Impactante legado de vida. En memoria a Jaime Pérez Mendoza, El Silenciero.

El único argumento

Y el mar mece sus tumbas

sin lápidas ajeno.

—Graciela de Sola

Federico Campbell/ La hora del lobo/ El Silenciero

En su memorable libro póstumo, Mortalidad (Random House Mondadori, México, 2012), Hitchens, amante consumado de la vida y de la palabra, ofrece el testimonio conmovedor de lo que significa viajar inesperadamente a la frontera que rodea la tierra del cáncer para atravesar su implacable y desolador paisaje plenamente consciente de su naturaleza. “¡Recuerda, tú también eres mortal!”. A lo largo de 122 páginas, el autor de bellas y aleccionadoras obras contra la simulación (como su diatriba contra Kissinger), el fundamentalismo, las ideologías y el oscurantismo, nos deja como invaluable legado un tratado moral sobre la muerte y un asombroso acercamiento de carácter médico-científico en torno al cáncer terminal.

Mi amigo Jaime Pérez Mendoza(*), periodista de Ciudad Juárez, nativo de Cuauhtémoc, Chihuahua, acosado por el repentino crecimiento anormal celular que derivó en un adenocarcinoma pulmonar con metástasis en tres vértebras y en la pelvis, ha quedado subyugado por el lúcido y genial acercamiento de Hitchens ante la inevitable realidad de su viaje eterno al universo de la nada.

—Te puedo prestar el libro de Hitchens —le dije, pero es muy fuerte.

—Préstamelo. Lo he andado buscando. Tengo que leerlo.

Christopher Hitchens, el gran pensador inglés.
Christopher Hitchens, el gran pensador inglés.

Hitchens escribió sin miedos y confirmó que la única posibilidad de enfrentar el misterio de la mortalidad es la palabra, me dijo Jaime Pérez Mendoza. Por ello, es impactante que, a pesar del inminente desenlace, el escritor esboza anotaciones fragmentarias incompletas que son, a la postre, códigos cifrados que aluden a su enorme capacidad de raciocinio. “Pase lo que pase este es el último día de mi antigua vida… el viejo  orden cambia, dando lugar al nuevo y Dios cumple su voluntad de muchas formas y pronto, supongo, seré barrido por algún tumor pequeño y vulgar… no lucho ni combato contra el cáncer: él lucha contra mí…”

Ya en sus célebres Memorias Hitch-22, Christopher Hitchens, al comentar sabiamente el infinito abanico de ideas en los libros de Vladimir Nabokov, Arthurt Koestler, Edward Said, Saul Below, Julian Barnes y Martin Amis, entre otros grandes de la filosofìa y la literatura, se acerca a la visión de la vejez y la muerte. Tras dieciocho meses del implacable cáncer, el final fue inesperado pero no para alcanzar a plasmar la síntesis de sus convicciones en una frase crucial: Nadie llega nunca a ser él mismo. Ese es el coste de la inmortalidad. Ninguna persona es libre. Ideas estas últimas, también, de Jaime Pérez Mendoza.

Epicuro aludía al miedo del ser humano ante la muerte. Miedo a lo desconocido, a los dioses, a Dios. El filósofo italiano Federico Ferro Gay cita a Horacio para desentrañar el misterio de la muerte: “No moriré enteramente; he levantado un monumento más duradero que el bronce”. Aunque se refería a su obra literaria inmortal, las palabras del célebre poeta bien podrían estar dedicadas al inolvidable Christopher Hitchens, quien escribió como pocos sobre la mortalidad y sus oscuras regiones.

Ensayo publicado en el Suplemento DOMINICAL en el Diario MILENIO, domingo 27 de Octubre de 2013
http://federicocampbell.blogspot.com/
Fuente:
suplemeno dominicaldel diariohttp://elsilenciero.com/2013/12/el-unico-argumento/

*JAIME PÉREZ MENDOZA, DESTACADO PERIODISTA CHIHUAHUENSE, FALLECIÓ EL  7 DE FEBRERO DE 2014.