Mancera: ¡reprime o renuncia!

Al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, tirios y troyanos buscan “echarlo en medio” en este juego de dominó y vencidas políticas en que se ha convertido la aprobación de la reforma educativa.

Ricardo Monreal Ávila/ ACENTOS-Milenio

Reprime o renuncia, es la falsa disyuntiva que le están planteando al responsable del gobierno capitalino frente a las movilizaciones de la disidencia magisterial, que previsiblemente habrán de incrementarse en estos días, a pesar de todas las mesas de diálogo que se instalen, porque la decisión de las partes en conflicto parece inamovible: los maestros exigen la abrogación de la reforma educativa y el gobierno federal rechaza modificar un punto o una coma a los tres reglamentos que la harían posible, especialmente el de la Ley General del Servicio Profesional Docente, que, entre otras arbitrariedades, prevé el despido de docentes sin derecho a indemnización.

La pretensión es que el gobierno de la ciudad, por la vía de la represión, se convierta en el gato que saque las castañas del incendio en que amenaza convertirse la reforma educativa, por un error de negociación y cálculo político de sus promotores.

La pretensión puede llegar incluso al chantaje: “¿quieres nuestros votos para convertir al DF en el estado 32 del pacto federal? Pues danos antes una prueba de tu fe federalista: échanos una manita reprimiendo a los maestros. Coopelas o cuello”.

La reforma educativa trae un pecado político de origen: el despotismo ilustrado. La educación de calidad, un bien público necesario e indispensable, se decidió impulsarla con una práctica políticamente agotada y disruptiva, el centralismo autoritario. “La reforma a la letra, con sangre entra”.

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Maestros de la CNTE permanecen desde el pasado 19 de agosto en plantón por tiempo indefinido en el zócalo capitalino realizando movilizaciones diarias de rechazo a la reforma educativa y leyes secundarias que pretenden aprobar en el Congreso de la Unión (Publicado en Aristegui Noticias con información de Notimex y Foto: @webcamsdemexico)

De manera inconsulta, vertical, hermética y hasta tramposa (se pidió a los inconformes presentar ponencias y propuestas, de las cuales ninguna fue incorporada) se decidió impulsar una reforma cuyo aspecto central, paradójicamente, no es revolucionar los contenidos educativos y la forma de socializarlos, sino modificar el esquema laboral entre el gobierno y los maestros. Sus autores consideran que el principal problema educativo del país es el mensajero (los maestros) y no el mensaje, es decir, lo que se enseña, cómo se enseña y en qué condiciones se enseña.

Con una visión típicamente patronal y privatizadora, la reforma considera que modificando los derechos laborales de los maestros (la selección, promoción y organización de los trabajadores), la calidad de la educación florecerá por sí sola, de la misma forma que un empresario suele creer que con otro tipo de sindicato y relación laboral su empresa saldrá adelante, sin invertir en nueva maquinaria, nuevas instalaciones y nuevas tecnologías, que son los factores que realmente determinan la productividad y eficiencia de una empresa, así como la calidad de sus productos.

Por supuesto que el sindicalismo magisterial, oficial y disidente, tiene su cuota de responsabilidad en el desastre educativo del país. Responsabilidad de la que no están exentos los patrones, los sucesivos gobiernos federales de PRI y PAN. Pero no es el único ni el primer eslabón de la cadena de cambios sucesivos que es necesario introducir para detonar una verdadera revolución educativa en México.

Diseñada desde el confort del Altiplano central, la reforma educativa enfrenta hoy la resistencia magisterial de las regiones más atrasadas del país. Desde que se promovió a matacaballo esta reforma que hoy transita a salto de mata, el gobierno federal ha encontrado en el federalismo el pretexto para resbalar su responsabilidad. Mientras el despotismo ilustrado azuza el desorden en el avispero, la careta federalista exige a los gobernadores poner orden.

Hace 11 años el gobierno de la Ciudad de México vivió un amago político similar con las protestas de los ejidatarios de Atenco. Fox pretendió que AMLO le hiciera el trabajo sucio de reprimir a los protestantes. Lo regresó por peteneras. “De acuerdo a la Constitución usted es el jefe de la policía de la capital, usted deles la orden”. Sobrevino el Atencazo. Ayer eran dos mil campesinos de un municipio. Hoy son más de 15 mil maestros de cuatro estados…, más los que se acumulen.

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*Artículo publicado en http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9189922