Crónica de un ensenadense en Chilangolandia: Noche de las estrellas en las Islas de CU

Son las tres y desde Insurgentes ya se siente el bullicio y la emoción. Aprieto el paso para llegar cuanto antes al evento de difusión astronómica más grande del país, con más de 40 sedes simultáneamente observando el cielo y divirtiendo las mentes de chicos y grandes con experimentos, exposiciones y dinámicas.

Uriel Luviano/ A los Cuatro Vientos

Llego a la Facultad de Filosofía y Letras y al terminar de darle la vuelta a la Biblioteca Central, se abre ante mí un panorama hermoso: decenas de carpas bordean las islas y ríos de gente recorren todas las maravillas que distintas instituciones han preparado para los asistentes de esta, la quinta noche de las estrellas.

Me registro, me dan mi camiseta y mi gafete de anfitrión. Encuentro, al fin, la carpa donde me tocará estar ayudando. Y me dirijo a ella. Resulta que, por ahora, hay bastantes manos, así que decido aprovechar para darme una vuelta por los demás stands, pero unos ritmos sabrosones me llaman desde el escenario que se encuentra al fondo de las Islas. Mi cuerpo no logra resistirse y se va bailando hasta la fuente de la música.

«Chévere Suave» -me dicen que se llama la banda- es una mezcla muy bailable de ritmos latinoamericanos (valga el cas-pleonasmo). La gente empieza a acercarse al bailongo y me quedo hipnotizado por la voz de la cantante,  una mujer carismática y bajita, con un vozarrón que se oye desde medicina hasta el estadio.

ESTRELLAS EXP

Después de disfrutar unas cuantas canciones me despego del escenario para ver las otras carpas. Me topo con los cuates de NIBIRU, Socidedad Astronómica de la Facultad de Ciencias, quienes están haciendo una dinámica muy suave con los niños que se interesan en saber más del sistema solar. Veo a unos escuincles tomar sus posiciones a lo largo de una cinta que marca las distancias (a escala) de los planetas al sol. Me contagian sus risas y disfruto del espectáculo antes de que se me atraviesen unos taquitos de canasta, la comida defeña por excelencia.

Después de dos de chicharrón, dos de papa, otros dos de chicharrón y uno de frijol pa’ cerrar con broche de oro, me doy cuenta de que el caribe se acaba de adueñar del escenario por medio de Infuzyon Jazz Proyect, una banda multinacional que une el jazz con ritmos haitianos y música mexicana. Con un cantante cautivador, que también muestra una destreza impresionante para la trompeta, un tecladista con el balance perfecto entre virtuosismo y sabor, un bajista tremendamente bueno y dos percusionistas asombrosos, Infuzyon Jazz Proyect se adueña del público y lo pone a bailar al son que decidan tocar. Incluso nos regalan un dueto hermoso, pues la cantante de la banda anterior se sube al escenario y entre los dos nos ponen la piel de gallina.

Llega la hora de relevar a los que están en la carpa y me dirijo a cumplir con mi deber. Los ríos de gente entran y hacen fila, esperando ver experimentos llamativos y explicaciones interesantes. La gente pasa y pasa, el cielo se cierra y una gruesa capa de nubes grises presagian un aguacero. El agua no tarda en llegar, pero la gente no pierde el ánimo y sigue abarrotando las carpas y los que trajeron telescopios se conforman con ver a detalle los edificios del campus central.

Oscurece y el agua amaina un poco. Después de un buen rato detrás de la cámara de niebla, un divertidísimo experimento en el que se puede ver la trayectoria de partículas subatómicas con tan sólo una pecera, una lámpara, alcohol y hielo seco, pido que me releven para regresar al escenario, donde una Susana Harp se presentará, para dicha y gozo de todos los asistentes.

ESTRELLAS SUSANAEn medio de la lluvia aparece Susana, por fin, y pareciera que el cielo se abrió un poco, pues un lucero brilla sobre el público. Acompañada de casi una decena de talentosísimos músicos y un sonero armado de abundantes y certeras décimas, Susana nos deleita con piezas de su más reciente producción, «Aguadiosa». Aguantamos estóicamente la lluvia, pues el espectáculo lo vale y la voz de esta mujer nos ha hipnotizado.

Después de un bellísimo concierto, regreso a la carpa, donde, a pesar de ser casi las 9 de la noche, sigue habiendo una cantidad bastante considerable de gente. Tomo mi estación de trabajo y desde ahí escucho a la Banda Municipal de Tamazulapan del Espíritu Santo, que empieza a tocar música tradicional de la comunidad Mixe de Oaxaca. Entre danzones y marchas me dejo llevar, mientras el público se deja llevar a rincones del universo donde objetos celestes emiten radiación de alta energía.

Poco a poco la gente se empieza a ir, y las islas, oscuras y húmedas, van retomando ese aspecto etéreo que las caracteriza en la noche. «…Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.» Dice el panfleto del evento, citando al Popol Vuh. Ahora, sólo quedan las nubes en calma y las islas en toda su extensión.

Un agradecimiento especial al Dr. Nissim Fraija por darme la oportunidad de colaborar en un proyecto tan interesante.

URIEL LUVIANO*Uriel Adrián Luviano Valenzuela. Estudiante de Física en la UNAM; Director de Difusión e Imagen en Revista Pluma Joven y Presidente del Consejo Consultivo en Pluma Joven A.C. ( Fotos de Uriel Luviano)