Recordando a Pancho Villa a 90 años de su asesinato.

Manuel Guillén Guillén* / A los Cuatro Vientos 

Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido como Pancho Villa, nació el 5 de junio de 1878 en el Estado de Durango. Sin lugar a dudas, Villa, es un personaje que marcó gran parte del siglo pasado y lo que va del siglo XXI.

Su trascendencia va envuelta en una amplia gama de opiniones sobre su persona, las cuales oscilan en clasificarlo como un bandido, un dictador sanguinario y desde luego, la de un líder social… un auténtico revolucionario.

Incluso, algunos historiadores y muchos gobiernos en nuestro país le han restado importancia en el desarrollo de la Revolución Mexicana, al clasificarlo prácticamente como un “colaborador” militar en dicho proceso, minimizando con ello la transformación social pretendida por los villistas en el norte de México.

Toma de Torreón, 1914.
Pancho Villa y la revolución social en el norte de México.

De un carácter indomable y aguerrido, pero también noble y sensible como demuestran fotografías de un Villa derramando lágrimas por el asesinato de Francisco I. Madero en febrero de 1913. Villa representa de alguna manera la personalidad del pueblo mexicano: su nobleza,  su lucha social; inclusive, también conlleva ese desarraigo en el que miles de mexicanos  son empujados por un sistema inequitativo que impera en México, y hace ver a muchos sectores sociales  como huérfanos, abandonados en su propio país, carentes de vivienda, de un trozo de tierra o accesos reales a educación, salud, espacios comunitarios, o de un trabajo bien remunerado.

Antes de la Revolución, Villa se dedicó a múltiples oficios para  buscar su sustento, entre ellos, el de robar ganado y el  de peón de albañil; y al igual que para otras personas,  fue el contexto de la revolución maderista en su etapa de noviembre de 1910 a mayo de 1911 a través del Plan de San Luis,  lo que lo sacó del anonimato.

Tras la conformación de la División del Norte en septiembre de 1913, inició el mayor poderío militar del villismo, lo cual vino a representar un aporte fundamental para el derrocamiento de la dictadura de Victoriano Huerta. Pero algo más importante, es que esos triunfos militares dieron pauta a la búsqueda de una revolución  social en el norte.

Uno de los puntos centrales de  lucha villista, reflejada en la Ley Agraria del 24 de mayo de 1915 era dotar de pequeñas propiedades a los mexicanos y miraba en el pueblo a un cúmulo de soldados dispuestos a defender lo que por derecho correspondía: tierra. Tierra para poder cultivar, edificar o dedicarla o alguna actividad económica, ello, sería una de las bases para conseguir otro tipo de bienestar como la educación, la libertad civil y una auténtica democracia.

En un manifiesto al pueblo en septiembre de 1914, Villa hacía un llamado al sacrificio para mantener la lucha y decía: “tengo la seguridad de que todo ciudadano honrado  comprenderá que sin este último esfuerzo del pueblo, se derrumbaría toda la obra revolucionaria, porque habríamos derrocado una dictadura para sustituirla por otra.”

Con la renuncia de Victoriano Huerta en julio de 1914 se evidenció el poder de los sectores populares de la revolución: zapatistas y villistas. Esta fuerza radicaba en la combinación de dos elementos indispensables: la lucha armada y la lucha social. Esto resultaba altamente peligroso para los sectores burgueses del movimiento revolucionario, que en ese momento lo representaba Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, uno de sus generales más importantes.

Villa y Zapata en la Ciudad de México, 1914.
Villa y Zapata en la Ciudad de México, 1914.

Era evidente que la ruptura entre estos dos sectores vendría. Esto se consolidó en la Convección de Aguascalientes, realizada en octubre y noviembre de 1914, a raíz de ello, los ejércitos zapatista y villista tomaron de la Ciudad de México. La entrada a la capital nacional representó el punto álgido de las revoluciones sureña y  norteña.

Lamentablemente esta situación se tornó compleja entre los años de 1915 a 1917, marcando uno de los episodios más crudos en la lucha de facciones. Venustiano  Carranza y Álvaro Obregón, pudieron reorganizar su lucha en Veracruz para posteriormente iniciar el embate contra los villistas.

Las tristemente célebres batallas en El Bajío, principalmente las de Celaya, sellaron prácticamente la derrota villista a manos de Obregón en abril de 1915.  Esta derrota, mas el reconocimiento otorgado al gobierno de Venustiano Carranza por parte de los Estados Unidos, y por ende, la complicada situación para conseguir armas en la frontera norte, condujo  a la desintegración de la División del Norte a fines de ese año, y con ello, también las reformas sociales emprendidas se vieron cada vez más diezmadas.

A inicios de 1920 se dio la ruptura entre Obregón y Carranza en el marco de la sucesión presidencial. Obregón creía tener más méritos para ser el candidato, y esperaba el apoyo de Carranza, pero éste se inclinó por Ignacio Bonillas. Inició así la rebelión obregonista por medio del Plan de Agua Prieta.

Obregón, tratando de ganar apoyo entre los antiguos enemigos de Carranza, o por lo menos, lograr la neutralidad  de varios caudillos, apoyó la iniciativa de Adolfo de la Huerta para que Pancho Villa pudiera retirarse a la vida privada, ello condujo a su rendición en julio y posteriormente se retiró a vivir a la Hacienda de Canutillo.

Los sobresaltos políticos de nueva cuenta sucedieron en 1923, pues, Adolfo de la Huerta buscaba el apoyo para candidatearse, meta imposible para él, pues Obregón decidió respaldar a Plutarco Elías Calles. Ante esa situación, De la Huerta inició una rebelión que duró algunos meses y finalmente se exilió en Estados Unidos.

Este proceso fue muy tenso  e influyó para que se orquestara el asesinato de Pancho Villa por órdenes del presidente Obregón, pues resultaba altamente peligroso que un general con tanto prestigio entre la población y los revolucionarios norteños siguiera con vida, eso significaba un riesgo para  su gobierno y su  virtual sucesor.

Villa murió el 20 de julio de 1923 en una emboscada  en Parral, Chihuahua  cuando viajaba en un automóvil. De esa manera fue cortada la vida del famoso “Centauro del Norte.” Este hecho,  junto con el asesinato de Emiliano Zapata el 10 de abril de 1919, dieron como resultado que los sectores populares de la Revolución quedaran prácticamente desmembrados.

Asesinato de Villa, Parral, Chihuahua, 1923.
Asesinato de Villa, Parral, Chihuahua, 1923.

Esto también facilitó la institucionalización de la Revolución mediante la fundación del Partido Nacional Revolucionario  (PNR) en 1929, lo que encaminó a Calles a anunciar que era tiempo de pasar de la era de caudillos, a la era de las instituciones. Posteriormente, este golpe se afianzó con las transformaciones del PNR en Partido de la Revolución Mexicana en 1938 (PRM) y finalmente en 1946 en Partido Revolucionario Institucional (PRI).

A pesar de ello, Villa, al igual que Zapata, siguen como fantasmas indomables, y  a más de un presidente les saca varios sustos, pues esa esencia de la lucha popular subsiste en la mente de muchos mexicanos.

22 de julio de 2013

*Historiador, docente en el Instituto Latinoamericano