La derecha y el petróleo. Por el espíritu de Cárdenas hablará Peña Nieto

La derecha es persistente en sus exigencias: toda la riqueza debe concentrarse en las pocas manos que la hacen producir de verdad, con eficiencia y eficacia. La riqueza, entendida como patrimonio de la sociedad, no tiene, para ella, ningún sentido. Dar la riqueza a los muchos (las mayorías sociales) es un verdadero desperdicio. Nunca la ha convencido la hipótesis central de la economía política clásica en el sentido de que cuando hay una buena distribución de la producción se ponen las bases para que se dé un aumento en la misma.

Arnaldo Córdova *

p4La riqueza, para ser productiva, debe estar concentrada. Por eso, para los derechistas, el que exista un aparato económico del Estado con la finalidad de apoyar los procesos productivos de la sociedad resulta ya obsoleto y, de hecho, una aberración, porque esa parte de la riqueza nacional que representa se sustrae a la eficiencia productiva de la riqueza concentrada. Nadie pone en duda que el nacionalismo es un mito y que nuestra historia está llena de mitos. Eso asusta a la derecha, que aún teme a la reacción popular. Por eso combina su objetivo central, que es la concentración de la riqueza, con una falsa adherencia al mito.

“No estamos en contra de la propiedad de la Nación», claman los derechistas.  “No queremos privatizar el petróleo ni la electricidad”, afirman. “Sólo queremos que esa propiedad sea más eficiente”, rematan. Lo que proponen es muy sencillo: que se les permita entrar a la casa de la Nación y a ésta ponerla a la puerta para que se hagan cargo de su funcionamiento, administración y manejo. Ya fuera de la puerta de su casa, la Nación puede jurar que sigue siendo propietaria de la misma y que goza de su usufructo, aunque se la haya echado a la calle y se la obligue, además, a aceptarlo como hecho consumado.

La iniciativa de reforma constitucional (a los artículos 25, 27 y 28) que la dirigencia del PAN y sus grupos parlamentarios presentaron a la Comisión Permanente del Congreso el pasado miércoles 31 de julio, es un ejemplo emblemático de ese modo de proceder de la derecha. Los mitos son obsoletos si es que algún significado histórico pueden tener. La expropiación petrolera es el mito por excelencia que define el nacionalismo mexicano (para afirmarlo, citan a Carlos Fuentes). Pudo haber tenido sentido en su momento, pero hoy ya no.

Se dan cuenta de que tienen que hacer las cuentas con esa tradición nacionalista. Dicen en su iniciativa: “Una reforma en el sector energético mexicano conlleva la necesidad de definir correctamente cuáles son los valores, conceptos, concepciones, normas y mitos que conforman las raíces cognitivas (sic) del imaginario popular (sic)”.  Todo eso no se puede obviar, pero ya es hora de romper con ello: “… sin olvidar la memoria histórica que nos ha forjado como Nación independiente y democrática, proponemos romper los viejos tabúes que, con el pretexto de una defensa a (sic) la soberanía mal entendida (sic), han frenado el desarrollo económico del país”.

Después, el texto de la iniciativa panista se extiende prolijamente en un recuento histórico de la industria petrolera y de los esfuerzos legislativos que la acompañaron, centrándose en el periodo que siguió a la expropiación de 1938.  No aparece por ningún lado la explicación del sentido de “la memoria histórica que nos ha forjado como Nación independiente y democrática”, según sus propias palabras; más bien, se trata de una continua tentativa de mostrar cómo todo lo que se hizo se hizo mal o, en todo caso, no tuvo los resultados positivos que se buscaban. El nacionalismo fue un total y completo fracaso histórico.

Simple y sencillamente, nunca funcionó. Hay una declaración casi al principio del texto que parecería aceptar que hubo algo positivo: “El modelo actual llegó a su límite y se encuentra en franco agotamiento puesto que no responde a las necesidades presentes de la sociedad mexicana y es incapaz de adecuarse a los constantes cambios endógenos y exógenos que ponen en riesgo la seguridad energética, las finanzas públicas, los programas sociales y la calidad de vida de la sociedad mexicana”. Pero no hay tal. Su punto de partida es que la expropiación fue un error histórico.

El problema es que los panistas no tienen el valor de decirlo con todas sus letras, por miedo evidente a ese “imaginario popular” del que no entienden ni nunca han entendido nada, pero al que siguen temiendo como al demonio, almas santiguadas como son. Cada reforma constitucional y legal (sobre todo a la Ley de Expropiación de 1936) que se llevó a efecto después de la expropiación de 1938 les resulta abominable, sobre todo porque es para ellos una continua violación del derecho de propiedad privada y una constante negación de lo que para ellos es sagrado, la iniciativa y la libertad de empresa.

Su propuesta esencial es echar a la Nación (así, con mayúscula, como está inscrito en la Constitución) de lo que queda de su casa en el sector energético, Pemex y CFE, dejándola como “propietaria” nominal y entregando todos los procesos productivos y distributivos a los privados, llamados operadores en la iniciativa.  ¡Oh, por supuesto!, ni el petróleo ni los demás energéticos se entregarán a los privados. Irán, finalmente, a Pemex y a la CFE.

No se dice en qué forma, pero se entiende que después de haberlos pagado en todo su valor a los mismos privados que los exploraron, extrajeron, generaron o refinaron.

Lo que no se entiende es qué diablos harán las empresas nacionales en unas cadenas productiva y distributiva en las que no tienen ningún pito que tocar.  Ya ni siquiera es posible entender su muy posible papel como simples administradoras de contratos con los operadores. Si, además, se dice que se compartirán los beneficios, entonces ya no se entiende nada.  ¿Qué más harán Pemex y CFE, además de pagar los servicios de los privados?

Los panistas no se andan por las ramas: proponen modificar radicalmente el párrafo sexto del 27 constitucional como quedó después de la reforma de 1960 y que dice: “Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos productos (…)  Corresponde a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica”.  En su lugar, proponen la siguiente parrafada:

“Tratándose del petróleo y de los hidrocarburos provenientes de formaciones geológicas, el Estado deberá garantizar el máximo beneficio de la renta petrolera para la Nación por conducto de operadores que realicen las actividades de exploración y producción conforme al artículo 28 de esta Constitución.  Asimismo, para asegurar el uso eficiente y sustentable de los recursos energéticos, el Estado desarrollará estrategias y programas integrales de mitigación y adaptación al cambio climático”.

Es probable que los panistas no hayan hecho sino adelantar lo que los priístas se proponen. Lo muestra el que los que más satisfechos se vieron con la propuesta blanquiazul fueron los propios priístas.

Por el espíritu de Cárdenas hablará Peña Nieto

Arnaldo Córdova – La Jornada

Cárdenas era un estadista y, como tal, tenía y sostuvo toda su vida una opinión reservada sobre los empresarios privados.  Durante su gobierno tuvo continuos enfrentamientos con ellos y le mostraron los peores lados de su idiosincrasia:  falta de convicciones sobre la función social de sus empresas, falta de compromiso con los más altos intereses de la nación y de su pueblo, el egoísmo de sus fines en sus actividades, su ausencia de interés en la solución de los problemas de las masas y, sobre todo, su voracidad insaciable, que ponía en permanente riesgo el bienestar de todos.

De sus convicciones nacionalistas nadie se ha atrevido a dudar hasta hoy.  Pero ahora resulta que, con su iniciativa de reforma energética, Peña Nieto pretende convertirlo en adalid de la causa de los privados en el aprovechamiento de nuestros recursos naturales, en particular, energéticos.  El presidente priísta se funda para ello en la Ley Reglamentaria del 27 constitucional de noviembre de 1940, que permitía, en su artículo 7, la celebración de contratos con los particulares para llevar a cabo por cuenta del gobierno federal trabajos de exploración y explotación del petróleo.

La iniciativa peñista, con toda la desvergüenza del mundo, afirma basarse en las ideas fundamentales de las reformas del presidente Cárdenas consecuentes con la expropiación petrolera de 1938 y, también, que retoma los fundamentos cardenistas y dará al país un mayor impulso para aprovechar sus recursos energéticos.   La reforma, hay que decirlo de entrada, se reduce a redefinir lo que siempre ha sido un quebradero de cabeza para los privatizadores:  los contratos con los privados y que ahora se les llama de utilidad compartida.  En qué consistirán y qué alcance tendrán, no nos lo dice y ni siquiera se menciona en el texto propuesto para los artículos 27 y 28 de la Constitución.

En la exposición de motivos se exalta la eliminación de la prohibición de los contratos en el párrafo sexto del citado artículo 27 y se afirma que generará un marco constitucional idóneo para que, conforme más convenga a los intereses de la nación, el Estado pueda aprovechar las aportaciones de terceros para complementar a sus organismos, como lo es Petróleos Mexicanos, a través de contratos eficientes que alineen los incentivos de los contratistas con los del Estado, en las actividades inherentes a la explotación y extracción de dichos recursos, tal y como lo marcaban el espíritu y letra de las reformas realizadas por el presidente Lázaro Cárdenas.

Para Peña Nieto y quienes le hicieron la iniciativa, Cárdenas es un verdadero apóstol de la privatización, que brama por la participación de los empresarios en la explotación de nuestros recursos naturales.  Sólo que Cárdenas no creía en la eficacia de los privados.  Pensaba, ni duda cabe y eso nunca se ha ocultado, que haría falta que la empresa nacional recibiera el concurso de los particulares, porque tenían dinero y el dinero siempre es escaso.  Pero ni por asomo pensaba que toda clase de privados pudiesen con la tarea.

Fue por eso que, en el artículo 9 de la citada Ley Reglamentaria del 27, se estableció:  Los contratos de que hablan los artículos anteriores, sólo podrán celebrarse con nacionales o con sociedades constituidas íntegramente por mexicanos.  No podrán concertarse en ningún caso con sociedades anónimas que emitan acciones al portador.  Peña Nieto y sus contlapaches se han cansado de aclarar que quieren a todos los particulares, nacionales y extranjeros y que no les asusta que las grandes transnacionales participen en el negocio de los energéticos.  Lázaro Cárdenas volvería a morirse si reviviera por un instante.

Pueden revisarse los documentos constitucionales y legales sobre la materia y podrá constatarse que los contratos a los que se hace referencia hasta antes de los cincuenta son simplemente contratos civiles por obra o servicio determinados.  Nunca, hasta que llegó Miguel Alemán, se pensó en contratos que encerraran una cesión o un compartir el producto o la renta de los energéticos.  La reforma de 1960 al párrafo sexto del 27 se refiere, justamente, a ese tipo de contratos que enmascaran verdaderas formas de concesión de los recursos.  Los contratos que propone Peña Nieto no están definidos en ninguna parte de su iniciativa.  No sabremos, por tanto, en qué consisten hasta que se emita la ley reglamentaria.

En el texto de reforma del multicitado 27 se elimina el enunciado de que tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de los minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado.  Sólo se dejan los minerales radioactivos, con lo que se abre la puerta para que en la ley secundaria, incluso, se pueda establecer que también se otorgarán concesiones en materia de hidrocarburos.  Los priístas dicen que eso no está en sus planes.  En todo caso la posibilidad queda abierta.

En lo tocante a la electricidad, se reforma el 27 para permitir a los privados producir y vender energía eléctrica, la cual podrán trasladar a la red distribuidora del Estado mediante contratos de la misma especie.  Eso sí, el sistema eléctrico nacional quedará en manos del Estado.  La Comisión Federal de Electricidad (CFE) pasará, en la lógica que plantea la reforma, a ser un ente cada vez menos productor para convertirse en un contratista con los privados.  Una ligera modificación al artículo 28 constitucional consiste en eliminar la definición de los sectores estratégicos para permitir que, como ejemplo señero, la petroquímica básica pase a ser campo de competencia con los privados.

La tirada, como puede verse, es convertir los contratos de utilidad compartida, que siguen siendo un misterio, en la palanca que permita, en los hechos, entregar nuestros recursos energéticos a los privados, hacerles auténticas concesiones de los mismos y convertir Pemex y la CFE en simples administradores de contratos.  Nada más lejos de los ideales del presidente Lázaro Cárdenas.  Él, en efecto, quería que los particulares pusieran su dinero en la explotación y distribución de los hidrocarburos, pero veía como una soberana idiotez entregárselos sin más y, menos aún, si eran extranjeros.

La reforma propuesta por Peña Nieto es miserable en extremo, tanto por sus muy limitados objetivos, tal y como están expresados, como por su argumentación jurídico-constitucional.  En realidad, no es más que una pequeña trama de nimiedades que descarga en la futura ley reglamentaria las verdaderas sorpresas.  Tal vez su esperanza haya sido que las diferentes fuerzas políticas y sociales interesadas en el tema no ofrezcan mayores resistencias y la verdadera batalla, más fácil de darse porque se librará tan sólo en el ámbito legislativo, venga precisamente cuando se emita la ley secundaria.

Es obvio que sólo la movilización social podrá parar la conjura.  Las diferentes fuerzas políticas están demasiado domesticadas y comprometidas con la oligarquía gobernante como para que pudieran constituirse en un valladar a los intentos reaccionarios y desnacionalizadores.

Fuente: La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2013/08/18/opinion/009a1pol

 

 

 

Iniciativa de ley Lázaro Cárdenas del Río

 

Javier Jiménez Espriú- La Jornada

 

La iniciativa de reforma energética presentada por el Ejecutivo debía, según la fuente inspiradora de la misma, llamarse Iniciativa de ley Lázaro Cárdenas del Río.  Resulta, para sorpresa de todos, que el general Cárdenas, así de visionario, dejó marcadas en su sagradas escrituras las líneas modernizadoras de la industria petrolera de México, para que un día un mesías sexenal, interpretando adecuadamente el pensamiento nacionalista del viejo presidente salvara a la industria y a la patria en beneficio de los mexicanos.

Si eso nos hubieran dicho desde el principio, si no nos hubieran acusado de dogmáticos y de falso nacionalismo cuando invocábamos la figura del señor general y la gesta soberana de 1938, que llamaban tabús con los que había que acabar para romper las amarras con un pasado ya pasado; si nos hubieran advertido que eran, ni más ni menos, la letra y el espíritu de la expropiación petrolera lo que guiaba los propósitos del gobierno para su reforma energética y que lo que se preparaba era tan sólo la forma de hacer válidos los postulados de soberanía y dignidad que acompañaron la expropiación, ante las amenazas de quienes quieren apoderarse de nuestro petróleo, jamás hubiéramos pensado que de lo que se trataba era de entregar el petróleo de México a los ricos de aquí y de allá y seguramente la hubiéramos apoyado a ojos cerrados.

 

Pero, basta de ironías, que esto es muy serio y los mexicanos no somos estúpidos;  vemos con claridad que la letra y el espíritu de lo que se ha presentado como iniciativa, no tiene nada que ver con Cárdenas y su gesta patriótica y es, por el contrario, la antítesis de lo que fue aquello.

 

Resulta, por tanto, indignante, poco ético, una manipulación burda, salir ahora con una enorme patraña, vulgar y obvia, queriendo confundir a quienes saben del patriotismo del general Cárdenas, endilgándole la paternidad de su reforma.

 

Don Lázaro vio con enorme entusiasmo, porque fue consultado en su momento, la inclusión en el artículo 27 constitucional de la prohibición de los contratos de riesgo.  Lo sé de fuente directa, en conversaciones personales que tuve con mi suegro, el ingeniero Pascual Gutiérrez Roldán, quien era en 1960, cuando esto tuvo lugar, director general de Petróleos Mexicanos.

 

El presidente Cárdenas no habría aceptado nunca, tampoco luego de la expropiación que tanto costó al pueblo de México, que se entregara a la iniciativa privada nacional y extranjera y seguramente más extranjera que nacional, la corriente hacia abajo que se inicia en la refinación, como ahora se pretende.

 

Son las múltiples referencias al presidente Lázaro Cárdenas, a los fundamentos cardenistas, al espíritu de las reformas cardenistas, a las ideas fundamentales del presidente Lázaro Cárdenas, al modelo cardenista, al marco jurídico promovido por el presidente Lázaro Cárdenas del Río, a la historia de las reformas cardenistas, que plagan la iniciativa presentada, un engaño más en la cadena interminable de falacias con las que se trata de que el pueblo se trague la píldora.

 

Se trata de un acto de temor a hablar con la verdad de lo que se persigue y que lleva a abrazarse a lo que tanto se criticó en todos los discursos de los corifeos incondicionales:  A los mitos y los dogmas del pasado, como los llamaban despectivamente para descalificar.

 

Engaño igual a los que se presentan como carnada para pescar voluntades, como la creación millonaria de empleos, la disminución del precio de los combustibles, aumento del ingreso per cápita, etcétera, que hoy nadie puede refutar, como nadie puede confirmar.

 

Ya hablaremos de las otras falacias.  Hoy valga sólo manifestar el enorme malestar de constatar a qué se está dispuesto con tal de salirse con la suya:  el compartir –¿entre quienes?– la renta petrolera y los negocios de largo plazo de la industria de los hidrocarburos.

 

¡Ah, y me refiero a todos:  los convencionales y los no convencionales!, que todos son hidrocarburos, recursos no renovables, pertenecientes a la Nación.

 

Twitter: @jimenezespriu

 

jimenezespriu@prodigy.net.mx

PLANTÓN DE MORENA FRENTE AL CONGRESO DEL ESTADO CONTRA LA REFORMA ENERGÉTICA

Jesús Solís Alpuche

 

Ayer 14 de agosto al medio día, frente al Congreso del Estado, a iniciativa de compañeros activistas de morena, un grupo de ciudadanos y ciudadanas que incluyó a integrantes de otras agrupaciones (Colectivo El Rebelde, La Cente, Proyecto Yucatá y  personas que atendieron a una invitación en redes, realizamos un acto de protesta por la propuesta oficial de modificaciones a la Constitución Política, Art. 27 y 28 en materia de reforma energéticos, con el testimonio de algunos medios de comunicación, entre ellos Promovisión y ¡Por Esto!.  Exhibimos pancartas y repartimos volantes.

 

En improvisado mítin con un megáfono hablaron dirigidos al Congreso del estado y al pueblo en general, Roger Aguilar, Martha Asid, Manuel Rosado, Rodrigo Mendoza, Gina Marrufo y el que esto escribe.

 

Se llamó la atención a los legisladores yucatecos y al pueblo respecto a la disputa por la nación que se inició desde 1988 con Carlos Salinas de Gortari, cuando el PRI y el PAN inician la embestida neoliberal, y la izquierda empieza a definir su identidad con la necesidad de la defensa del patrimonio nacional, al lado del pueblo. Y hoy, después de la privatización de cientos de empresas nacionales como ferrocarriles, Telmex, altos Hornos, Puertos Mexicanos, intentan seguir con las empresas estratégicas más importantes, Pemex Y CFE, con el pretexto de hacerlas crecer mediante la inversión privada a cambio de contratos de producción y responsabilidad compartida con empresas privadas, nacionales y extranjeras.

 

Se dijo que mediante un derroche de recursos económicos en publicidad, incluso usando la imagen y tergiversando el criterio político de Lázaro Cárdenas-Presidente, expropiador del petroleo en 1938, se miente y pretende manipular, descaradamente, la mente de nuestro pueblo respecto a la necesidad de recursos para mejores tecnologías- Esto, no obstante Pemex es una de las empresas más rentables del mundo, que sugieren está en quiebra, para trasferir a los extranjeros la investigación, perforación, extracción y transportación del petróleo y sus derivados, por medio de contratos de producción y responsabilidad compartida. Se subrayó que la clase política mexicana, es tan estúpida en la administración de este enorme recurso nacional, que no se dan cuenta que a la naturaleza no se le paga renta.

 

Al término del acto convinimos en hacer una convocatoria abierta para el próximo domingo a la Plaza Principal, junto al asta bandera, y en dependencia de la asistencia ahí mismo decidiremos el tipo de manifestación que haremos.Eso sí, la intención es no sólo expresar repudio a la reforma de la Constitución sino ante todo sustentar nuestro rechazo para informar a los ciudadanos. La cita es a partir de las 4 y media de la tarde del domingo.

 

Dado que hemos decidido, además de enviar una delegación a la asamblea nacional del 8 de septiembre   en el Zócalo, organizar una movilización para la misma fecha y el mismo día en Mérida. Sabemos que en Valladolid se planea realizar una marcha por el comité municipal de esa ciudad. En el caso de Mérida morena debe convocar a un acto en el que quepan todos los grupos de izquierda y ciudadanos que estamos en la misma idea de orientar correctamente a nuestro pueblo a defender el Petróleo como patrimonio nacional. Porque la reforma de Peña Nieto es contraria a los intereses de la patria y se inicia un debate por la defensa definitiva de México como nación.

 

Por todos esos motivos, algunos de los integrantes de morena que asistimos al acto de protesta el día de hoy acordamos reunirnos el sábado 17 a las 10 y 15 minutos en la calle 66 # 561, entre 69 y 71, con el objeto de organizarnos mejor para que las actividades que en defensa del petróleo realicemos hasta el 8 de septiembre, paras están mejor organizadas y nos repartamos las tareas de manera que morena se gane el respeto a sus convocatorias a todos los actos que de ahora en adelante estamos comprometidos a realizar, incluyendo los que la asamblea nacional del 8 de septiembre acuerde con Andrés Manuel López Obrador.

 

ESPERAMOS TU ASISTENCIA A ESTA ASAMBLEA Y TE EXPRESAMOS DE ANTEMANO NUESTRO RECONOCIMIENTO. Recuerda: sábado 17, diez y cuarto de la mañana, 66 #561 x 69 y 71. Acude

*Artículo publicado en http://www.jornada.unam.mx/2013/08/04/opinion/008a1pol