Tiempos peligrosos entre Reforma y Revolución

En maridaje dos poderosos huracanes, Ingrid en el Atlántico y Manuel en el Pacífico sacudieron casi la mitad de los estados de la República. La fuerza devastadora de ambos meteoros hace patente el cambio ambiental y las nuevas condiciones que redefinen el clima en el país. El cuerno de la abundancia sufre de excesos y los pueblos y ciudades soportan con filosofía hasta lo irresistible. Los damnificados que suman centenas de miles aguardan pacientes a que las aguas regresen a su nivel para poder restablecer el orden pues perdieron todas sus pertenencias y es menester volver a empezar.

Alfonso Bullé Goyri/ A los Cuatro Vientos

Lo increíble del hecho es esa resignación monacal y esa estoica actitud de un pueblo que parecería poseer el secreto de la sobriedad. Ante las adversidades no se inmuta ni da la impresión de perder la fe en su dios y en el premio que recibirá en el más allá. Los eventos climáticos tanto como la política, los gobernantes, la iglesia corrupta y toda esa lista interminable de agentes al acecho, poco significan ante la expectativa de un futuro mejor que nadie lo procura más que sus íntimas creencias.

El Estado de Guerrero, uno de los más afectados por los meteoros, es clara expresión de este rasgo peculiar del admirable pueblo mexicano. Hace unas pocas semanas en la capital, Chilpancingo, se pudo observar una lucha campal en las calles de la ciudad. Un grupo de ciudadanos con palos y piedras (e incluso armados), protestan con tal vehemencia en contra de la autoridad que obligaron a ésta a actuar, no sin mucha cautela, con el objeto de desalojar la carretera del Sol. Las policías comunitarias, estos organismos de turbia filiación, se lanzan contra las autoridades y los políticos de siempre, en protesta por lo que consideran un comportamiento deficiente del gobierno legítimamente constituida en la región.

guerrero protestas cetegLa manifestación exhibe a una comunidad completamente distinta a la que sufre las inundaciones de estos días, pero hay que resaltarlo, es la misma. Las imágenes en ambos momentos son contrastantes. Hace una semana se mostró a través de los monitores de la televisión un torbellino social preocupante que se pronunciaba airado ante las injusticias y la corrupción de un régimen que no cumple con las obligaciones que se le han conferido. Se vio cómo quemaban las sedes de algunos de los principales partidos políticos y cómo golpeaban a policías. Las de estos días, después del paso del huracán Manuel, se aprecian imágenes desoladoras de personas resignadas. Las calles convertidas en ríos, los deslaves sobre los caminos y el alud que se precipita incontenible sobre Atoyac, arrasa comunidades indefensas, con un saldo importante de muertos y desaparecidos, pero sin embargo donde los sobrevivientes mantienen la ecuanimidad.

El espíritu mexicano, en estas comunidades, acaso en México todo, expresa el ánimo de hombres y mujeres que encuentran en la resignación el alivio que permite asumir sin protesta lo irremediable del destino, pero que en ocasiones se levanta como cabeza de hidra ante la desventura.

lluviaEl valor que exterioriza es sino que define carácter y personalidad de todo un pueblo. Fin y situación vital se conjugan en cada instante, en cada etapa de la vida desde siempre y quizás para siempre. Por mucho tiempo hay aceptación tácita de que contra la naturaleza y la realidad social no se juega y que sólo la divinidad por razones inexplicables envía esas calamidades. Contra todo principio lógico o científico, reconstruyen y vuelven a levantar sus viviendas sobre los escombros y esperan un nuevo evento, aguardan pacientes y sin desesperar el nuevo ciclo que los coloque en la situación de iniciar una vez más el ascenso y la reconstrucción de las casas y de los pueblos, de sus jardines y plazas, de sus mercados. Devotos oran porque esos males no sobrevengan; devotos oran frente al desastre.

Y un día todo cambia. Porque también el carácter del mexicano es explosivo, irascible, colérico, devastador.

hidalgo y su ejercitoEs un pueblo que soporta muchas adversidades, que sabe orar, pero sabe luchar cuerpo a cuerpo y no teme a la sangre. Como pocos entienden el valor de la templaza frente al dolor y como pocos se arroja a la bola, como en una fiesta de pasión y fantasía enloquecedora. En contadas ocasiones reacciona con violencia, pero cuando lo hace entonces su proceder adquiere un carácter de ferocidad aterradora. Las dos grandes revoluciones, para sólo mencionar dos estampas de la historia, la de la Independencia de 1810 y la de la Revolución de 1910, son una muestra de la fuerza descomunal del pueblo que entonces explora nuevas posibilidades, que busca cambios radicales en su modo de vida y en el orden establecido. Harto de autoridades venales se convierten en un máquina destructora que implica saquear todo sin miramientos. Hidalgo en el Cerro de la Cruces se percata de que esa masa humana frenética nadie la podía detener y prefiere dar vuelta y redirigir la estrategia libertaria. Así el Cura de Dolores salva a la ciudad de México pero condenó a la nación a una guerra de un ímpetu incontrolable que no sacia su cuota de sangre en cuando menos 10 años. El mismo pueblo que oraba en la paz monacal de los tempos virreinales, el que se postraba frente al santísimo y se inclinaba respetuoso ante los dueños del poder y del dinero, de pronto surge con un intenso vigor cuyo impulso alcanza a derrumbar el sistema colonial para dar paso a la construcción de una nueva nación.

pancho villa revolucion mexicoComo ninguno de los pueblos hispanoamericanos, México se expresa con tal ardor que todas las modernas naciones de la región lo miran con admiración y respeto. Soporta las peores vejaciones pero sin insinuar nada, sin advertir lo que en el interior del crisol de la sociedad se fermenta, ocurre la masa crítica y se dan las condiciones adecuadas para la explosión que desmantela piedra por piedra el edificio de una estructura política otrora imbatible.

Mucho se puede censurar la activa protesta magisterial del último mes en la ciudad de México, pero la autoridad parece no reparar en el hartazgo de un pueblo que hasta ahora ha sido sumiso y considerado. La riqueza ofensiva, el poder corrompido de la clase política, la desfachatez y estulticia de las elites económicas que sólo miran para sus intereses, son elementos que han llegado a niveles francamente extremos. México es el país de contrastes absurdos, donde 10 personas concentran cantidades ingentes de capital, del hombre más rico del mundo, donde todo es más costoso y esas familias privilegiadas no se sacian. La energía eléctrica, la telefonía, la gasolina, el sueldo de los políticos, todos los servicios municipales son los más onerosos y deficientes del mundo, comparables con los de los países africanos que viven en perores condiciones.

Policia-Comunitaria-GuerreroCon sólo Reformas no se solventa nada, porque no desperece el origen de la protestas y el sentimiento de insatisfacción prevalece. Las elites y los gobiernos parecen no comprender lo que sucede bajo sus pies, en las aceras de las calles, en las más importantes ciudades del país. Hay alarma por la creciente violencia, por la desobediencia civil, por los descabezados, los desaparecidos, los mutilados de una guerra que no se sabe exactamente a qué está respondiendo, si al dinero o a la toma de poder frente a un gobierno errático. Los narcos, el crimen organizado y las policías comunitarias comparten el mismo linaje, el mismo espacio y las mismas tradiciones. La intimidación, el juego del terror, los desafíos ante la autoridad legítima pero incompetente y mendaz, la provocación y el miedo se mezclan para conformar una mixtura explosiva que pone en riesgo al Estado, a la Nación.

Hay desorientación y el desconcierto procede de un impreciso diagnóstico de quien gobierna. México vive tiempos peligrosos. Reforma o Revolución es una circunstancia riesgosa de cualquier manera. La disyuntiva es inquietante y no sobra aplicar el pensamiento y tratar de dilucidar el camino que sigue.

alfonso-51*Alfonso Bulle Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales. Actualmente trabaja en un libro de poemas.