¿Qué nos queda a los jóvenes?

«¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo? ¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.»
-Mario Benedetti.

Aura García / A Los Cuatro Vientos

El joven es el futuro, al que se le olvida que también es el presente, es aquél ente que no abandona aún la niñez cuando se ve arrojado al mundo del adulto, se pierde y se encuentra, cambia una, dos y quizás hasta tres veces al día, la juventud se esfuerza por encontrar su lugar, muy pocas veces por crearlo, camina esquivando las minas que la sociedad deposita, pareciera que vive en un mundo de extremos, en el que se esfuerza por mantener la venda que cubre sus ojos ante la realidad, o por el contrario rechaza ese manto de ceguera y pregona que los demás deberían de hacerlo también.

La juventud se apasiona, bien sea por un partido de la selección o por intentar cambiar una nación, el joven se esfuerza, ya sea por aprobar un semestre o por sobrevivir un día más a la pobreza en la que quizás nació, ser joven en México es vivir en un mundo de polaridades extremas, se puede ser el joven de clase alta que solo ha escuchado hablar de la marginación en sus clases del colegio, puede ser el caso que pertenezca a la clase media alta y uno de sus peores problemas sea que al wi-fi se le vaya la señal justo cuando está por terminar aquél proyecto final, quizás se de el caso que el joven pertenezca a una clase menos favorecida y tenga que trabajar nueve o diez horas al día para apoyar a la economía de su familia, o tal vez el joven luche por vivir un día más en un mundo de drogas, de violencia y dinero. La juventud quiere cambio, se compromete a hacerlo o se sienta a esperar a que algún día algo cambie, desea la mejoría, ya sea de su salario o del planeta, es multifacetica, se llena de sueños el futuro, se propone a cumplirlos, el joven se reinventa, él y el mundo se presentan, se conocen más a fondo, a algunos se les rompe la esperanza cuando esto sucede, otros solo utilizan este encuentro como combustible, como impulsor a mejores realidades; la juventud es romántica por naturaleza, encontramos aún a uno que otro poeta perdido, se vive con intensidad porque es así como sabemos vivir, la juventud no la terminan los años, la terminamos nosotros.

El joven grita y vibra, se enamora de la libertad y de promesas de grandeza, se creé solo en ocasiones, se cobija entre redes sociales, saborea el mundo como suyo – y ¿porque no debería de hacerlo?-, mira arrogante a la muerte, viéndola como un espectro lejano, se le creé apático, y lucha contra sus congéneres mismos para cambiar esto ultimo, se rebela contra lo establecido, se duerme mientras otros lo hacen, se tienen hijos sin aún dejar de ser niños, caminan y corren sin equilibrio, queriendo alcanzar el mañana pronto, siempre pronto, se contradicen, se enamoran de la vida, se divorcian de ella, el joven se crea, se vuelve actor y director de su existencia, o bien encuentra quien la escriba por él.

¿Qué nos queda a los jóvenes sino inventar nuestro concepto de juventud?,encontrar lo que quizás ni siquiera sabíamos que buscábamos, hacer del mundo nuestro y mejorarlo, mirar altivamente a lo que se creé imposible, retar a todo aquello que nos grite que no podemos hacer lo que soñamos, nos queda vivir y no solo existir, dejar huella en donde sea que pisemos, no olvidar que el futuro es nuestro pero el presente también, nos queda leer estos versos de Benedetti y dejar que nos vibre el corazón: «también les queda no decir amén, no dejar que les maten el amor, recuperar el habla y la utopía, ser jóvenes sin prisa y con memoria, situarse en una historia que es la suya, no convertirse en viejos prematuros».