Caballo de Troya en el PRD

Aunque distan años luz de parecerse a los personajes de La Ilíada y La odisea de Homero, ni siquiera de caricatura, los pícaros cabecillas de la pandilla de Los Chuchos simbolizan el Caballo de Troya en las entrañas del PRD y, de remate, frenan en confabulación con el PRI-gobierno los pasos hacia una verdadera transición a la democracia.

Armando Sepúlveda Ibarra / Deslindes

Su escuela, nefasta y corrupta, impartida por los neopriístas Jesús Ortega y Jesús Zambrano, los meros caciques e impostores del PRD, viene dejando una estela hedionda con ejemplos de servidumbre y sumisión al poder.

PRD Fue hace 22 años cuando se fundó el partido del sol azteca, de la mano de Cuauhtémoc Cárdenas y de Porfirio Muñoz Ledo FOTO Archivo fotográfico EL UNIVERSAL
PRD Fue hace 22 años cuando se fundo el PRD de la mano de Cuauhtémoc Cárdena y Porfirio Muñoz Ledo. FOTO Archivo de EL-UNIVERSAL.

A cambio de poner de rodillas la otrora línea crítica del Partido de la Revolución Democrática y de volverla sumisa al señor Peña Nieto y al nuevo PRI, para que puedan con su penosa alianza abrirse paso con las reformas estructurales, la cúpula de Los Chuchos se ha embolsado canonjías por allá en lo oscurito, pero a la luz de la realidad o de la indiscreción de sus aduladores cortesanos ya comienza a difundirse entre el perredismo cómo viven hoy con holgura y bonanza, como nuevos ricos. Quisieran olvidarse de su frasecita de campaña de Primero los pobres por la de Pedro Infante de Ahora que somos ricos.

Guadalupe Acosta NaranjoSobraría con citar las actitudes de asombro y de suspicacia de quienes han tenido la oportunidad de asomarse por la lujosa residencia del antes presidente (interino) del PRD, Guadalupe Acosta Naranjo, por rumbos de la carretera a Toluca, que al verla los ha dejado con la boca abierta, o por el ranchito de decenas de hectáreas que el actual dirigente Jesús Zambrano adquirió en Hidalgo o está por cerrar el trato con sus ahorritos, para entender muchos bandazos y el cambio de ruta del partido del sol azteca frente al poder. Porque –como dicen quienes saben sus modestos pasados de escasez o de apretarse el cinturón cuando daba cornadas el hambre– ni heredaron ni ganaron el Melate para cambiar de la noche a la mañana sus departamentitos en colonias como la Condesa por aquellas mansiones donde ahora retozan después de servirle cada día a la patria con sus pactos y transas.

Desde que Jesús Ortega asumió como cacique en jefe de Los Chuchos la estafeta del PRD con un fraude electoral (por entonces se le conoció como el cochinero, con perdón de los cochinos, como diría Cervantes Saavedra) avalado por el gobierno panista con un fallo del sumiso, obediente y desprestigiado Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que despojó al lopezobradorista Alejandro Encinas del liderato ganado en las urnas perredistas.

chucho ortega
Jesús Ortega

Astuto para fundirse con los intereses del poder por prebendas y otros arreglos poco éticos, Jesús Ortega se distinguió como coordinador de los senadores del PRD en el foxiato por su afinidad con el gobierno como buen alumno de Rafael Aguilar Talamantes, uno de los tapetes con el membrete del partido del ferrocarril que ha usado el PRI a lo largo de su historia para simular la democracia. Nunca Jesús Ortega ha triunfado en las urnas pero además de repartirse como botín las diputaciones y senadurías plurinominales del partido del sol azteca entre sus cómplices, ha dado espacios a familiares incluyendo a su esposa y actual senadora Angélica de la Parra.

Al frente del Caballo de Troya con una encomienda que pareciera dictada desde Los Pinos panistas y ahora neopriístas, Jesús Ortega ya empujó al PRD al naufragio y está a punto de terminar por desfondarlo con la creciente desbandada de miles y miles de perredistas que comienzan a emigrar a la filas del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), de López Obrador, hartos del entreguismo corrupto de Los Chuchos: auténticos traidores de la democracia.

Cómo olvidarse de que el propio Jesús Ortega recomendó e impuso, como la detestable cuota partidista en la Cámara de Diputados, a Leonardo Valdez Zurita como consejero presidente del Instituto Federal Electoral, un oscuro y desvergonzado personaje seudo izquierdista traído de Guanajuato por Los Chuchos para que, por su consigna, convalidara fraudes electorales y la gigantesca compra de millones de votos durante las elecciones de 2012, así como la impunidad para los autores.

Nadie podrá negar que Valdez Zurita, con la venia de los intereses de Jesús Ortega, fue la extensión del Caballo de Troya de Los Chuchos en el IFE para reventarlo y, al final del camino, restarle la poca credibilidad que le quedaba ante la ciudadanía después de haber sufrido el golpe inclemente del fraude, en uno de los pasajes más graves y tristes del frustrado tránsito hacia la democracia.

Al estilo de los gánsteres la pandilla de Los Chuchos, por su redituable servilismo al poder que los ha llevado a vivir como los ricos que antaño odiaban, incluso amenazaron a diputados y senadores con represalias como la de truncarles sus carreras o arrebatarles sus posiciones, si votaban en contra de los designios del señor Peña Nieto en la discusión legislativa de la reforma fiscal. Esas corruptelas y posiciones caciquiles demuestran hasta qué grado de inmoralidades llegan algunos politiquillos ayunos de ética con su voraz afán por servirse para sus cuentas personales de un sistema político que sigue cayéndose a pedazos aunque sus beneficiarios quieran ignorarlo en sus torres propias del limbo.

En este panorama surgen voces preocupadas por el futuro del perredismo.

¿Quién cuenta con la estatura política y moral para salvar al PRD de las emporcadas manos de Los Chuchos y de la amenaza latente de postrarlo como el más novedoso satélite del nuevo PRI-gobierno?

Muchos apuestan por el retorno de Cuauhtémoc Cárdenas como el salvador del PRD, un personaje con firmeza y dignidad para rescatarlo de las ruinas y de la ignominia de hallarse hoy amamantado en brazos del poder.

Nunca es tarde para recordar que un país sin oposición real, como en estos tiempos de politiquería de grupúsculos, sin una sociedad participativa y crítica, va a ninguna parte: hacia el despotismo.

Aquí se vive el dilema y, al mismo tiempo, el futuro de la hasta hoy fallida transición a la democracia.

 armandosepulvedai@yahoo.com.mx