LA MUDA

De las filas del alfabeto brincó un llantito, un quejido apenas que podría haber sido mudo sin el eco que ganó al rebotar con la letra G, para luego elevarse, gracias a la vocal más flaca de estos rumbos.

Enrique Lomas Urista/ A los Cuatro Vientos

El llanto fue más sonoro y hasta altisonante cuando desde la A a la Z corrió un tronido muy parecido al que navega en una sopa de letras: ¡Pum! ¡Crac! ¡Cataplum-plas! y ¡Turrúm!, fueron algunas de las manifestaciones más legibles del ruido que había provocado tan inaudito llantito.

El alboroto despertó a los diccionarios que dormían la siesta soñando a coro en la palabra Arteletra, que es como un bumerán, pues se lee igual de ida que de regreso.

Tanto discutían las letras y los letrados que nadie escuchó el quejido que una vez más se infiltró entre la multitud de fonemas que ya planeaban una fiesta amenizada por palabras mayores. Entre la C y la I hizo valer su palabra la ofendida y finalmente y con la ayuda de letras curiosas, la H pudo gritar un “¡CHIHUAHUA!” mayúsculo, como se puede ver.

-¡Es la Ache, es la Ache -gritó la Ignorancia, que es atrevida y siempre está esquivando a las bibliotecas, columpiándose de las telarañas que deposita el olvido en los libros cerrados y nadando en el mar de la pereza.

-¡Es muda, pero es la Hache, es muda pero es la Hache -dijo un enfático libro de enciclopédica estatura.

Como pudieron, libros, diccionarios, letras y palabras sueltas, acordaron -no sin faltas de ortografía y algunos obstáculos de sintaxis-, darle voz a la ofendida y ésta, pegándose a las que tienen voz, por fin se dio a entender:

-¡Chihuahua! ¡Hace mucho hieren! ¡Háganme hablar, hombre!

Las palabras deshilachadas, maltrechas y malheridas de la Hache conmovieron a la totalidad de la Enciclopedia Británica, que expresó con grandilocuencia un “¡Ah!”

Y todos comprendieron que los hechos no marchan sin la Hache, y que los ancianitos desdentados no dicen nada sin apoyar sus añejas palabras en la muda letra.

El mismísimo tren sin la Hache no la hace en su irrefrenable “Chu-chú”.

Como saben, después de siglos de incomprensión y aparente mutismo, la Hache, que nadie sabe quién la hizo pero ahora se sabe que tiene un fin, soltó un gran chillido ante tanto elogio y tanta bondad.

Para la Hache estos momentos fueron como pasar de la oscuridad a la luz, o mejor dicho, del oscuro silencio al luminoso sonido.

Y como saben, si es que no han cerrado esta página callada de la historia, la Hache puede conchabarse otras letras y así sonar para hacer que la vida tenga chiste.

enrique lomas*Enrique Lomas Urista. Escritor y periodista originario de Torréon, Coahuila. Trabaja desde hace años en Chihuahua donde es corresponsal del periódico Reforma.