Bicicletas, la imaginación sobre ruedas.

Artefacto tecnológico, social y político, con un fuerte carácter ecológico y de sustentabilidad, así podría presentarse

Lourdes González Lara / A los Cuatro Vientos*

Este invento es la evolución de la simple rueda que hoy disfrutamos in crescendo millones de seres humanos, con los más diversos fines. Este artefacto alguna vez inexistente, alguna vez fuera de la sutil realidad de los sueños posibles, según los historiadores, irrumpió en la imaginación humana en sus formas más arcaicas, en un lejano y remoto Egipto, en las aún no sobrepobladas China e India.

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Boceto de Leonardo Da Vinci, hacia 1490 (Biblioteca Ambrisiana de Milán) [1]

Los registros no son claros, pero se dice que era un aparato de impulso humano con mérito suficiente para nombrarlo precursor de la bicicleta. Sin embargo, el vestigio más antiguo similar a la bicicleta contemporánea se encuentra en la obra “Codex Atlanticus”, de Leonardo da Vinci, donde aparece el boceto que el genio del Renacimiento había pensado hacia 1490, con una transmisión de cadena como las que actualmente se utilizan.

También emparentados con el biciclo, existieron en la segunda mitad del siglo XVII unos simpáticos vehículos de dos ruedas que se impulsaban con los pies.

Fue en 1690 cuando el conde Mede de Siyrac inventó la “cèlèrifere”, con soporte, “cuadro” o bastidor de madera, una almohada por asiento y sin manubrios. En el Bicycle Culture Center (BCC) de Tokio Japón, se exhiben “cèlèriferes” en forma de animales.

Evolución

Fue hasta 1816 que en Alemania se crea la “draisiana” (en honor a su inventor), vehículo de dos ruedas con una manivela sobre el cuadro que permitía el giro de la rueda delantera.

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Draisiana 1830

Este modelo inspiró a inventores de Francia, Inglaterra y Alemania quienes aportaron su talento e innovaciones notables. Finalmente en Inglaterra se conocieron los primeros prototipos de “balancines que eran más ligeros que la “draisiana”, incluían un asiento que se acomodaba a voluntad y soporte para el codo. Aunque nació con patente estadounidense en 1819, no despertó gran entusiasmo.

En sus orígenes, la bicicleta se concibió como el remedio ideal para el desplazamiento humano, no requería alimento ni cuidados como los animales de carga, la energía humana era suficiente y con ella se acababa la necesidad de dar cuerda a una manivela, además era fácil de guardar.

En su devenir, que seguiremos revisando, la bicicleta pasó de ser privilegio de unos cuantos a beneficio democrático de mayorías. Se convirtió en artefacto tecnológico, social y político, con un fuerte carácter ecológico y de sustentabilidad, pero ante todo, en símbolo de libertad y entusiasmo, de ligereza y buen humor. En signo de que el espíritu de aventura sumado a la energía metabólica bastan, cuando para más no hay, o cuando habiendo, la elección es clara y sencilla, porque aún en condiciones adversas, sentir el viento sobre el rostro tiene mucho de poesía y libertad.

La tecnología con la que se desarrolló este medio de transporte y de diversión aparentemente es sencilla, pero no por eso menos trascendental

La bicicleta, este maravilloso artefacto en auge, tuvo sus primeros atisbos en rudimentarios antepasados atribuidos al antiguo Egipto, China e India. Fue el inspirado y creativo genio del Renacimiento, Leonardo Da Vinci, quien de nuevo, poniendo un pie en el futuro posible, a fines del siglo XV va más allá al perfilar un diseño básico que sirvió de inspiración a creativos posteriores que modificaron gradualmente el modelo del biciclo aportando ideas, piezas, materiales, ensayos y errores.

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Bicicleta en la exposición de «Leonardo Da Vinci, el genio», en Arte Canal en Madrid. Modelo creado a partir del boceto de Codex Atlanticus.

Así llegamos a 1839, cuando en Escocia un herrero de nombre Kirkpatrick MacMillan, agregó al invento las palancas de conducción y los pedales. Esto daba a los antiguos precursores del tipo de la Draisiana, aquel artefacto de estructura de madera impulsado directamente por los pies en el piso, una caracterísitica totalmente nueva. MacMillan había logrado que la máquina fuera impulsada por los pies, sin que éstos tocaran el suelo, al empujar  hacia abajo y hacia adelante. Con esta “bicicleta” realizó un viaje de 65 kms. a una velocidad promedio de 13 kms./hr. Macmillan nunca patentó su invento y sin perseguir fama ni gloria prefirió una vida apacible en el campo. Otros vieron el potencial, y en 1846, de nuevo un escocés mejora el modelo y lo nombra “Dalzell”, que fue muy utilizado en Gran Bretaña.

Mccallvelos

Vinieron más creativos: Ernest Michaux, Phillip Moritx o Galloux, que construyeron  bicicletas a pedales para su uso particular. El invento de Michaux “la Michaulina” se produjo en serie tras despertar el interés de las clases populares y fue muy solicitado en Francia.

También en Gran Bretaña se popularizó su uso bautizando a la bicicleta con el nombre coloquial de “quiebrahuesos” ya que sus ruedas, hechas aún de metal, provocaban  una gran vibración en todo el cuerpo al viajar por caminos de  terracería o adoquín.  Esto llevó a que en 1869 se incorporaran los neumáticos de goma, muy resistente y amortiguadora, montada sobre los aros de acero. A partir de entonces, el novedoso vehículo se patentó en Gran Bretaña con el nombre de bicicleta.

En 1873 James Starley produjo la bicicleta que más asociamos con su imagen antigua, la de la gran rueda delantera que era tres veces mayor que la trasera.

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Thomas Stevens. El 7 de enero de 1887, el norteamericano realiza el primer viaje en bicicleta alrededor del mundo. Partió de San Francisco y regresó a la misma ciudad después de pedalear durante más de tres años. Su alucinante bicicleta: una penny-farthing, que no tenía neumáticos –aún no los inventaban-, rodaba sobre las llantas, pesaba bastante, ya que estaba hecha de hierro, y era muy alta e inestable. Al terminar su vuelta escribió el “Aroun the world on a bicycle” (alrededor del mundo en bicicleta).

La bicicleta continuó ganando aceptación y fama, y en 1887, Thomas Stevens, norteamericano temerario y viajero, “da la vuelta al mundo” partiendo del puerto de San Francisco California para regresar después de tres años y cientos de retos y anécdotas. Dos años más tarde la pasión por el ciclismo alcanza la categoría de competencia al surgir en Francia la primera carrera oficial organizada por los hermanos Olivier y en asociación con la fábrica de Ernest Michaux. Aunque sólo participaron siete ciclistas en un recorrido de  mil 200 metros en el parque de Saint Cloud de París, el entusiasmo por esta nueva forma de deporte detonó una especie de euforia que alimentó el espíritu de investigación y llevó a innovadoras tecnologías para refinar el biciclo y hacerlo más cómodo, veloz , estable y eficiente.

NdeE: [1]  El profesor Marinoni, encargado de transcribir el Codex Atlanticus, para una edición nacional de los manuscritos de Leonardo, recibió las fotografías de cada folio. En la fotografía del folio 133v, aparecen la bicicleta junto a otros dibujos. Cuando se conocieron los dibujos, los estudiosos los juzgaron en forma diversa. Reti, negaba en forma rotunda que fueran auténticos. Es sin duda una bicicleta – dijo – pero es falsa. Carlo Pedretti observó el manuscrito estando las hojas encoladas, y a través de una fuerte luz, solo pudo ver dos círculos y algunas líneas transversales. Esos círculos se habrían convertido en las ruedas y las otras líneas habrían sido utilizadas para agregarle el manubrio y el asiento. Lessing se basó fundamentalmente en esto para descartar la autenticidad de la obra. En Marinoni. 1974. El “bosquejo bicicleta”, como fue descubierto en 1974 durante la restauración del Codex Atlanticus, atribuido a Da Vinci. Se celebraron conferencias sobre este descubrimiento e infinidad de artículos académicos escritos hasta 1997 sostienen que se trata de una falsificación del siglo 20. «Leonardo Da Vinci en realidad no inventó la bicicleta. Pero es una idea romántica».

LOURDES-LULU-GONZALEZ*Lourdes Araceli González Lara. Encargada del Área Académica del Centro Estatal de las Artes de Ensenada (CEARTE) *Bicicletas, la imaginación sobre ruedas, fue escrito en tres partes. A los 4 Vientos publica aquí dos de las tres partes, quedando pendiente la tercera para una próxima edición.