Desarticulado y fragmentado, el apoyo financiero al campo, la pesca y el desarrollo rural

En los primeros días de septiembre, empezó a circular un proyecto de decreto en la Comisión de Hacienda para crear la Financiera Nacional, institución que sustituirá a la actual Financiera Rural (FR).

El Barzón

A partir de dicha propuesta, el gobierno y la Secretaría de Hacienda pretenden dar una respuesta a la exigencia del Frente Autentico del Campo (FAC) que propuso formalmente la iniciativa de constituir el Banco Nacional de Fomento Agropecuario, Pesca y Desarrollo Rural.

El gobierno nos responde sólo con el cambio de denominación de la actual Financiera Rural. Ahora quiere constituir la Financiera Nacional de Desarrrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero, pero lo quiere hacer sólo con lo que hoy tiene de recursos, patrimonio de la actual FR.

El grave problema es que con dicha iniciativa se consolida la existencia de un sistema de financiamiento totalmente desarticulado y donde todos los servicios relacionados con el crédito permanecen dispersos y fragmentados en un montón de fideicomisos y fondos, mandatos e instrumentos regados en muchas instituciones y dependencia públicas.

Lo que el gobierno pretende es dejar a los productores agropecuarios, pescadores y al desarrollo rural sin una verdadera institución bancaria.

Se niegan a que el nuevo organismo se convierta en una Sociedad Nacional de Crédito y la siguen dejando sólo como un organismo descentralizado de la Secretaría de Hacienda. Al campo le niegan la importancia que le dan a otros sectores con Banobras, Nafin o Sociedad Hipotecaria Federal.

La propuesta del FAC es la de crear un sistema nacional de financiamiento para el fomento agropecuario y el desarrollo rural.

Se trata de reconstruir el compromiso y las instituciones del estado para financiar la producción de alimentos y garantizar que fluyan inversiones hacia las zonas rurales que permitan alcanzar la modernización de la infraestructura social y productiva, promuevan mercados regionales, disminuyan los graves problemas de pobreza y desigualdad y cierren las enormes brechas que existen entre los polos de mayor desarrollo y las regiones con grandes niveles de marginación.

La decisión es formar el Banco Nacional de Fomento Agropecuario, Pesca y Desarrollo Rural. Se trata de una nueva institución financiera que surgirá a partir de la integración de los Fideicomisos Relacionados con la Agricultura (FIRA), de la Financiera Rural, del Fondo de Capitalización e Inversiones del Sector Rural (FOCIR), del Fideicomiso de Riesgo Compartido (FIRCO) y de todos los otros mandatos, fondos e instrumentos que tienen que ver con el crédito, las coberturas de precios, los fondos públicos de aseguramiento y los esquemas de garantías, los cuales están dirigidos o tienen que ver con el desarrollo agroalimentario y la vida en las comunidades rurales.

EL DESPLOME

TRACTOR CAMPOEl diagnóstico es contundente. Desde la crisis financiera de 1994-1995 se desplomó el financiamiento para la actividad agrícola.

Las instituciones de la banca privada prácticamente abandonaron el crédito de avío y refaccionario dirigido a la producción de alimentos, y el gobierno desapareció las instituciones de fomento y debilitó significativamente su presencia como agente promotor del desarrollo en las zonas rurales.

No podemos permitir que el campo reciba sólo el poco más del 1% de los créditos (escasos también) que recibe el conjunto de la economía y que el financiamiento se concentre en menos del 8% de los productores.

El financiamiento es inexistente. Sólo una porción de muy poco significado de los créditos que recibe la economía nacional tienen que ver con la producción de maíz, frijol, trigo y arroz y hacia la actividad ganadera y la producción de carne.

Los pocos créditos disponibles están en extremo concentrados en la gran comercialización y el procesamiento de alimentos.

La persistente sequía financiara se ha constituido en un daño estructural que impide desplegar el enorme potencial de muchas unidades de producción y elevar la calidad de productos que se demandan en el mercado nacional y por el consumo internacional.

Las antiguas instituciones de fomento fueron sustituidas por una diversidad de fondos y fideicomisos atrapados en la fragmentación y dispersión de esfuerzos y recursos, lo que hace imposible el cumplimiento de objetivos de trascendencia productiva.

Los intermediarios financieros no bancarios no han podido ni podrán llenar el enorme vacío que dejó el Estado en el financiamiento agrícola.

LA PROPUESTA

FINANCIERA RURAL LOCALEl primer paso a dar es la reconstrucción y unificación de las instituciones y dependencias públicas en un solo banco nacional.

El objeto principal del Nuevo Banco será el de facilitar el acceso al crédito. En las operaciones se cuidará el capital y la sustentabilidad de la institución a partir de un manejo responsable del financiamiento.

El Banco va a requerir de certezas mayores en las disposiciones presupuestales que aprueben los legisladores para extender el crédito hacia un número mayor de productores hacia financiamientos más flexibles, sobre todo a los productores pequeños y medianos y a las organizaciones que se han constituido para reducir el costo del financiamiento -en materia de subsidios- a tasas de interés y garantías acordes a cada segmento de la economía en las zonas agrícolas y pesqueras.

La base principal de la flexibilidad y el otorgamiento de créditos blandos tendrán que ser los subsidios y apoyos que las Cámaras del Congreso aprueben en forma creciente y bajo los esquemas de la multianualidad.

El Banco será una Institución Nacional de Crédito y podrá fondearse en los mercados financieros.

Sus funciones serán precisas: otorgará financiamiento y captará ahorro. Operará en el primer y segundo piso. Promoverá aportaciones de capital en riesgo compartido y desplegará una política amplia para la disminución de los costos financieros en materia de avalúos, seguros, estudios, comisiones, fianzas y constitución de figuras asociativas.

A partir de la institución se desplegará el sistema nacional de garantías y los instrumentos de administración de riesgos comerciales.

Una de sus responsabilidades mayores será de garantizar el apoyo para el fortalecimiento de cooperativas y sociedades de ahorro y préstamo y las otras figuras de intermediación que permitan extender el financiamiento y permitir mayores beneficios a los productores.

Este Banco será el garante para asegurar la buena formulación de proyectos de inversión, los planes de negocios individuales y colectivos, la creación y consolidación de empresas, la asistencia técnica y la innovación tecnológica y el extensionismo financiero.

Se trata de que esta institución contribuya en el apoyo a la investigación en el campo agroalimentario. Será un acompañamiento de principio a fin para asegurar el éxito del proyecto y las recuperaciones del crédito.

Este Banco llenará otro vacío: el del financiamiento para el desarrollo rural.

Los gobiernos municipales y estatales -y también las entidades privadas- serán sujetos de crédito para el desarrollo de infraestructura social y productiva, y los gobiernos no tendrán que limitarse a las partidas de subsidios federales, sino que podrán contar con financiamientos para la construcción y modernización de obras hidro-agrícolas, sistemas de almacenamiento, programas de cuidado y conservación ambiental, caminos y esquemas de transportación, construcción de rastros, plantas beneficiadoras para elevar la calidad y certificación de productos, y todo aquello que tenga que ver con la inversión en bienes públicos de carácter productivo y el mejoramiento de la calidad de vida de la población rural.

Es decir, el Banco puede y debe convertirse en la garantía de un desarrollo integral, tanto en materia de producción de alimentos, así como de modernización y prosperidad en las comunidades rurales.