Incertidumbre en Brasil ¿y México?

Dilma Rousseff congregó a los gobernadores de Brasil y a diversos políticos para hacer un anuncio espectacular. Se trata de cinco medidas que hubieran sido una bomba en cualquier país.

Jorge Meléndez Preciado/ Forum

1. La realización de un plebiscito para convocar a una Asamblea Constituyente y reformar el sistema político.

2. Acelerar las inversiones en el área de la salud e importar médicos para la atención de los pacientes.

3. Mayor inversión en el transporte público: Metro y corredores exclusivos de autobuses.

4. Destinar el 100 por ciento de los recursos obtenidos de la exploración petrolera a la educación, como se había propuesta un año antes.

5. Una reforma fiscal.

El anuncio no satisfizo a la clase política, quienes se inconformaron con abrir la competencia y mucho menos están de acuerdo en citar a un Constituyente. Pero asimismo no tranquilizó a los movilizados, los cuales en voz de Mayara Vivian, consideraron que es un paso importante, pero, sin acciones concretas que confirmen mejoras. Así pues, la exguerrillera que se ha alejado del diálogo popular por encabezar equipos tecnocráticos, se encuentra nuevamente en problemas.

Resulta incierto qué pasará. Aunque las modificaciones planteadas exhiben una forma diferente de hacer política a la que nos tienen acostumbrados en Latinoamérica. Aunque hay varias cuestiones que son comunes a todos los países de la región, no obstante que en Brasil esté en el poder una organización que dice representar a los trabajadores, el partido de Luis Inacio Lula da Silva.

Algunos de esos asuntos son: un pésimo transporte para la población, el sistema ineficiente de salud, el atraso educativo, la falta de atención a los grupos vulnerables –representado por los Sin Techo y Sin Tierra que han aumentado su presencia debido a  las obras actuales y las que están en ejecución para la Copa Mundial y las Olimpiadas–, el deterioro del medio ambiente –en la tierra del criticado Pelé el ejemplo actual es Belo Monte en el Amazonas–, la policía –viene de la dictadura militar (1965-1984)– que no sabe enfrentar los levantamientos populares y únicamente reprime sin freno, la corrupción rampante –entre los cariocas están los ejemplos de José Serra, operador máximo de Lula que fue llevado a la cárcel, y Dilma quien sancionó a siete importantes funcionarios de su gabinete–, los medios de información aliados a la oligarquía (O Globo como símbolo paradigmático) y el descrédito de los partidos políticos, incluso los provenientes de sectas evangelistas.

El panorama no es menor, como se verá, por ello las audaces reformas de Dilma no han sido vistas como algo que solucione el grave entramado que se vive, sino más bien como un remedio tardío y limitado.

BrasilPaseLibre

En esa ola de protesta que no para, donde ya van cinco muertos, la cabeza es el Movimiento Pase Libre, conformado, según Hommozaping, por quienes participan inicialmente en estos actos (71 por ciento), aquellos que no apoyan a ningún partido (84 por ciento) y los que tienen una educación superior (77 por ciento). Además el 40 por ciento está por el “fin” de la corrupción y el 31 por ciento en contra de la represión.

También encontramos que muchos otros se han sumado de maneras diferentes. El goleador Neymar antes del encuentro contra México dijo “Entro al campo inspirado por estas manifestaciones”. El exastro Rivaldo, que jugó en el Barcelona, señaló: “es una vergüenza estar gastando tanto dinero para este Mundial y dejar los hospitales y escuelas en condiciones precarias”.

Los ídolos de la música pop: Gabriel Thomaz de la banda Automaros; y Alexander Kumpinski de Apánadhor, no sólo apoyaron a los inconformes sino que incluso han estado presentes con sus grupos en las marchas. Algo extraño ha pasado con los compositores Caetano Veloso y Chico Buarque, quienes durante años estuvieron opuestos a la dictadura y lucharon por la democracia y hoy permanecen callados.

Quizás esto último se deba a que en las más recientes movilizaciones han aparecido grupos de derecha a quienes se identifica por el color blanco en la vestimenta y hasta neonazis. Instigados éstos y otros por los medios tradicionales quienes han empezado a llamar para deteriorar el gobierno de Rousseff, quien ha perdido varios puntos de aceptación, no obstante que en la actualidad logra todavía más del 50 por ciento de respuestas favorables.

El encauzamiento que logre este maravilloso, contradictorio, alegre y vasto movimiento será crucial para lo que ocurra en América Latina en los próximos años.

Si hay la posibilidad de hacer cambios de fondo, no únicamente los que propone Dilma, sino muchos otros a favor de los desposeídos, la vía por una mejor sociedad abrirá nuevas expectativas. De limitarse a simple modificaciones para que los políticos continúen mangoneando todo, las crisis y sobresaltos latentes continuarán.