Elecciones locales: ¿quién debe gobernar?

En medio de un creciente cuestionamiento sobre la imparcialidad e independencia de las autoridades electorales, este domingo se llevará a cabo el primer ejercicio general que convoca a los votantes, después de la modificación de los equilibrios políticos opositores que generaron los resultados de la pasada elección presidencial (…) La vieja pregunta sobre ¿quién debe gobernar? debe ser sustituida por una nueva interrogante referida a ¿cómo se pueden organizar las instituciones en modo de impedir que los políticos malos o incompetentes hagan más daño del que es inevitable?

Isidro H. Cisneros/ A los Cuatro Vientos

Los comicios se celebrarán en catorce entidades: Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Coahuila, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. En conjunto, podrán votar cerca de 30 millones de ciudadanos registrados en la lista nominal de electores, quienes representan al 37% del electorado nacional. Se renovará un número importante de posiciones políticas: una gubernatura, 930 presidencias municipales y 441 diputaciones.

MAESTROS QUEMAN PROPAGANDA POLÍTICA

El proceso electoral resintió acusaciones de clientelismo político, desvío de recursos públicos y, lo más alarmante, secuestros y asesinatos de candidatos. Las intimidaciones alcanzaron prácticamente, a todos los partidos políticos. Otro elemento distintivo de las campañas que ayer concluyeron, fue el bajo nivel que mostraron.

Frente a una situación como la que prevalece en nuestro país, tan llena de problemas que necesitan soluciones urgentes, sorprendió la ausencia de propuestas concretas por parte de los distintos candidatos. Y no es que no las tengan, sino que el tono de las campañas simplemente no fue propositivo, evidenciando algo más que carencia de imaginación. En las últimas semanas proliferaron una serie de polémicas inútiles, típicas de nuestros ancestrales sectarismos políticos. Además, la ausencia de un diálogo propositivo, y de un comportamiento civil y democrático entre los diferentes candidatos, hace que las acusaciones mutuas incrementen el riesgo de transformar la jornada electoral en una confrontación entre diferentes maneras de concebir a la política.

Por otro lado, sustituir la discusión programática por la guerra sucia, tiene más un sabor a tradición que a innovación.

hartosDurante las campañas observamos ataques de todo tipo entre los candidatos, que ilustran muy bien la manera tan elemental con la que nuestros políticos buscan ganar las elecciones a toda costa, sin lograr impactar a la ciudadanía y generando una imagen degradada de la política. Después vendrán las lamentaciones por los niveles de abstencionismo, expresados por una población indiferente respecto a una contienda con la cual no se identificaron.

Algunos afirman que los ataques constituyen parte natural de las campañas políticas para adquirir publicidad e inducir el voto. Sin embargo, al afirmar tal cosa se debe asumir que los ataques sistemáticos y la judicialización de la política, tienden a empobrecer la calidad de nuestras frágiles prácticas democráticas.

Es necesario despejar el terreno político de una lucha entre valores que parecen absolutos. Existe una amplia preocupación por el adversario, por lo que hace o deja de hacer, en lugar de orientar la acción política al establecimiento de nexos con los electores, quienes son los que decidirán con su voto cuál de los partidos tendrá la mayoría. Los ciudadanos debemos plantearnos la pregunta sobre el tipo de gobierno que una situación como la descrita requiere, o dicho de otra manera, reflexionar sobre: ¿Quién debe gobernar?

De acuerdo con Karl Popper cuando se formula esta pregunta no se pueden evitar las siguientes respuestas: los mejores, los más sabios, el gobernante nato, la voluntad general, el pueblo, etcétera. El filósofo inglés señala que una respuesta de este tipo, por cuanto convincente pueda aparecer a primera vista, es absolutamente estéril, ya que presupone aquello que en teoría y, sobre todo, en la práctica es casi siempre falso, es decir, que los políticos en general son buenos, sabios y competentes. Por lo que la vieja pregunta sobre ¿quién debe gobernar? debe ser sustituida por una nueva interrogante referida a ¿cómo se pueden organizar las instituciones en modo de impedir que los políticos malos o incompetentes hagan más daño del que es inevitable?

demo realEl problema clave para definir una política democrática, no se refiere solamente a los sujetos de la ciudadanía, sino que concierne al control institucional de la lucha política. La democracia ofrece un precioso campo de batalla para cualquier cambio razonable de la política, dado que permite la instrumentación de reformas sin violencia. De esta manera, en la democracia lo que cuenta no es tanto quien debe gobernar, sino cómo y con cuáles instrumentos institucionales, podemos controlar a quienes están llamados a ejercer el poder político.

De nada sirve mantenerse en la indiferencia o en la apatía política. Aunque siempre han existido abstencionistas, unos que por simple indiferencia se lavan las manos del actual estado de cosas, y otros que, colocándose por encima de la confrontación, manifiestan no estar ni de un lado, ni del otro. Quien piense abstenerse en las elecciones de este próximo domingo, debe plantearse también otra pregunta: ¿Si todos hicieran como yo, cuáles serían las consecuencias? Recordemos que la superioridad de la democracia, en relación con otros regímenes políticos radica, precisamente, en la renovación periódica del consenso.

zorro *Isidro H. Cisneros. Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia.
(isidroh.cisneros@gmail.com    Twitter: @isidrohcisneros)agitadoresdeideas.blogspot.mx