres humanos embrutecidos por los paraísos artificiales y por la satisfacción momentánea de una raquítica felicidad. Así escaló posiciones hasta conseguir la cima de la fama, del poder económico y a caso del poder político. El Chapo Guzmán por más de seis lustros impuso en torno suyo la barbarie como único modo para obtener el éxito medido en término de posesiones materiales, de autos de lujo, de aviones y yates; de casas, ranchos y estancias agrícolas improductivas que le servían de refugio. Por eso elogiar a una figura como este hombre licencioso capaz de destruir la vida de decenas de miles de personas y de envenenar el alma de cientos, acaso millones de desventurados que han caído en las garras de la droga, es una insensatez que sólo contribuye a confundir aún más a los sectores más desprotegidos de la sociedad que están en la mira de los mafiosos.

     chapo descuartiza

La captura del Chapo Guzmán ha generado especulaciones desmedidas. Por un lado se duda de la identidad del personaje detenido; por la otra, se engrandecen sus hazañas. Ambas posturas desvían la atención de la sociedad porque entre una y otra perspectiva hay un deliberado propósito de sesgar la información y de construir un espectáculo que oculte la verdad. Hay que insistir que la riqueza acumulada del Chapo sólo fue posible por medio de la corrupción. No se le puede imaginar presidiendo una cesión de consejo de administración o tomando providencias en beneficio de una empresa. Nunca operó así. Por más riqueza que haya acumulado, el dinero que fue atesorando lo obtuvo entre las calles, en la clandestinidad, en operaciones encubiertas, en transacciones que no generan verdadera riqueza y que no beneficiaron más que a aquellos que estaban bajo el dominio del terror. Por eso ensalzar la figura de este hombre disipado es un error que sólo a glorifica a quien debe pagar por los crímenes cometidos contra la sociedad.

       Se esperaría que la aprehensión de esta fiera debiera permitir detectar la cadena de corrupciones en las que se debate el Gobierno. Su riqueza lo único que demuestra son los estrechos vínculos de las autoridades con el crimen organizado y cómo lo que parecería impericia para someter a las bandas, es sólo un deliberado propósito orientado a mantener los privilegios que se fermentan en el seno de ese círculo del crimen.

fox (1)
Vicente Fox se dice inocente de toda acusación de complicidad en la fuga del Chapo Guzmán, ocurrida a unas semanas de que tomara posesión como presidente de la república en enero de 2001

Desde que se fugó de la cárcel de Puente Grande en Jalisco hace 13 años el Chapo Guzmán dejó muestras de sus ligas con los gobiernos panistas. En una entrevista reciente, Vicente Fox, ese personaje funesto de nuestra realidad política, hacía malabares para disipar las sospechas de colaboracionismo con el cartel de Sinaloa. Lo cierto es que nunca en su gobierno pudo reaprender al mafioso, cuando según los expertos en el tema se contaba con los elementos suficientes para su detención. Se sabía dónde operaba y quienes eres sus socios más cercanos.

Es muy sospechoso que la prestigiada revista Forbes desde hace varios años calcula la fortuna de este individuo a quien incluía en la lista de los hombres más acaudalados del mundo. Se sabía de sus propiedades y se tenían noticias de sus negocios en los Estados Unidos. Aunque algunos reclamaban la metodología que seguía la publicación, lo cierto es que se daba por buena la información. Sólo la Procuraduría y la DEA ignoraban su paradero.

El tráfico de drogas no puede ser abolido mientras la sociedad norteamericana consuma a tan gigantesca escala. El gobierno y en espacial el aparato judicial estadunidense persigue a los mafiosos en México, pero en su territorio no parece haber ni traficantes ni capos ni criminalidad organizada en la proporción que hay del otro lado de su frontera sur. La doble moral se impone. En los Estados Unidos se consume más droga que en el resto del mundo, pero no han detectado ni carteles ni menos criminales de la peligrosidad de Guzmán Loera en sus principales capitales. En México se corrompe a la autoridad, en los Estados Unidos, todo es un negocio inadvertido; en México la droga genera decenas de miles de víctimas y favorece al crimen organizado, al secuestro, a la extorsión, al tráfico de armas y de personas y toda la cauda de delitos que arrastra vinculados a la producción y trasiego de estupefacientes. Se ha sostenido que en la Unión Americana, Guzmán Loera operaba en 250 ciudades lo cual supone que las autoridades contaban con la información suficiente como para rastrear su paradero. Pero nada se hizo en estos 13 años y, en cambio, se señalaba a los mexicanos como el origen del gravísimo problema que significa este cáncer social. México aporta a los muertos y en el territorio nacional se libra una guerra violentísima que al parecer nadie ha querido terminar.

Esta trágica historia reciente de México no puede ser más lamentable. Con autoridades corrompidas y con vecinos que permiten el consumo de drogas; con un sistema de procuración de justicia ineficiente y con unos vecinos cínicos que se sienten puros, la sociedad mexicana está en peligro constante. La detención de Guzmán Loera es una oportunidad para medir la decisión del gobierno para de verdad atacar el mal. Toda sospecha de la identidad del capo se disipará si caen los peces gordos que promete el aparato de justicia. Es cierto, no se liquida la enfermedad, pero sí se cuanta con un tratamiento que modere sus efectos nocivos.

alfonso-51*Alfonso Bullé Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales. Actualmente trabaja en un libro de poemas.