El Rejón: La Pifia, la Impunidad, la Complicidad…

El temporal lluvioso que azotó a finales de julio pasado gran parte del Estado de Chihuahua, dejó a su paso daños considerables en el pavimento de las calles y carreteras, en algunos inmuebles causó derrumbes y en la zona rural anegó poblaciones y cientos de hectáreas de cultivo.

Pese a que los daños y pérdidas a causa del fenómeno meteorológico alcanzaron cifras millonarias, al final, para la economía de la entidad el balance arrojó resultados positivos al terminar en menos de una semana con la sequía que, tan sólo en tres años, matara ganado por millares, desalentara el quehacer de los inversionistas y pusiera en dificultades la situación económica de los trabajadores del campo.

Reynaldo Domínguez Maro / El Mejor.com*

Pero mientras en las distintas cabeceras municipales sus gobernantes evaluaban daños y planeaban reparaciones, en la ciudad de Chihuahua -la capital del estado- el presidente municipal Marco Adán Quezada Martínez y su gabinete, trataban de impedir a toda costa que una parte de la obra orgullo de su administración -un “parque metropolitano” de varias decenas de millones de pesos, construido en el vaso de la presa el Rejón- sucumbiera bajo las aguas ante la inesperada avenida de sus afluentes.

Dicho parque corresponde a una sección del ambicioso proyecto ecológico-turístico planeado desde el 2007, para lo cual el entonces presidente municipal, Juan Blanco Saldívar, solicitó al Gobierno Federal la transferencia al Ayuntamiento de las cuencas y vasos de las tres presas ubicadas en los linderos de la ciudad, conocidas como Chuvíscar, Rejón y Chihuahua.

PARQUE METROPOLITANO
EL ambicioso proyecto del Parque Metropolitano El Rejón, construido en terrenos aledaños a la presa, incluía la construcción de una playa artificial y un observatorio astronómico.

En 1966 la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos encomendó a la compañía Díaz Infante la construcción de la presa Rejón para la captación de agua con fines de consumo humano, en un área de 172 kilómetros cuadrados, con capacidad de 16 millones 530 mil metros cúbicos.

Corridos los trámites respectivos, la Dirección de la Cuenca del Bravo de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), con sede en Monterrey, Nuevo León y las autoridades municipales de Chihuahua en turno, convinieron en que, con esa fecha,  la Comisión transfería al Ayuntamiento en mención “las zonas federales contiguas a los vasos de las presas Chihuahua, Chuvíscar y Rejón, de propiedad nacional, para su administración, custodia, conservación y mantenimiento”; todo con la condición clausular de “evitar la edificación de toda clase de obras y construcciones definitivas, que puedan obstruir el flujo de las aguas, modificar el curso de las mismas o alterar en forma parcial o total las condiciones hidráulicas existentes en dichas zonas”.

Es decir, de acuerdo la Cláusula Segunda, párrafo tercero, cuyo texto se refirma en el párrafo único de la Cláusula Octava del mismo convenio, la Comisión Nacional del Agua (Conagua), no autoriza construcción alguna en los vasos de cualquiera de las presas conferidas. Más aún, en la Cláusula Tercera, párrafo quinto, se asienta que “quedan excluidos del presente instrumento jurídico, las áreas en donde se ubican las estructuras de las presas, sus zonas de protección consideradas éstas 50 metros a partir del pie del talud de las cortinas, así como todas aquéllas superficies que con anterioridad a la firma del presente convenio, se hayan otorgado en concesión por La Comisión”.

De acuerdo a las actas de entrega-recepción, el presidente municipal Carlos Borruel Baquera (octubre del 2007-enero del 2010), en su tesorería dejó 100 millones de pesos para la construcción de la primera parte del proyecto ejecutivo del Parque Tricentenario, correspondiente a la presa Rejón y que para tal efecto cediera el Gobierno Federal a través de la Secretaría de Turismo y su entonces titular, Rodolfo Elizondo.

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Presa El Rejón, de Chihuahua (Foto: Omar Soto V., tomada en octubre del 2011)

Borruel Baquera declaró que personalmente el secretario Elizondo lo instruyó en que la obra habría de tener fines ecológico-turísticos, que toda la construcción debería ser estrictamente en apego al proyecto ejecutivo del Parque Tricentanario y respetando el convenio firmado en 2007 con la Conagua, “pues la Secretaría de la Función Pública estipula que si un peso es aplicado fuera del proyecto al que fue etiquetado, o si dicho proyecto es alterado, el beneficiario deberá retornar el total asignado a las arcas federales. De no ser así, él o los responsables habrían de atenerse a la sanción correspondiente”.

Contrario a lo anterior y sin que hasta la fecha la autoridad municipal justifique con la documentación pertinente sus acciones, entre enero y octubre del 2010 el cabildo al frente del alcalde suplente, Álvaro Madero, aprobó la licitación de una serie de obras en el vaso de la presa Rejón.

De acuerdo a las declaraciones de Carlos Vázquez Cano, director de Obras Públicas en la presente administración municipal, cuando Marco Adán Quezada Martínez tomó posesión del cargo le ordenó iniciar las obras en la presa Rejón bajo las licitaciones aprobadas por el cabildo saliente, aplicando los 100 millones de pesos etiquetados para ello. El funcionario  asegura que en dichos proyectos se incluía la construcción de un parque en el vaso de ese cuerpo de agua.

Cuestionado Vázquez Cano si como ingeniero civil y por su experiencia en construcción de obra pública sabía que alguna vez, como había ocurrido en el 2009, la presa se llenaría, el funcionario admitió que ellos –el presidente y él- consideraron tal contingencia, pero que estimaron que como ocurre cada ocho o nueve años, “sería más el beneficio que las pérdidas”.

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Todo se lo llevó el agua

Vázquez Cano considera que actualmente permanecen bajo el agua obras que apenas sobrepasan los dos millones de pesos; el dos por ciento de la inversión, dijo.

-¿A su juicio, a cuánto asciende la obra inundada?- Se le preguntó.

-No es mucho, un dos por ciento.- Respondió, aclarando enseguida:- Y no todo está perdido, pues las bancas, los asadores, las sombrillas, son de estructura metálica; no todos los árboles morirán y los corredores son de cemento.

Sin embargo, sería el mismo Vázquez Cano quien el domingo 21 de julio insistiera ante personal de la Conagua que se abrieran las compuertas de la presa con la finalidad de salvar el parque, especialmente una playa artificial que no estaba contemplada en los planos originales del 2007 ni en los posteriores del 2010. Según declaraciones del mismo funcionario a principios de ese mes de julio, solamente la playa costaría cinco o seis millones de pesos; tres veces más la inversión de lo que ahora sostiene está bajo el agua.

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Y es que en el fondo de la presa no solo quedaron los asadores de hierro y las bardas de mampostería, también están bajo el agua el tendido eléctrico, cientos de árboles, instalaciones sanitarias, bebederos –que por cierto nunca sirvieron por falta de agua potable- y cientos de metros de arena de la playa, que ya tenía un avance  del 80 por ciento; según presumió el mismo alcalde día antes del temporal lluvioso.

Ante el repentino incremento del nivel del agua en la presa, las autoridades municipales buscaron el apoyo de la Conagua para que sus técnicos abrieran las compuertas y regularan el espejo de agua hasta la referida playa artificial; solicitud que el director de la Conagua, Alex Lebaron, según palabras del presidente municipal Quezada Martinez, “amablemente aceptó”.

Sin embargo, como el viejo mecanismo no funcionara dado los años que tiene sin uso, se propuso entonces el bombeo del líquido para lo cual la Conagua se aprestó a hacerlo con tres bombas de considerable capacidad, mas los técnicos desistieron cuando les informaron la avenida de los afluentes sería muy superior en las próximas horas; como finalmente ocurrió, llegando incluso a derramar por el vertedor.

Entonces Vázquez Cano imploraría a los técnicos de la Conagua que perforaran un boquete en la cortina, que luego los taparían cuando el temporal pasara.

Carlos Vázquez Cano, director de Obras Públicas del Municipio de Chihuahua
Carlos Vázquez Cano, director de Obras Públicas del Municipio de Chihuahua

Ante la negativa de tal “aberración” técnica y a la oposición férrea de una parte de la población capitalina que se dio cita en la cortina de la presa, alertadas por los medios electrónicos de comunicación y las redes sociales, a las autoridades municipales no les quedó más que aceptar lo que siempre supieron ocurriría pero nunca pensaron que pasaría tan pronto: Que el parque tarde o temprano quedaría bajo el agua.

Finalmente, el 21 de julio, cuando ya todo estuvo perdido, el alcalde Quezada Martínez públicamente aceptó el error, pero justificó que “como todo es mampostería, cuando baje el nivel limpiaremos y quedará como estaba; mientras atenderemos las urgencias de las 200 familias afectadas al inundarse sus casas”.

Las autoridades municipales sostienen que para la construcción de la obras en el vaso de la presa definitivamente hubieron de contar con la anuencia de la Conagua y que cuentan con el documento respectivo. Al respecto, la Conagua ha retado al Ayuntamiento a mostrar dicho documento para deslindar responsabilidades, pues aseguran que nunca otorgaron permiso alguno y como prueba difundieron entre los medios de comunicación el convenio del proyecto que firmaron con la administración de Blanco Saldívar.

Sin embargo, no explican por qué, a sabiendas de que tales obras públicas iniciaron y continuaron con su conocimiento, nunca corrieron trámite alguno para su suspensión o clausura.

Más aún: El que los regidores de oposición se hayan negado a proporcionar cifras reales del dinero invertido en la obra, y el que el despacho del presidente emite unas y Obras Públicas otras, eleva el caso a una trama de complicidad en el manejo inadecuado del presupuesto que la Secretaría de Turismo etiquetó puntualmente en el 2009, de acuerdo al proyecto ejecutivo del 2007.

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Marco Adán Quezada, alcalde de Chihuahua

La verdad sobre el dinero gastado es un enigma, cada interesado hace sus cuentas, pero según Carlos Vázquez Cano, aparte de los 100 millones que consiguiera Carlos Borruel Baquera, se han invertido otros 53 millones de aportación estatal y municipal. Y más allá de la cordura, fuera de las proporciones que la cordura obliga, a pocos días del inusitado y nada esperado temporal lluvioso, la Presidencia Municipal hacía las gestiones necesarias para en un futuro llevar agua tratada al mencionado parque con la finalidad de mantener el nivel necesario para que funcionara la playa artificial, inversión que se calculó costaría otros 80 millones de pesos.

Meses antes, en los festejos del tricentenario de la fundación de Chihuahua, Borruel Baquera había ordenado la elaboración del proyecto (maquetas y planes de construcción) del Parque Tricentenario, con un costo de cinco millones de pesos. El exalcalde sostiene que en ninguno de los párrafos y apartados de ese documento se contempla construcción alguna en el vaso de la presa y se desligó a la vez de las licitaciones que dijo, le correspondieron al alcalde suplente en funciones, Ávaro Madero.

Borruel Baquera -presidente municipal de extracción panista- se retiró de su encargo a principios del 2010 con la intención de contender por la gubernatura del estado, no sin antes declarar inaugurados los trabajos del Parque Tricentanario, colocando una placa de hierro en la presa Rejón, insignia de gran peso y tamaño que luego fuera retirada por la administración de Quezada Martínez para “rebautizar” el proyecto como “Parque Metropolitano el Rejón”.

Los cambios que la administración de Quezada Martínez hiciera al proyecto original –a decir de Borruel Baquera- obligarían a que el gobierno municipal de Chihuahua regrese al Gobierno Federal los 100 millones de pesos asignados, toda vez que no se aplicaron con exactitud a las especificaciones de la Secretaría de Turismo.

El exalcalde Juan Blanco Saldívar recordó que el proyecto ejecutivo se hizo a su cargo y que quienes licitaron la obra fueron sus sucesores, pero dejó asentado que todas las obras estaban contempladas sobre el perímetro de las tres presas, no solamente en el Rejón, pero nunca en sus vasos.

Sobre el parque hundido, dijo que el proyecto es claro, que las obras debieron ser del perímetro hacia afuera, si acaso tres metros de reforestación hacia adentro, con lo cual se cumplirían los requisitos para el rescate ecológico de las tres presas.

 El Rejón: La Pifia, la Impunidad, la complicidad

Algo notorio ocurre en la casi concluida administración municipal de Chihuahua, pues las obras de peso que el gobierno de Marco Adán Quezada Martínez emprendiera a partir de octubre del 2010, observan serias deficiencias: Unas porque se modificaron sus planos y otras por simples pifias de los responsables de su construcción.

Reynaldo Domínguez Maro/ El Mejor.com

Para nadie es secreto que la gaza del Circuito Universitario quedó solamente de un carril utilizable, cuando en planos y presupuestariamente debió terminarse con dos carriles.

LombardoJuarezBuenaEl equipo de obras públicas de Quezada Martínez luego construiría los pasos a desnivel sobre las avenidas Juárez y Lombardo Toledano: Una serie de puentes rectos y curvos que al final de cuentas quedaron constreñidos, en espacios reducidos semejando toboganes de acuario que afecta la segura y ágil circulación de los vehículos pequeños y no se diga los pesados camiones que transitan por ese libramiento. De los regidores del PAN se escuchó decir que en la partida presupuestal se contaba con el presupuesto suficiente incluso para expropiar las propiedades contiguas y construir con amplitud.

Casi a la par, el Ayuntamiento de la capital de Chihuahua tuvo la buena ocurrencia de construir un paso inferior puente de las avenidas Juventud y La cantera donde, para empezar mal cosas, la constructora inicial abandonó los trabajos –se dice- en desacuerdo al manoseo presupuestal de las autoridades municipales. Otros constructores con otros presupuestos terminaron el túnel que se inundó tras las primeras precipitaciones pluviales.

Otra obra, se pudiera decir la estrella de las obras urbanas de esa administración, es un túnel sobre la avenida Independencia de más o menos medio kilómetro, que tiene filtraciones de agua tanto en paredes como en techos. El túnel fue construido con tal descuido que ni las filas de lámparas están alineadas.

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La empresa recibió un anticipo de 8 millones de pesos. Sólo concluyó un 25 por ciento de la obra (Foto: El Heraldo de Chihuahua)

En fin, en todas estas obras y otras más, está metido «hasta el sombrero» el titular de Obras Públicas Municipales, el ingeniero Carlos Vázquez Cano, a quien los reflectores han iluminado al aflorar las fallas, y sobre todo, cuando sale a corregirlas.

Tampoco podemos omitir en este editorial los errores garrafales cometidos en el desarrollo de lo que debió ser la primera parte del Parque Tricentenario, planeado por las dos administraciones municipales anteriores -de extracción panista- entre el 2007 y el 2010, en conjunto con el Gobierno Federal.

De acuerdo al plan inicial creado en la administración de Juan Blanco Saldívar (octubre del 2004-octubre del 2007) y al proyecto ejecutivo realizado durante el mandato de Carlos Borruel Baquera (octubre del 2007 a enero del 2010), la Comisión Nacional del Agua otorgó en comodato al Ayuntamiento chihuahuense los perímetros de las presas Chihuahua, Chuvíscar y Rejón, con la finalidad estricta que hacer de la zona un parque ecológico-turístico.

Como Borruel Baquera dejara el cargo con fines electorales, constitucionalmente ocupó su lugar Álvaro Madero –distinguido empresario de la entidad- quien, según la nueva administración municipal, licitó los trabajos ya nada más para que los nuevos gobernantes aplicaran las partidas presupuestales.

Y efectivamente, los nuevos gobernantes encabezados por Quezada Martínez, iniciaron los trabajos de la primera etapa del parque con el dinero que les habían heradado, solamente que sin explicación alguna modificaron gran parte del proyecto ejecutivo y dispusieron del vaso de la presa para cimentar y erigir un parque familiar, con asadores, trasplante de árboles, sistema de riego, áreas verdes, sanitarios y hasta una playa artificial, todo esto último fuera de las normas de construcción estipuladas por la Conagua y la Secretaría de Turismo en sus condiciones para otorgar el presupuesto.

Inmediatamente borraron todo vestigio de las administraciones panistas, con excepción de las licitaciones incluidas las del vaso de la presa, que asegura Vázquez Cano, corrieron a cargo del panista Álvaro Madero y ellos solamente las continuaron. “Rebautizaron” la obra con el pomposo nombre de “Parque Metropolitano el Rejón”.

Obviamente el director de la Conagua, aunque ahora lo niegue, supo desde principios de la obra que se quebrantaba la ley que él debe hacer respetar, pero simplemente no lo hizo.

Así, hoy en día, obras por no menos de 10 millones de pesos están bajo el agua si que ninguna responsabilidad se haya fincado y sin que la Secretaría de la Función Pública exija la debida aplicación de los presupuestos federales.

Y ya en franca sorna, se puede decir que a las grandes obras de Marco Adán Quezada Martínez, como son el túnel La cantera, el túnel Independencia y el Parque Metropolitano, «les llovió en su milpita».

*http://www.elmejor.com.mx/reportaje/4026-el-rejon-la-pifia-la-impunidad-la-complicidad