Durban, South Afrika. Mandela va por mares agitados, las olas le espuman el cabello…

El arte y la ciencia definen al ser humano, su naturaleza, su esencia. De ahí que los grandes científicos hayan sido también apasionados del arte; como suele suceder, matemáticas y música hacen un todo; la biología se hermana con los artes plásticas, la química se funde con los colores y las imágenes literarias danzan en la mentes más brillantes de los científicos. Sabiendo todo ello, no deja de ser una grata sorpresa encontrar de pronto en una de las redes de internet, como si fuese un refulgente pecesito de oro, el poema maravilloso que la Doctora Esther Orozco, química, bacterióloga, parasitóloga e investigadora emérita del Centro  de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV) del Instituto Politécnico Nacional.

Olga Alicia Aragón / A los 4 Vientos

Esther Orozco, la prestigiada científica originaria de Chihuahua, quien también es emérita del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), al dar a conocer sus versos inspirados en el pueblo y la figura del Madiba, Nelson Rolihlahla Mandela comentó:

«En un tiempo me dio por escribir poemas. Hace más de 10 años vistamos Sudáfrica y quedamos fascinados de ver el poder que habían conquistado los negros, los dueños de esas tierras. Rescato este cómo un homenaje a Nelson Mandela y lo comparto con ustedes».

 Durban, South Afrika

 La ciudad sobre una tela ocre,

vibra al ritmo eterno de las olas.

Amandla! Power!

porfían las aguas con voz negra,

Ngawethul! Power is ours!

replican los ébanos desde Tanzania.

Sudores irredentos alcanzan a las nubes

y se condensan en el canto de los mares.

Muy lejana de este rumbo está mi aldea,

en otra latitud y en otros meridianos.

Los ojos se buscan por los aires

y descubren idénticas imágenes.

Al sur del sur nació Durbán,

e igual que allá en mi pueblo,

los astros titilan en su noche

con cadencia obscura y obsesiva.

Retumban arroyos y vasos capilares,

Palpitan los nervios con tensiones altas,

extendidos por la carne prieta,

como ramas nacientes de árboles selváticos.

Murmullos que interrogan inquietos a los días,

si será antes del invierno

cuándo darán su fruto

las horas que hoy florecen sobre cicatrices.

Desde la playas,

Hiltons y Holidays

vigilan con ojos forasteros

a las naves esperando en la bahía.

Entre la bruma se distinguen

fragmentos de ciudades fantasmales,

se desdibujan y huyen de la tierra.

Cuando alumbra la noche

y danza como un día de verano,

el canto de los pájaros repite

iAfrika! Amandla! Ngawethul! iAfrika!

La luz de la tarde enmascara

a los edificios fletados en los barcos,

con las cosas de hombres níveos,

con sus mujeres, sus hijos y su historia.

Los afrikaners se van con rumbo al norte.

Su corazón lleva tatuados los colores

de la tierra café pisada por abuelos

venidos de Londres y de Amsterdam,

antes de que Nelson viviera por Sudáfrica.

El heir is ek you baas se ahoga en la tarde,

porque ahora los jefes son obscuros.

El agua no sabe estar tranquila,

se levanta del alto del coraje

choca con la playa, la disuelve,

graba su voz de sal sobre la arena.

Mandela va por mares agitados,

las olas le espuman el cabello,

seis lustros en Robben Island,

milenios de a long walk to freedom.

Su sombra vestida de kaross

ostenta el color de la palabra

amasada con ritmo y con inteligencia.

Sus manazas sobre Sophiatown,

tocan los rizos de niños de ojos grandes.

En Pretoria, amanece más temprano

y carcajadas femeninas inundan

los barrios de Johanesburgo.

El viento empuja postigos y ventanas,

entran los zulus, los hindúes y los otros,

cantan y bailan por las rúas,

para que el apartheid se borre

en África y el mundo

y la tierra entone eufonías arco iris.

Su pecho está ensartado con chaquiras,

rubias, rojas, blancas, negras, azules,

un color para cada tribu y uno para cada clan,

cartas de amor entre ciudades,

desde el Atlántico hasta el Índico.

esther-orozcoMaría Esther Orozco Orozco. Nació en San Isidro Pascual Orozco, Chihuahua, México, el 25 de abril de 1945. Es química, bacterióloga e investigadora emérita en el CINVESTAV del IPN y en el Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt. Fue rectora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.