Caminata por "Los Attenuatas"

Poco a poco el paisaje urbano comienza a migrar de la indeco a la 89 a las tierras del Ejido Ruiz Cortinez. Llegamos por fin al Rancho Sandoval, en donde esperan, para nuestra sorpresa, casi un centenar de personas.

Uriel Luviano/ A los Cuatro Vientos

Nos unimos al montón para oír las indicaciones de los guías y salimos poco después. Las calles de tierra se transforman en brechas deslavadas, que se van deshaciendo en vereditas empolvadas y rocosas. En la cima del cerro que se yergue al norte, nos sonríe un parchecito de cipreses y pinos, invitándonos a continuar con el ascenso.

Conforme subimos, la ciudad se va abriendo paso entre las lomas: primero la bahía, con su velo de misterio y brisa marina, luego el puerto, con sus grúas naranjas, después el centro de la ciudad, Valle Verde, la Presa. Más al sur se ve Maneadero y el estero, rematado por el imponente cerro de la Bufadora, con su casi sempiterna aureola de nubes.

La subida se vuelve más empinada y el sol comienza a hacer sentir su presencia. Las veredas se van haciendo un poco más escarpadas, pero la vista del valle de Ojos Negros y la ciudad lo valen. Poco a poco la vegetación va pasando del matorral costero áspero a unos cipreses incipientes que presagian el oasis de pinos que nos espera allá arriba.

atenuattas uriel

La brecha rodea el cerro y nos da una hermosa vista de la ladera norte, tapizada de pinos. Al fondo del vallecito se ven unas cuantas parcelas y casas de los ejidatarios. El verde intenso se apodera de mis sentidos, me da la energía necesaria para continuar con el ascenso.

Comenzamos a subir por la espina dorsal del cerro, rumbo a la cumbre coronada con pinos. La vista es majestuosa: a nuestra izquierda, Ojos Negros y la bella cencienta del Pacífico; a la derecha, los cipreses y los pinos del bello bosque de los Attenuatas.

Llegamos por fin a la cumbre y nos explican, entre la vista imponente de la ciudad y la tranquila estampa del valle, que el attenuata es una especie de pino que sólo se encuentra en dos lugares de México, ambos en Baja California, y éste es uno de ellos. Me maravillo ante el verde oscuro de las agujas de los attenuatas y el verde claro de los cipreses, pero la imagen de un acto atroz me saca de mi sueño: un tronco talado, en la cúspide del cerro, llena a todo el contingente de horror. Huelga decir que esta es una zona protegida, además, hace unos 3 años hubo un incendio, así que conseguir leña no podría haber sido un pretexto válido para cortar un pino que crece tan lento, haciendo el acto incluso menos justificable.

El dolor de la escena anterior se calma paulatinamente conforme vamos entrando al bosque y el sol implacable es remplazado por la sombre verde y fresca del ejército de pinos que ahora nos cubre. La vereda nos lleva, casi por arte de magia, entre un mar de agujas y hojas de manzanita y las ramas, más que golpes, nos dan caricias.

Salimos a un claro en medio de una escarpada ladera, en el que un mirador ha sido construido con troncos secos. El mar de pinos nos saluda con un resplandor verde desbordante de cariño y la tibieza del sol nos reconforta.

Continuamos con un recorrido hermoso entre los titanes de celulosa que nos cuidan del sol, vadeando cañaditas y caminando entre troncos y rocas hasta que salimos de nuevo a la luz del sol.

El tramo que aparentó ser tan largo de subida, ahora se ve corto en comparación con la majestuosidad de los pinos que dejamos atrás.

Bajamos y la ciudad se va escondiendo detrás de los cerros y llegamos de nuevo al rancho, donde disfrutamos de un rico chapurrado, cortesía de los ejidatarios.

Los cuervos nos despiden con su característico graznido y poco a poco regresamos a la ciudad, a continuar con nuestras actividades rutinarias, pero cargados del verde y la vida del bosque.

Agradecimiento especial al Ejido Ruiz Cortinez por organizar este loable esfuerzo por concientizar a la población sobre la importancia de la preservación de estos espacios y a Anaid Fragoso, por su invaluable compañía y su entusiasmo por las aventuras de este estilo.

URIEL LUVIANO*Uriel Adrián Luviano Valenzuela. Estudiante de Física en la UNAM; Director de Difusión e Imagen en Revista Pluma Joven y Presidente del Consejo Consultivo en Pluma Joven A.C. ( Fotos de Uriel Luviano)