El Cañón de Namúrachi; una experiencia de paz y libertad

Ubicado en el municipio de San Francisco de Borja, a solo 100 kilómetros de la capital del estado, el Cañón de Namúrachi se erige como el sitio ideal para disfrutar un fin de semana y olvidar el estrés citadino.

Sally Ochoa/ A los Cuatro Vientos

Desde el inicio del recorrido, partiendo desde la cabecera municipal de San Francisco de Borja, el paisaje envuelve con su belleza a los visitantes; atrás queda el desierto y el intenso calor para dar paso a un paisaje de montañas y valles con un clima templado que se cierne sobre los riachuelos que corren entre las rocas y los árboles en una búsqueda continua hacia la libertad, conformando una postal inigualable que tiene como marco la naturaleza en todo su esplendor.

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Cañón de Namúrachi (Foto: Francisco López Matán)

El sonido del agua, el canto de las aves, la brisa leve que se siente sobre la piel, hablan de la belleza extraordinaria que existe alrededor y cuya mejor parte, aún está por llegar.

Terminado el recorrido, de aproximadamente dos kilómetros en auto, se encuentra un área de estacionamiento; el visitante baja de la unidad y puede recordar que, inicialmente las distancias se recorrían a pie, se aceleraba quizá un poco el corazón, transpiraban los poros y el aire limpio se metía hasta el punto más recóndito de los pulmones.

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Cañón de Namúrachi (Foto: Sally Ochoa)

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Los rayos del sol se asoman entre las nubes colándose entre las hojas de los árboles. El misterio del cañón empieza a desvelarse, se siente su respiración, la vida animal que transpira bajo la hojarasca, en la humedad que escurre desde lo alto, en las cuevas llenas de misterio que se suceden unas a otras en cada giro que el camino enfrenta.

No hay espacios vacíos. La vida florece en todas partes, en los árboles, en el musgo, en las flores diminutas que pintan de blanco y amarillo el entorno y hasta en los grillos que a veces enmudecen y en otras, pareciera que entonan melodías.

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Cañón de Namúrachi (Foto: F. López Matán)

La grandeza del cañón llama, atrae al caminante como una fuerza poderosa; el silencio se interrumpe de cuando en cuando con el eco de las voces sorprendidas, el canto de los pájaros y el murmullo del viento. Los sonidos externos desaparecen en los muros de piedra y en sus oquedades.

Al final, la parte más profunda del cañón con su explanada, sus enormes paredes que casi se rozan entre sí en la parte más alta; las gotas de agua como presencia constante, el olor a tierra húmeda a madera, a plantas que viven y dan vida en un ecosistema único.

La respiración vuelve a su ritmo normal y poco a poco, la paz lo envuelve todo en un misterio.

Sally Ochoa* Sally Ochoa. Licenciada en Filosofía y maestra en Periodismo (Facultad de Filosofía y Letras de la UACH). Su carrera de periodista la inició como reportera de tv en el 2001, actualmente trabaja en El Diario de Chihuahua en investigaciones especiales. Ha publicado dos libros de cuentos y forma parte de varias antologías de poemas.