Obesidad, diabetes, pobreza y hambre están asociadas. Los impuestos a refrescos y bebidas azucaradas deben destinarse a subsidiar alimentos sanos.

Para determinar el impacto que podría tener el aumentar el impuesto a bebidas azucaradas, como lo propuso en la Reforma Hacendaria el presidente del país, Enrique Peña Nieto, se tiene que determinar la amplitud, la profundidad y la intensidad del impuesto, expresó Arturo Jiménez Cruz, coordinador de la sección Latinoamericana de la Sociedad Americana de Obesidad.

Elizabeth Ruiz Jaimes / El Economista

El investigador explicó que el impuesto deberá ser lo suficientemente alto para desincentivar el consumo de refrescos, lo suficientemente amplio para que entren las bebidas azucaradas en general o con fructosa añadida y con la profundidad necesaria para apoyar el subsidio a alimentos saludables.

“Otro punto importante es saber en qué se van a utilizar esos recursos. Si se van a utilizar para investigación o para prevenir obesidad podrían tener un impacto grande, porque la obesidad es un problema multifactorial donde una sola acción no puede tener un gran efecto”, refirió.

OBESIDAD, POBREZA Y DIABETES

De acuerdo con la Revista Ciencia de la Academia Mexicana de Ciencias, existen evidencias de que obesidad, diabetes, pobreza y hambre están asociadas. La falta de una mejor distribución de los ingresos, una cobertura universal de servicios de salud completos (incluyendo exámenes de laboratorio, equipo de monitoreo, medicamentos, etcétera) y la presencia de periodos de hambre o riesgo de hambre en la población mexicana aumentan el riesgo de diabesidad, sus implicaciones sanitarias y el costo para el gobierno y para las familias.

hambre y pobreza en méxico

“Se ha visto que todos los problemas de obesidad, diabetes y componentes del síndrome metabólico son más frecuentes en personas de bajos ingresos y bajo nivel de educación. Esto lo hemos visto en México en estudios realizados en Tijuana, pero también en Estados Unidos, Suecia, Inglaterra, en población migrante y población menos privilegiada”, dijo.

Jiménez Cruz mencionó que desafortunadamente ésta es la población que consume más refrescos y bebidas azucaradas, por lo cual la medida presidencial “es un impuesto más para ellos”. Ante ello, el Coordinador propone “un plan integral donde tendría que haber una especie de compensación para esta población, un subsidio a alimentos saludables, al agua potable, frutas y verduras para compensar el efecto que esto tendría”.

REFRESCO
 Y ESTATUS

Consumir refresco en México sigue siendo una cuestión de estatus.

“Es lo mismo que pasó con el cigarro, ahora que se está tratando de eliminar el consumo del tabaco es cuando las clases de bajos ingresos están fumando más. Lo mismo pasó con el refresco”, explicó Jiménez Cruz.

De ahí su insistencia a plantear una estrategia integral, pues la política no debe dirigirse sólo a adultos y jóvenes, “se tiene que intervenir desde el embarazo y en los primeros dos años de vida”.

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Según el especialista en endocrinología y nutrición, los factores que pueden determinar la obesidad en la etapa adulta están presentes en los primeros tres años de vida, además de los factores genéticos prenatales y postnatales. Por lo tanto, posterior a dicha etapa muchos de los demás esfuerzos, aunque son buenos, ya tienen una efectividad de moderada a baja.

Por ejemplo, las mujeres con diabetes estacional que no son tratadas adecuadamente, las mujeres con desnutrición o las mujeres con obesidad durante el embarazo aumentan el riesgo de que sus hijos sean niños y luego adultos con obesidad y diabetes. Debido a esto, se recomienda que “en los primeros dos años de vida no se debería de consumir nada de agua con azúcar añadida”.

“Los estudios que hemos hecho en Baja California, Tamaulipas y Chiapas demuestran que más de 60% de niños antes de los dos años ya están tomando bebidas con azúcar añadida. Ése es un periodo fundamental porque ahí se desarrollan los gustos y el rechazo a los alimentos, y en estos lugares se está estimulando el gusto por refrescos dulces, por lo salado y por lo grasoso”, enfatizó el investigador adscrito a la Universidad Autónoma de Baja California en Tijuana.

Mencionó el hecho de que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología no haya apoyado más de 20 proyectos de investigación sobre prevención de obesidad en las últimas dos décadas, cuando México tiene 25 años con alta prevalencia de obesidad en niños y adultos.

El aumento sirve si es alto

Miembros de organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas exigieron que el incremento del impuesto a las bebidas azucaradas no sea de 1 peso por litro sino de 2 pesos, para que la medida sea efectiva y reduzca el consumo de refresco, la obesidad y la diabetes.

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Cada vez más jóvenes enfrentan graves problemas de salud, incluida la diabetes, por el alto consumo de refrescos y otros alimentos chatarra.

Invitados por la senadora del PAN, Marcela Torres, integrantes del Instituto Nacional de Salud Pública, Al Poder del Consumidor y Fundación Mídete expusieron en conferencia de prensa que el incremento de 2 pesos por cada litro de las bebidas endulzadas es una recomendación a nivel internacional y nacional.

Anabel Velasco Bernal, del Instituto Nacional de Salud Pública, dijo que si el precio del refresco se aumenta 10%, el consumo podría reducirse entre 10 y 13%, pero si el impuesto incrementa 20%, la reducción sería entre 20 y 26 por ciento.

“Nosotros asumimos que en México el consumo de refresco es de 163 litros por persona. Puede reducirse en un rango de 141 a 146 litros per cápita con un impuesto de 10% y puede disminuir aún más el consumo con un impuesto de 20%se reduciría entre 121 y 130 litros por persona”, comentó.

Además, si se incrementa 1 peso por litro, habría una reducción de la obesidad y sobrepeso en 1%, en un periodo de 10 años, lo que representaría ahorros de 6,000 millones de pesos en costos directos de atención a la salud, concretó.

“Con un impuesto de 20%, la reducción en la prevalencia sería de 2% y los ahorros alcanzarían hasta 13,000 millones de pesos”, exclamó, y completó que también habría menos personas con diabetes.

No obstante, Luis Encarnación, de la Fundación Mídete, destacó que, a la par del impuesto, el gobierno debe garantizar el acceso al agua potable en las escuelas, casas y espacios públicos.

“Exhortamos a los legisladores a no dejarse presionar por las industrias y aprobar este impuesto, cuyo objetivo es proteger el derecho a la salud y a la alimentación sana de los mexicanos”, opinó.

Mientras, la senadora Marcela Torres recordó que varios legisladores apoyan desde hace tiempo un gravamen especial para los refrescos.

(Con información de Tania Rosas)

México, el país que más consume refrescos en el mundo

El porcentaje de obesidad entre los mexicanos se disparó del 9,5% de 1988 al 32% en 2012 y, si se considera también el sobrepeso, afecta al 70% de los 112 millones de mexicanos, según un reporte de la Academia Nacional de Medicina de 2013.

SDP Noticias/ MVS

Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, destacó que “hubo un cambio de hábitos alimenticios que se agudizó muy fuertemente (…) en los últimos 20 años por una mayor penetración de la industria de alimentos procesados”.

Agregó que México, al abrir su economía con una cifra récord de tratados de libre comercio, se “entregó a los valores mercantiles de empresas transnacionales que desplazaron la alimentación tradicional”, a través de una “brutal” publicidad libre de regulaciones.

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Cantidad de azúcar que se consume al año tomando dos refrescos diarios. Suficiente para aumentar en 60% la probabilidad de padecer obesidad y diabetes.

Históricamente, los mexicanos se habían alimentado de productos derivados del maíz, así como de frutas, verduras y hierbas. Pero basta recorrer las calles de la superpoblada Ciudad de México para constatar las modificaciones que ha sufrido ese menú: tacos y tortas de carne de cerdo y res, huevo, quesos, embutidos, así como una gran variedad de frituras y bebidas azucaradas.

Actualmente, México es el mayor consumidor de bebidas azucaradas del planeta con 163 litros por persona al año, según un estudio de la Universidad de Yale, y el segundo, sólo detrás de Estados Unidos, con el mayor índice de obesidad.

México también lidera el número de muertes asociadas al consumo de bebidas azucaradas, con 22.020 fallecimientos anuales de los 180.000 que se producen en el mundo, según otro estudio de Harvard.

Esta cifra dobla las alrededor de 10.000 muertes por asesinatos vinculados al crimen organizado que se cometieron el año pasado en el país.

Refresco vs agua

La economía mexicana, la segunda más grande de Latinoamérica después de Brasil, creció 3,9% en 2012, pero la mitad de los mexicanos viven en la pobreza y 7,4 millones enfrentan inseguridad alimentaria y pobreza extrema.

En muchas de las comunidades pobres existe además “un problema del acceso al agua” que les empuja a consumir refrescos, expone a la AFP Yuritzin Flores, activista de Oxfam, una ONG internacional que combate la pobreza.

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La Coca-Colanización de México

Entre comprar agua embotellada o gaseosas, “la gente prefiere la bebida que le da más energía y estatus”, explica.

El gobierno de México anunció recientemente una estrategia contra el sobrepeso, sin dar detalles. En tanto, ese problema sigue causando enfermedades crónicas como diabetes, problemas cardiovasculares y hasta algunos tipos de cáncer.

Se calcula que los costos directos e indirectos derivados de los problemas de peso alcanzarán los 150.000 millones de pesos hacia 2017 para el sistema de salud público mexicano.

El motivo más frecuente de hospitalización en México es el tratamiento no quirúrgico de infartos, cuadros de hipertensión y diabetes, que padece el 14% de la población y causa 80.000 muertes al año.

Varias clínicas empiezan a ofrecer -gratuitamente o a costos reducidos- cirugías bariátricas, un procedimiento que reduce la capacidad estomacal y de absorción de alimentos.

Leticia Bautista, investigadora en temas de obesidad de la pública Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), asegura que esa intervención quirúrgica “es una oportunidad de vida” para los obesos mórbidos.

A finales de 2012 se propuso en el Congreso un impuesto para las bebidas azucaradas, así como una regularización de la publicidad, pero hasta el momento las iniciativas no han prosperado, entre otras cosas debido al cabildeo de la poderosa industria.