Amantes del vértigo provocan la tragedia

A principios del siglo pasado, quienes observaban a la sociedad industrial, les resultó atractiva la idea de que la velocidad se había convertido en una enfermedad. Ya nadie podía estar quieto y surgieron los que ansiosos buscaban la vida trepidante, la que mantiene los nervios tensos y la impaciencia de trasladarse de un sitio a otro, y a otro, y a otro. Así se registra esta idea en un libro de Philipp Blom que nos habla de los años de vértigo que se vivieron antes de la Gran Guerra de 1914 y que tiene enorme similitud con la vorágine que en muchos órdenes de la vida hemos visto y padecido durante las últimas décadas. Ya nadie puede vivir sin los estímulos que nos hacen secretar la adrenalina, y cuando ésta falta ahí está la opción por otros paraísos artificiales. Esta es una reflexión que da para mucho y que adosa a nuestro camino no pocos signos de interrogación sobre los resultados de la modernidad y de mi muy querida Ilustración.

Jaime García Chávez/ A los Cuatro Vientos

Otros pensadores, en el mismo contexto, nos hablan de cómo las éticas fincadas en los deberes han cedido frente a las éticas sin dolor de los tiempos democráticos y hasta el deporte mismo ha dejado de ser una actividad para el cuerpo humano y trasladarse a la máquina rápida del tipo de las llamadas “monster truck”, para evidenciar que vivimos hasta en ese marco en una sociedad de riesgo de la que con gran tino nos habla el sociólogo Ulrich Beck. Tiene gran dificultad este género periodístico para profundizar, valga la justificación del espacio reducido. Siempre me he preguntado, a la vista de los deportes y espectáculos extremos hacia dónde se quiere llegar, ¿no será indispensable que desde la colectividad, o bien desde el individualismo responsable reflexionemos sobre el patrocinio que los mismos aportan para una cultura fincada en la violencia y la destrucción? Tengo para mí que sí y más a la vista de la tragedia del sábado 5 de octubre, durante el espectáculo integrado al denominado “Aero Show” que irresponsablemente patrocinó la autoridad municipal encabezada por Marco Adán Quezada.

Me parece un absurdo que una autoridad haga de esto su tarea, más en un territorio violentado como Chihuahua y más aún exponiendo a la sociedad a padecer una catástrofe medible en pérdidas humanas y daños irreparables para infantes, mujeres y hombres a los que ya los marcó la vida con un hecho totalmente evitable desde el momento mismo en que no debió formar parte de una agenda gubernamental. Es una incoherencia proscribir los narcocorridos y simultáneamente promover estos espectáculos porque en el sustratum de ambos está la violencia, el vértigo.

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El Alcalde Marco Adán Quezada Martínez honró su palabra y cumplió el reto de En noviembre de 2010, en la inauguración de Fiestas del Globo 2010, el alcalde de Chihuahua Marco Adán Quezada se lanzó en paracaidas, asimismo se subió al aerostático Britania, acompañado por el gobernador, César Duarte Jy la niña Norma Elías.

¿Qué mensaje se lanza a la sociedad cuando se rinde culto a un vehículo modificado que no tiene mayor mérito que brincar y demoler hasta el grado superlativo de hacerlo con vidas humanas? Aunque es una pregunta que admite respuesta sencilla, ésta sólo está al alcance de mentes sensatas, no de las autoridades que hacen negocios con el espectáculo y autocomplacientes creen que están patrocinando una carrera política. Marco Adán Quezada pensó elevarse a un estatus político superior, pero en una jugada que alguna buena ópera podría denominar la fuerza del destino, lo mandó al armario de su partido, truncándole su futuro. Y no lo digo porque sostenga que es un malvado que quería el resultado dañoso. No. Lo que quiero decir es que siendo la cabeza de un poder vertical, presidencialista, no se hizo cargo del riesgo en que se colocó a la comunidad chihuahuense. El poder ciega y la aspiración a un poder más grande ciega más. Todo por el culto a lo extremo y a la máquina depredadora. Si algún programa hay atrás de esto, es la sociedad del vacío y las relaciones evanescentes, las que se destruyen con el espectáculo de lo grotesco y la estética del terror.

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Juan Gabriel le canta al gobernador César Duarte en su fiesta de cumpleaños

Hablamos de tragedia. ¿Pero qué significa esto? Empecemos quizá con una digresión. De un tiempo a esta fecha, gobernar es organizar espectáculos, circo, diversión, distracción. A falta de lo que se conoce como buen gobierno, de contrabando se expende otra mercancía destinada al engaño y a la despreciable tarea de que nadie piense y mucho menos lo haga con sentido crítico. Divertir, en este caso, es desviar la atención del otro, para que no piense cómo las cosas van mal y mucho menos pretenda corregirlas. En este marco este tipo de diversión se convierte en una distracción gubernamental, conscientemente asumida para que la sociedad se rehuse a tomar lo trágico en serio, quiero decir, lo que sucede en el contexto más amplio y que lo mismo se puede llamar “guerra contra el narcotráfico”, “reforma hacendaria”, “reforma energética” o “restauración del PRI en el poder”. Cuando los gobernantes se hacen gerentes del espectáculo, precisamente lo que buscan es distraer a la sociedad, insisto.

Hablo de incoherencia, pero bien sé que esto no le interesa al que no gusta de bien pensar o hacerlo con orden lógico. Dicen que ya estamos en paz, que la guerra se fue, que ganamos las calles, que se acabó el vértigo de la muerte, pero a la vez son adoradores de la velocidad de la máquina y de la destrucción de que es capaz cuando se sale del control humano y no se diga cuando media un lucro económico. Proceder así es provocar catástrofes, esos sucesos infaustos que alteran gravemente el orden regular de las cosas, de vidas humanas que seguramente tenían sueños, hoy truncados y, en el caso que me ocupa, hasta el escalamiento político de uno o varios ciudadanos del PRI. Para que esto suceda la mayoría de los medios están al servicio de lo que se llama “la espiral del silencio”, mediante la cual se impone una opinión predominante y permitir así que los otros articulen mejor sus ofensivas más amplias. En la celebración de tres eventos extremos en Chihuahua, estos medios se deslumbraron por los globos, por las acrobacias de aviones que nos legó en mala hora la Segunda Guerra Mundial, con un alcalde que se lanza en paracaídas y es fanático del box, pero nunca reparó en exigir puntualmente que la sociedad no corriera esos riesgos evitables al cien por ciento. Son adictos, quizá sin saberlo, de la fuerza de la pujanza de una modernidad chata y propiciadora de esa droga natural que es la adrenalina. Sin saberlo participan del credo futurista y prefascista de Marinetti, que le cantó todo su amor al peligro, la temeridad, el movimiento agresivo, el salto mortal y, misógino, hasta en contra de las mujeres. Fue un credo en el que sólo se quería alabar al hombre que está al volante, para de ahí quitar toda humanidad y deificar sólo a la máquina, a la máquina peligrosa, la máquina monstruo. Y quiero decir que a este concepto se le asigna una carga de terror cuando lisa y llanamente significa lo que se muestra. Y en este caso lo que se mostró fue lo fatídico, lo letal, la muerte.

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Durante tres años consecutivos se han organizado espectáculos extremos para los chihuahuenses, desde las instancias de gobierno.

Retomando, se nos dice que estamos en una tragedia y, en efecto, si por tal cosa entendemos todo aquello que nos pone a resistir a la reconciliación, a los buenos sentimientos, en este caso a la imposibilidad de admitir que sólo se buscaba una tarde de esparcimiento y se encontró la muerte y no hallar más fórmula de superarla que la resignación que significaría complacencia con los que estaban obligados a evitar el daño y no lo hicieron. Otros nos hablan de lo trágico para explicarnos que es la vida tal como es, sin justificaciones ni providencias ni tampoco perdones, que lleva a aceptar sufrimientos y alegrías, sin resentimientos ni malas conciencias. Tal como si se tratara de admitir el destino o el azar. ¿Quién puede querer la vida así? Los hay, pero un gobernante, con límites establecidos en la ley, tiene este territorio vedado, pero ya vemos que la irresponsabilidad se impuso.

Puestos en esta sociedad y ante estos hechos, uno puede pensar en que la resiliencia nos ha de permitir sobreponernos a la adversidad, lo que no entiendo jamás como una prueba divina de un Dios perverso para hacernos mejores. No me voy tan alto, me conformo mínimamente con que se aplique la ley a los pésimos gobernantes, a los corruptos, a los parásitos del presupuesto y a los que en lugar de propiciar el imperio del Derecho, se encaminan por un simple control de daños para decir “todo sigue igual y aquí no ha pasado nada”.

NdeE: A los Cuatro Vientos anexa a este artículo de Jaime García Chávez la propuesta que el mismo autor está difundiendo a través de su muro de facebook. He aquí el texto:

La tragedia del sábado 5: un programa mínimo

Un grupo de ciudadanas y ciudadanos proponemos se confeccione un programa mínimo de demandas y acciones para reclamar justicia en la tragedia del Aero Show. Aquí van unas ideas, particularmente de demandas específicas, que podemos enriquecer y modificar con nuevas aportaciones para concretar un buen documento que rija la expresión del coraje y la indignación sociales:

1. Dar paso a un proceso de justicia a fondo, transparente, oportuna, expedita, con la calidad y suficiencia del Estado de Derecho que nos han negado hasta ahora pero que todos los chihuahuenses nos merecemos, en particular las víctimas y sus familias. En tal sentido, que el gobierno del estado deje de practicar una política de control de daños para proteger las redes de corrupción gubernamental.

2. Que la acción de la justicia se ejerza sin privilegios y se mida a todos con la misma vara, realizando una investigación –abierta a la sociedad– mediante la cual todos los implicados comparezcan formalmente a declarar y así estar en posibilidad de dictar las decisiones que el derecho obliga, tendientes a castigar a los responsables. Que a nadie se le proteja, por importante que sea.

3. Dada la estructura vertical del gobierno municipal, se proceda a declarar formalmente al exalcalde Marco Adán Quezada.

4. Que a la brevedad posible se abra una investigación a fondo de Espectáculos Extremos de Chihuahua, A. C., el dinero público que se le entregó y que haya una rendición de cuentas de esta asociación para acreditar si efectivamente realizó su objeto social sin fines de lucro y cuáles fueron las acciones concretas, montos y destinatarios de eventuales beneficios.

5. Concretamente, que se investigue a Jorge Luis Cuesta Manjarrez, Mario Gerardo Dueñas y Javier Chaires Duarte y su red de relaciones con instancias gubernamentales para fondear sus propias actividades millonarias y las que se realizaron bajo el membrete de la asociación civil Espectáculos Extremos de Chihuahua, tomando en cuenta que es pública y notoria su militancia priísta. Al respecto, tomar en cuenta que no nada más el fondeo para el Aero Show fue el que se recibió sino que hay una diversidad de actividades que hacen presumible relaciones de corrupción política.

6. Inmediata renuncia a su regiduría del implicado Javier Chaires Duarte integrante del Cabildo encabezado por Javier Garfio Pacheco. Es inadmisible que en la circunstancia actual se le premie con un importante cargo en la hacienda municipal con la que está inodado en hechos previos de favoritismo.

7. Que se investigue a fondo y se finquen las responsabilidades correspondientes a Elliot Gerardo Castillo, propietario de Demolition Show, empresa subcontratada por la asociación civil señalada.

8. Que se investigue a fondo y se finquen responsabilidades a los funcionarios estatales y municipales encargados de Protección Civil en el estado de Chihuahua.

9. Indemnización plena a los familiares de las víctimas.

10. Que los medios cumplan con su obligación de informar.

Llamamiento:

Resultado de la tragedia, vimos una sociedad civil liberada y solidaria, altruista y valerosa que hoy tiene la tarea de exigir responsabilidades para que se haga justicia. El gobierno del estado tiene que abandonar el control de daños que practica para sacar dividendos políticos en este momento doloroso para la ciudad y el estado. De por sí que hay un déficit legislativo para encarar con eficacia estas tragedias, como para permitir que se imponga la negligencia y la incuria gubernamentales, y a la postre la impunidad.

Los hechos trágicos fueron previsibles y evitables; hubo negligencia, impericia, falta de reflexión y cuidado gubernamentales tanto como de los particulares involucrados, y todo eso junto produjo daños iguales a los que se producen con los delitos en los que media la intención y el dolo de provocar resultados lamentables por la pérdida de vidas humanas. Son hechos incriminables y que el clamor social exige se castigue.

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 *Jaime García Chávez. Abogado, político, escritor y periodista chihuahuense. Visita su Blog: http://jaimegarciachavez.mx/