Las Reformas siempre generan suspicacias, pero son indispensables.

Los extremismos impiden examinar con claridad los sucesos de la vida política, siempre apasionantes y llenos de vitalidad. También es oportuno reconocer que los puntos intermedios y ponderados no es cosa fácil tratándose del tema educativo. Corren versiones inopinadas y en ocasiones absurdas en ambos lados de la cuerda con el consecuente diálogo de sordos. La batalla por la Reforma Educativa hace patente el aprieto en el que se encuentran los poderes de la Unión. El Estado y el orden constitucional vigente son señalados por los grupos opositores como la causa principal del la crisis. En este sentido no es la reforma lo que importa, sino la legitimidad de la vida pública en su conjunto la que se ha puesto en entredicho.

Alfonso Bullé Goyri/ A los Cuatro Vientos

Desde el siglo de la Independencia, la idea de Reforma crea controversia. Juárez y su grupo cercano escribieron uno de los capítulos más intenso de la historia patria. La Reforma del XIX también generó enormes suspicacias y constituyó una de las confrontaciones más serias que colocaron al país en un callejón estrecho, no exento de eventos violentos. Intereses de todas partes confluían y operaban como pesada loza que frenaba el desarrollo. No es sino hasta el advenimiento del segundo gobierno de Díaz que el país entró en una relativa calma.

Pero el siglo XIX no logró estabilizar del todo al país y en la primera década del XX se inicia uno de los eventos más dramáticos de la vida mexicana de todos sus tiempos. La Revolución de 1910 con su secuela de sangre y violencia inaudita, alcanzó su objeto hasta diez años más tarde. Después, más o menos el país entró en un periodo de calma, con la excepción de la guerra cristera, de índole religiosa que aún despierta ánimos encontrados. Los movimientos estudiantiles de los 20, los 60 y 70(s), alteraron más la vida universitaria más que el orden nacional, aunque sus efectos se hicieron sentir en todas las estructuras del Estado.

Cabe señalar que durante el siglo pasado, el ideal educativo consignado en el artículo tercero constitucional se encontraba en el mismo carril que los objetivos que explícitamente pretendía el Estado en su conjunto. La idea de una educación científica, laica, pública se correspondía con el ideal de modernización, entendida como industrialización, como racionalización de los procesos agrarios y una consecuente infraestructura que permitiera el flujo de mercancías. El país después de la II Gran Guerra experimentó crecimientos espectaculares de poco más de 9% anual.

Ahora ese México se ha diluido. Las condiciones del mundo han sufrido un vuelco espectacular en los últimos 30 años y el país parece experimentar una situación que no se corresponde con las condiciones de la globalización universal. El contexto es distinto y hoy el proceso educativo no sólo debe estar en coordinación con políticas de inserción al mundo contemporáneo, fundado en una fuerte competencia. Por eso son importantes y decisivas las reformas, para construir un México justo, equitativo y dinámico, donde su población pueda acceder a los beneficios que brinda el mundo posmoderno.

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Sin embargo, todo lo dicho es un esquema historicista y explicativo. La realidad está ahora en las calles. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es una organización cuyos preceptos programáticos están en sintonía con una visión revolucionaria de corte marxista. Son grupos nacionalistas que, además, proponen un esquema de cambio fundado en la lucha de clases para la consolidación de una dictadura, la dictadura del proletariado. Hay que leer sus tesis principales para comprender que su propuesta no puede ser entendida ni se explica dentro del diseño de una sociedad globalizada, fundada en principios democráticos y en la sujeción de todos los actores a la ley. En este orden mundial los nacionalismos son vistos con cierta suspicacia, la lucha de clases como un condición superada en la sociedad mundial lo que supone, en algún sentido, que las posturas nacionalistas impiden el flujo más dinámico y agresivo de capitales, de personas y de mercancías.

El acuerdo no puede existir cuando algunos sectores de la sociedad no están dispuestos a ceder ciertos privilegios e intereses que entran en conflicto con la idea global imperante. Se piensa que la evaluación y el esquema fundado en el mérito individual, las aptitudes, el esfuerzo y la competencia personal contravienen los derechos laborales adquiridos del trabajador.

Pero si México quiere insertarse en el mundo global, tendrá que reformarse. No hay más opción. Y si las mayorías de sociedad se oponen, con legítimo derecho, entonces tendrá que cargar con las consecuencias y sólo el tiempo podrá decir si esta actitud es la correcta. De cualquier manera, la encrucijada esta a la vista; de cualquier manera, no sobra la reflexión y la ponderación para cualquiera de los caminos que se tomen. Ya pasaran los momentos de crisis, confiamos que no sean demasiado violentos, y luego, ya que la tromba haya pasado, se podrá evaluar lo que esta generación hizo con su presente.

alfonso-51*Alfonso Bulle Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales. Actualmente trabaja en un libro de poemas.