Perra vida.., los últimos poemas de José Emilio Pacheco

Ediciones Era regala a nuestros lectores una selección de cuatro poemas del último libro que publicó el autor mexicano en la editorial, “Nuevo álbum de zoología”.

Milenio

José Emilio Pacheco  (1939-2014) es un clásico de la literatura mexicana. Su obra se compone de novela, cuento, poesía, ensayo, traducciones.

El autor, fallecido el pasado domingo 26 de enero, es considerado parte de la generación de los cincuenta o generación de medio siglo, donde se encuentra Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponce, Sergio Galindo y Salvador Elizondo.

Hace varias semanas, el autor mexicano —»un hombre de una enorme erudición y al mismo tiempo de una gran lucidez», dijo Jorge Volpi— se quejaba de lo poco que era apreciada la literatura en México, un arte en el que se invierte, según dijo, el 0.1 por ciento de lo que se dedica al futbol.

Y, como dice el Fondo de Cultura Económica: ¡Qué mejor homenaje que leerlo!

A continuación, Ediciones Era regala a nuestros lectores un fragmento de Batallas en el desierto, por si no lo has leído deseamos que te animes de una vez a hacerlo; y además, una selección de cuatro poemas del último libro que publicó la editorial, Nuevo álbum de zoología, donde se recolectan textos en prosa sobre animales, ilustrados por Francisco Toledo.

pez toledo
Mujer-pez de Francisco Toledo

El pez en el acuario

Mudo observa

El espacio que mide con su vuelo.

Del agua sólo sabe:

“Esto es el mundo”.

De nosotros lo azoran los enigmas.

“¿Quiénes serán?

Extraños prisioneros

De la Tierra y el aire.

Si vinieran aquí se asfxiarían.

“Los compadezco.

Pobres animales

Que dan vueltas eternas al vacío.

“Viven para ser vistos.

Son carnada

De un poderoso anzuelo inexplicable

“Algún día

He de verlos inertes, boca arriba,

Flotantes en la cima de su Nada.

sapo con tortuga
Sapo con Tortuga, de Francisco Toledo

Sapo

Es por naturaleza el indeseable.

Como persiste en el error de su viscosidad palpitante queremos aplastarlo.

Trágico impulso humano: destruir lo mismo al semejante que al distinto.

El sapo, hermoso a su manera, lo ve todo con la serenidad de quien se sabe destinado al martirio.

Perra vida

Despreciamos al perro por dejarse
domesticar y ser obediente.
Llenamos de rencor el sustantivo perro
para insultarlos.
Y una muerte indigna
es morir como un perro.

Sin embargo los perros miran y escuchan
lo que no vemos ni escuchamos.
A falta de lenguaje
(o eso creemos)
poseen un don que ciertamente nos falta.
Y sin duda piensan y saben.

Así pues,
resulta muy probable que nos desprecien
por nuestra necesidad de buscar amos,
por nuestro voto de obediencia al más fuerte.