Museo de Historia de Ensenada: tiempos de cambio.

El pasado día 22 de agosto de 2013 el comité directivo del Museo de Historia de Ensenada, A.C. en sesión de asamblea, nombró como Directores al arquitecto Raúl Villarino Ruiz y a Carlos Lazcano Sahagún.

Moisés Santos-Mena* / A los Cuatro Vientos

La del museo es una larga y sinuosa historia, se trata de una Asociación Civil que se formó a partir de 1991 con el objetivo de fomentar entre los habitantes de la comunidad ensenadense el aprecio por sus raíces, estudiar la Historia regional y local, coleccionar objetos de interés e importancia histórica y exhibirlos adecuadamente. Carlos Lazcano Sahagún fue fundador y director del Museo de Historia de Ensenada por un periodo de dos años (1991-1993), le sucedió en el cargo el Sociólogo Manuel Ibarra León por 18 años, hasta finales del 2011. En la actualidad, el museo es dirigido por un consejo recién nombrado y la atención al público está a cargo de la Socióloga Aurora Ramírez Chávez.

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Museo de Historia de Ensenada. Foto: Moisés Santos-Mena

  El museo, ubicado en las instalaciones del Centro Social, Cívico y Cultural Riviera del Pacífico, fue inaugurado el 20 de mayo de 1993. A la fecha cuenta con cuatro salas en las que se exhiben utensilios y pinturas que recrean el pasado indígena de la región, objetos y fotografías que nos ilustran sobre la época de las exploraciones novohispanas y de las misiones, y una sala dedicada a la minería en Real del Castillo. El proyecto completo a futuro contempla a un total de ocho salas con temas como: «Ranchos y Colonos», «Fundación de Ensenada y las Compañías Colonizadoras Extranjeras», «Ensenada al Inicio del Siglo XX» y «Ensenada, Segunda Mitad del Siglo XX». Además, cuenta con una sala para exposiciones temporales, tienda de libros, revistas y artesanías. También se imparten cursos y talleres sobre Antropología, Arqueología e Historia de Baja California, se hacen salidas de campo y visitas a sitios de interés. Se reciben a grupos escolares (primaria, secundaria, bachillerato, etc.), familias y turistas y se ofrecen visitas guiadas.

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Sala Indígena del Museo de Historia de Ensenada. Foto: Haydee Noble

El museo ha dependido en gran medida de los donativos y de las entradas por visitar las salas en funcionamiento (5 pesos por niño y 10 por adulto), pero ha tenido poco éxito por varios factores: la sociedad ensenadense todavía no le da debida importancia al entendimiento de los procesos históricos que nos conformaron: nuestra identidad es débil y tendemos a mirar y compararnos demasiado con California en los Estados Unidos. Otro factor fue que el empresariado ensenadense en general tampoco ve el beneficio de apoyar un proyecto de estas características. Además, el fastuoso inmueble  que alberga al museo tiene sus limitaciones de espacio y, su naturaleza como edificio histórico, no permite que se hagan adecuaciones para un funcionamiento más eficiente de las salas. Por último, el museo ha tenido una política muy errática e informal para promover el proyecto y se ha fallado en transmitir adecuadamente las bondades y ventajas del mismo, también ha fallado al no apoyarse en los usuarios y no alentar y mantener ocupado a un voluntariado que se desanima y se dispersa fácilmente -en honor a la verdad: tampoco ha contado con personal para hacerlo, así que depende del tiempo y del esfuerzo de una o dos personas-.

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Centro Social, Cívico y Cultural Riviera de Ensenada, edificio que alberga al Museo de Historia.

Con este muy personal diagnóstico, hace casi tres años el historiador Horacio González Moncada y yo consideramos que había llegado el momento de reflexionar, proponer e involucrarse para ayudar al proyecto. Por eso Horacio gestionó esta herramienta de red social para promover, difundir pero sobre todo, mantener el contacto con los visitantes, usuarios y probables clientes (que incluso podrían convertirse en futuros voluntarios y patrocinadores).  Esta fue una iniciativa espontánea, voluntaria y de buena fé a la que cualquiera podía sumarse, la única condición era que aportaran sus ideas con el mejor de los espíritus y para beneficio del museo. Se alentaba el diálogo y la discusión pero siempre con respeto. Las críticas fueron bienvenidas bajo el mismo principio y el reconocimiento al esfuerzo ya vertido. Lo que más se necesitaba eran propuestas acompañadas de compromiso y de acción: quien propone también debe comprometerse e involucrarse para llevar adelante la propuesta.

Sin embargo, buscando sobrevivir el museo fue perdiendo autonomía, ahora podría convertirse en un apéndice de otras instituciones -a las cuales no criticamos ni reprochamos, antes bien reconocemos-. Quizás le irá mejor al museo, no lo sabemos, creemos que se tuvo la oportunidad de reestructurarse sin perder su identidad propia, pero la crítica situación en que se colocó, su aislamiento y bajo perfil le quitó espacio y tiempo de maniobra para fortalecerse y consolidarse por sí solo. No nos hacemos ilusiones: por inexperiencia hubo varios errores en la forma en que se manejó el museo, algunos muy desesperantes por obvios, pero también hubo logros notables que deben ser reconocidos, no por que sea lo políticamente correcto, sino por elemental justicia. Veinte años de funcionamiento continuo y cuatro salas abiertas al público no son resultados despreciables. En lo particular a mí -Moisés Santos- me duele porque fui guía y docente en el museo por casi cuatro años y le tengo aprecio a la institución por las oportunidades de crecimiento personal y profesional que me brindó. Sinceramente esperamos que este esfuerzo haya ayudado en algo a los propósitos del museo y que le haya permitido mantenerse vigente y presente en el ánimo de los usuarios.

Aclaro que nunca publicamos cosas vinculadas a partidos ni a campañas políticas, pero sí hemos publicado artículos y textos que incitan a la reflexión y a la discusión. Porque hacer política no es afiliarse a un partido o hacer “grilla” panfletaria, sino preocuparse y ocuparse por el bien común del lugar que se habita. Porque la Historia no es solamente el relato de anécdotas cotidianas del pasado sin peso ni trascendencia sobre nuestra realidad presente, no se limita a recordar con nostalgia y erudición episodios selectos. La Historia sin reflexión ni discusión no influye ni tiene efecto sobre la muy necesaria hambre de cambio de nuestro país, de nuestro estado y de nuestra ciudad. Es evidente que en Ensenada URGE discutir ciertos temas actuales a la luz de nuestra Historia, la forma en que podemos aportar es trabajando sobre nuestra IDENTIDAD.

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Museo de Historia de Ensenada. Foto: Moisés Santos-Mena

Creo firmemente en la importancia de trabajar sobre nuestra IDENTIDAD, es decir, realmente conocer y reconocer nuestro entorno ensenadense y a nosotros mismos dentro de este paisaje. Al alcanzar ese autoconocimiento, por fin podremos aprender lecciones de nuestra Historia, ver nuestra riqueza interna y los tesoros que siempre estuvieron frente a nuestros ojos –nuestro patrimonio-, entonces sabremos apreciarlos, valorarlos, aprovecharlos y compartirlos sin comprometerlos, destruirlos o malbaratar nuestra primogenitura por un plato de lentejas…

Ha llegado el momento de que esta página voluntaria no oficial cierre su ciclo para dar lugar a otra que represente la nueva política institucional del Museo de Historia de Ensenada, A.C., quizás incluso ocasionalmente pueda colaborar y aportar algo en el nuevo formato. Les damos infinitas gracias por su generosa atención y esperamos que se agreguen a la nueva página oficial del museo la cual abrirá a la brevedad posible bajo administración a cargo del Sr. Rafael González Bartrina, miembro del Seminario de Historia de Baja California. Todos los contenidos de este sitio serán eliminados en un plazo de una semana. ¡Gracias de nuevo! ¡Ha sido una experiencia muy retroalimentadora!

Ensenada, Baja California, miércoles 28 de agosto de 2013.

*Moisés Santos-Mena, administrador de la página voluntaria