Las Marchas y las Inundaciones síntomas de una realidad empobrecida.

Desconcertante el abrasivo de las marchas sobre la ciudad para quienes son “provincianos” o extranjeros. Es menester reconocer que los citadinos son esa rara especie de extraordinaria capacidad de adaptación que no suele encontrarse en el intrincado universo de la sociedad, pero que se parece mucho a la resignación de todas esas personas que han perdido hasta lo esencial en Guerrero o en Veracruz.

Alfonso Bullé Goyri/ A los Cuatro Vientos

El martes 24 de septiembre, cuando aún las ondas expansivas venidas de Acapulco no se disipaban, se precipita una tromba sobre el área centro de la ciudad que hace temblar a sus pobladores. Pero si los citadinos son resistentes a los severos fenómenos atmosféricos, lo peor es que no logran disuadir a las tropas de la CENTE que el miércoles 25 ensopadas marchan por las calles de la urbe coreando consignas, las mismas que han repetido desde que se inició su periplo por la gran metrópoli Tenochca hace ya más de un mes y que tiene como propósito impedir la reforma educativa. El encargado de la “Educación Pública”, después de meditarlo mucho, al fin aparece en público y se muestra enérgico. Con el índice flamígero y como si fuese eminencia de adustas palabras, rodeado de legisladores que poco les importa lo que diga o deje de decir porque ese tema ha quedado ya en el olvido, amenaza a los maestros de la Coordinadora. Advierte que si los maestros no cumplen con sus obligaciones de dar clases, se les suspenderá, se les dará de baja y ya no podrán cobrar sus honorarios. Los profesores no toman en serio la amenaza y siguen en las calles sin inmutarse por tan agresivo ultimátum, intimidación que por supuesto no será cumplida porque la autoridad tiene miedo de parecer injusta. El juego de simulaciones prosigue.

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Marcha de maestros de la CNTE bajo la lluvia, en contra de la reforma educativa de Peña Nieto

Por su parte políticos, diputados, maestros marchistas —de la CENTE o del SENTE— doctores en sociología y politólogos de diversas filiaciones, críticos del sistema y los “comentócratas” de siempre han producido ríos ingentes de notas tratando de dar un diagnóstico de la situación que explique el sentido de la Reforma. Lo más que se ha dicho es que ésta privatiza la educación, que la mayor carga recae sobre los docentes, que es una reforma regresiva y que sólo tiene el propósito de mantener un control de los maestros a la vieja usanza del PRI. Pero hasta el momento no se escucha ni una sola palabra sobre los planes de estudio, sobre los libros de texto o sobre las condiciones deplorables de la infraestructura educativa. Los mentores por todos lados vociferan con el objeto de preservar su condición laboral, pero a nadie se le mira disgustado por los 117 errores que tiene el libro gratuito de texto; nadie se enoja por la deficiente capacidad de los alumnos en todas las áreas y en especial en materias como matemáticas, química o física; nadie grita o siente la responsabilidad por los millones de niños y jóvenes usuarios de los servicios educativos que reciben la más infame educación que no los prepara ni para atender un tendejón. Los maestros gritan airados por las injustas condiciones de la profesión que profesan a fuerza, pero no levantan la voz por los pobres materiales didácticos que se proporcionan en todos los centros educativos del país; no rezongan por las escasas bibliotecas que tiene el territorio nacional y no se les oye furiosos por los magros resultados que se obtienen en la Universidad pedagógica cuyos planes de estudio no se hallan a la altura de las expectativas del país.

Los maestros sienten que la sociedad los señala injustamente y ante algunos síntomas de desfallecimiento sus líderes ya rodeados de guardaespaldas que protegen su integridad, incrementan la presión sobre sus agremiados para que continúen en lo que ellos llaman “la lucha por la dignidad magisterial”.

Mucho ruido y pocas nueces.

Por su parte, los políticos profesionales, los diputados y senadores que aprobaron la reforma no son capaces de examinar la realidad educativa porque ignoran todo sobre ella y por tanto carecen de elementos para disuadir la protesta magisterial. Su labor concluye en el mismo momento en que levantan el dedo y dan su voto para aprobar o desaprobar. Más allá la protesta es sólo un dolor de cabeza fugaz sin mayores consecuencias. En la SEP todo es un desbarajuste pues las cabezas carecen de los elementos necesarios para orientar el curso de la educación pública nacional y de enfrentar no a garrotazos sino con razones a los maestros disidentes.

DAMNI TECHOS

La República hace agua y se hunde en vendavales que azotan con fuerza en las costas y es ahí donde se visualiza el tremendo boquete que ha dejado la educación en el país. La resignación es madre de la ignorancia y de la falta de perspectiva. Los damnificados señalan a los falsos desarrolladores que les vendieron terrenos en zonas de alto riesgo y en las condiciones desventuradas en las que se encuentran ya nadie los puede ayudar. Se amparan mansos a las despensas que en un dejo de solidaridad miles de personas de buena voluntad les brindan y que se concentran en los centros de acopio. El Presidente tiene que crear una estrategia especial para que los gobernadores no escamoteen la ayuda y la usen como instrumento electorero ¿Por qué se aprovechan esos seudo empresarios y los políticos de siempre de la gente? Son pobres y desafortunadas víctimas a causa de una preparación menos que elemental para llevar a cabo una negociación aceptable y a su favor. Vemos al político cínico servirse con la cuchara grande y exhibirse en los medios buscando lavarse la cara por las corruptelas en las que se ha visto envuelto y que en buena medida son las causantes de las desventuras de la sociedad. Es falta de educación de algunos medios y de algunos comunicadores que ven en la desgracia pretexto para sus inmundos programas dirigidos a los incautos que reciben los mensajes más deleznables que cualquier mete haya imaginado. Es falta de educación las políticas de comunicación que siguen los medios que piensan en incrementar audiencia.

Es cierto, la sociedad en su conjunto está mal educada. Los empresarios como sus obreros padecen de la misma cojera. El analfabetismo funcional es alarmante y la falta de herramientas potencialaza la imposibilidad de competir en un mundo globalizado. Para evolucionar hacen falta ingenieros, administradores y obreros calificados, es decir educados. Para competir por los mercados internos es menester de personas preparadas. Para una mejor organización agrícola hacen falta comunidades educadas. Para entender la reforma laboral, la de telecomunicaciones, para comprender la dimensión de las reformas energética y fiscal se necesita educación política, es indispensable capacidad analítica, es fundamental posturas críticas y no sólo frases hechas, consignas vacías, insultos intrascendentes, enunciados carentes de sentido que sólo revelan la falta de educación de quienes las pronuncias a grito pelado. Por todo eso la reforma educativa es esencial, porque se supone ésta contribuye a contextuar todo el paquete de reformas que el país demanda. Si seguimos esperando a que llegue una verdadera reforma educativa, sólo postergamos el avance nacional hacia estadios de desarrollos superiores y nos hundimos en un lodazal de corruptelas y de manejos deficientes de la riqueza nacional.

alfonso-51*Alfonso Bulle Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales. Actualmente trabaja en un libro de poemas.