Un murciélago en luna llena…

Eddy Murphy bromea y el conductor del programa Sábado Nocturno, Garsson Jeremías, celebra sus ocurrencias de doble sentido. El comediante recuerda que el viagra acrecentó la venta de las vacunas antitetánicas. Los televidentes secundan el chiste con aplausos y carcajadas. Incluso, a varios kilómetros de distancia, Bernard Lorenz, el médico forense de guardia hace lo mismo. Sobre la plancha tiene el cadáver de “una persona de origen haitiano, de piel oscura y cabellera con tinte azul plumbago y al parecer víctima de tres disparos de arma de fuego”.

Everardo Monroy Caracas / A los Cuatro Vientos

Su asistente, Evelyn Díaz, hombruna, corta de piernas y sin cintura — por su adicción desmedida a las hamburguesas y Coca-Cola–, tuvo que ceder a su ignorancia.

“No le entendí”.

Bernard masculla, tras empujar con el dedo índice sus lentes de grueso vidrio bifocal:

“Por lo de los fierros viejos, mujer… Carajo… No das una…”

“Sigo en las mismas…”

Pezón-BNBernard Lorenz prefiere guardar silencio y empezar la faena. El cadáver aún porta un jean con valencianas acampanadas, un blusón blanco de hilaza casi oscurecido por la sangre y unos botines negros de charol y de puntas lastimadas por el arrastre. Evelyn corta el blusón y dos promontorios mamarios, de enormes proporciones y puntas oscuras, como chupones de mamila, son expuestos ante la mirada indiferente del forense. Una bala le había perforado el abdomen, pero el sangrado era menos espectacular. La hemorragia mayor provenía del orificio de la cabeza, a la altura de la sien izquierda.

“Noche de lobos, hay luna llena…”, dijo Evelyn.

“Las ratas y cucarachas salen de su escondrijo…”, complementa Bernard Lorenz.

En treinta y cinco años de servicio, nada le sorprendía. Había destazado más de treinta mil cadáveres de todas las edades y géneros que hasta el olor a formol en nada alteraba su gusto por la buena mesa y el vino blanco. Bernard Lorenz comprobó por el parte policiaco que la víctima se llamaba William Carter, frisaba los 28 años y vivía en el barrio de Côte-des-neiges. El levantamiento se hizo en el parque Dufferin, en una de las banquetas de la calle Finchley, frente al bar Les Trois Sexes.

“Veintiuno de agosto, sin duda…”

“Así es jefe… Sábado de luna llena…”

“Cada mes es la misma historia… Los lobos no aceptan a los murciélagos…”

ojo cerrado“Pocos toleran las diferencias –reflexiona Evelyn–: o eres ratón o eres mariposa… No hay punto intermedio. Pienso que su mayor error es imitar la promiscuidad de los quirópteros. Si se midieran un poco…”.

“Anda, anda, quítale la ropa y bájale un poco el volumen al televisor. La noche es corta y tenemos que hacer el reporte… La pizza vegetariana nos espera”

Eddy Murphy, ahora representando a un policía, aseguraba que un hombre fue a la comisaria y buscó al ladrón que una noche antes había saqueado su departamento. Lo aprehendieron al activarse la alarma. “¿Por qué quiere hablar con él?”, le pregunté al nervioso sujeto. “Para saber cómo le hizo sin despertar a mi mujer que es un verdadero dolor de cabeza”, me respondió”. Garsson Jeremías, apoltronado entre el público y disfrazado de hada madrina, siguió en su papel de animador. Aplaudía y reía a carcajadas. Tener al comediante en su programa, fue uno de los mayores logros del productor, Terry Bedard.

Y precisamente por ese acierto, Terry organizó en su mansión de Saint Leonard una gran fiesta al confirmar que Eddy Murphy asistiría a su programa nocturno. Eso ocurrió durante la primera semana de septiembre. Los diarios locales dejaron constancia de sus excentricidades. Terry, sin soltar su copa de champagne, presentó a su novio de veintiún años, un actor de televisión y modelo de pasarela. Casi le triplicaba la edad. Se trataba de una nueva versión de Behind the Candelabra. Terry en el papel de Walter Liberace. Únicamente faltó Steven Soderbergh, el autor de la idea fílmica.

Mientras hurgaba las entrañas del cadáver para observar las coloraciones y olfatear los riñones, hígado, intestinos y el estómago, Bernard Lorenz no pudo sustraerse a esa visión reveladora: la presencia del miembro masculino, flácido e inclinado sobre una de las piernas. El olor a alcohol, emitido al ser perforado el estómago, aportó más elementos a su reflexión. William Carter no había alcanzado los treinta años cuando fue asesinado. De acuerdo a su dossier, llegó una década antes a Canadá sin la presencia de algún familiar. Era originario de Puerto Príncipe y obtuvo el refugio político al ser víctima de abusos y escarnios por su condición de homosexual. En menos de seis años trabajó su cuerpo con hormonas, ejercicio y cirugías, hasta darle la apariencia femenina. En diciembre le practicarían una vaginoplastia.

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No lo logró. Un asunto pasional truncó sus sueños de ser animadora de televisión, según le comentó el policía que elaboró el reporte preliminar. Algunos testigos del bar Les Trois Sexes confirmaron que un hombre de “sesenta o setenta años y cabello muy blanco” discutió con “la chica negra”, veinte minutos antes de escucharse las detonaciones. Le reclamaba haberlo visto con su hijo en un hotel céntrico y robarle dinero de su pensión. “Serian como las once y media de la noche del viernes” y unos cuarenta minutos después, la policía recibió una llamada telefónica anónima que informaba del crimen. En el bar veían el programa Sábado Nocturno cuando ocurrieron los hechos. Uno de los testigos dijo que recordaba bien la hora, porque en esos momentos Eddy Murphy “contaba el chiste” de los tres veteranos de guerra que bebían cerveza y hablaban de la vida y los éxitos económicos de sus hijos y su apego a la amistad: vivían en Montreal y uno era vendedor de bienes y raíces y otro propietario de una agencia de autos y ambos le regalaron un departamento y un Ferrari a un amigo en común. El tercer veterano, un coronel jubilado de bigotes a la káiser Guillermo II, dijo de su vástago: “Debo confesarles que mi hijo es homosexual y no trabaja, pero tiene dos amantes: uno es vendedor de casas y le regaló un lujoso departamento de tres recámaras y el otro tiene una agencia de autos deportivos y le regaló un Ferrari de un millón de dólares.”

Evelyn, aún con la masa encefálica de la haitiana en ambas manos, prorrumpió en una risa repetitiva y ruidosa, que incluso interrumpió los pensamientos del forense.

–¿Y ahora, qué te pasa..?

–Lo de los fierros viejos… Ya lo entendí… y es cierto, las vacunas antitetánicas son una bendición para las jovencitas caza-abuelos…

everardo-monroy*Everardo Monroy Caracas. Periodista y escritor veracruzano. Fundador del periódico Uno más uno. Ha sido reportero en El Diario de Chihuahua y El Diario de Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón y La República en Chiapas, también de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder,El Difícil camino del poder, Tepoztlán: Cuadrónomo extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto día del séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al gobernador y Fusilados. Actualmente radica en Toronto, Canadá.  Correo electrónico: huayacocotla@hotmail.com