¿De quién es la democracia?

Andaba yo desnudo de mí/  perdido en la lluvia del olvido

R. J. Santoro: Canto a la esperanza.

Recién se acaba de publicar el libro de Saskia Sassen Sociología de la globalización (Akal, 2013, España), en el cual se desarrolla como tesis central la idea de que la globalización como tal se concreta realmente y sólo a nivel de nación. Que si no es allí la globalización como tal no existe: sin nación la globalización es sólo una idea sin trascendencia. Ahora bien, esa relación perversa entre lo global y lo nacional ha generado una serie de fenómenos sociales muy contradictorios y casi todos negativos. Entre ellos, por ejemplo, una democracia (“representativa”) que margina de ese ejercicio político a los ciudadanos. Lo cual, de entrada, elimina de raíz la idea de los clásicos griegos de democracia (léase al respecto a Castoriadis y Foucault), pues deja de lado la esencia de ésta: la participación ciudadana. ¿Pero, entonces, de qué democracia se trata? La respuesta es fácil: de una falsa democracia, de una democracia de juguete, como son todos los fenómenos políticos que genera la democracia en el ámbito de la globalización.

Sergio Gómez Montero / Isegoría/ A los cuatro Vientos

¿Qué democracia de juguete es la que entonces nos trata de hacernos tragar la globalización, por ejemplo en nuestro país? Ella es, por ejemplo, la llamada “democracia representativa”, que no es, por ejemplo entre nosotros, sino un remedo de democracia, pues lo representativo se concreta en una lucha entre partidos por controlar todo el accionar político, dejando siempre al margen de ello a los ciudadanos, a partir del principio de que la conciencia de éstos, durante el neoliberalismo (un producto de la globalización), ha quedado totalmente nulificada y a ella se le vende y ella compra todos los productos juguete políticos generados por la sociedad nacional-global en que vivimos (al menos aquí en México).

¿Entonces pues, por qué no Íbamos a comprar ese remedo de democracia que es hoy la “democracia representativa”, que es uno de los espejitos que nos vende el eje Estados Unidos-Unión Europea?

¿Quién, entonces, va a comenzar a pensar en ese engaño que es entre nosotros la democracia? ¿Nosotros mismos o debe venir alguien de fuera a restregárnoslo en la cara? No lo sé, realmente. Pero lo que sí sé y llevo a la práctica es no ejercer el voto particularmente en casos como las próximas elecciones locales de Baja California, en donde, si se ejerce el voto, éste sólo serviría para refrendar al sistema político actual sea quien sea el triunfador de la contienda. Es decir, ese voto significaría comprar una vez más el juguete político que es la “democracia representativa”, que sólo sirve para ceder nuestro poder de decisión a un sistema corrupto y lleno de anomalías.

¿Votar? Que lo hagan quienes no tienen conciencia o esa conciencia la venden por un plato de lentejas.

SERGIO-GOMEZ-MONTERO*Sergio Gómez Montero. Maestro de Estudios de Postgrado del Centro Universitario de Tijuana. Licenciado en Literatura Hispánica e Hispanoamericana.