Muerto el candidato, patrullaje de Ejército y Marina. Rebasa Guadalupe y Calvo índices de violencia de Juárez y Chihuahua

El secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda se asomó a Chihuahua. Vino a consecuencia del homicidio del que fuera candidato del PRI a la alcaldía de Guadalupe y Calvo… y ahí no estuvo.

Jaime García Chávez/ A los Cuatro Vientos*

Fue una visita relámpago, más para dar la impresión de trabajo que de labores concretas y específicas. Vecinos de aquel municipio con los que esta columna tiene relación, están preocupados por la noticia de que los destacamentos de varias zonas militares y efectivos de Marina operarán en la zona contra el crimen organizado. Ellos registran que cuando las milicias llegan el abuso crece, y el maltrato a la población civil, sobre todo en las regiones recónditas, aumenta exponencialmente y sin resultados concretos. Ya se mide por décadas el problema del narcocultivo y el crimen organizado y no se ven resultados tangibles.

Quizás el sacrificio del candidato puso en alta visibilidad el problema, pero la respuesta puede ser también ocasional y oportunista. Por el lado del gobierno estatal se dice que ya se investiga, ya se trabaja y tarde que temprano caerán los delincuentes, pero en esa historia ya nadie cree, porque con esa canción han actuado en incontables casos.

militares patrullan gpe

Es preocupante el estado de miedo que se abate sobre la región y que el mismo, en lugar de aminorarse con la presencia castrense, se incrementa. Mucho más preocupante es que esas fuerzas se muevan de manera reactiva cuando se supone que la prevención y las labores de disuasión dan mejores resultados, más cuando se acompañan de políticas públicas para abatir los rezagos sociales, la falta de empleo, la insalubridad y la pobreza. Pero de esto ni para qué hablar, simplemente no existe y cuando se ofrecen beneficios, van condicionados a votar por el PRI.

JAIME-GARCIA-CHAVEZ*Jaime García Chávez. Abogado, político, escritor y periodista chihuahuense
Rebasa Guadalupe y Calvo índices de violencia de Juárez y Chihuahua*

El homicidio del que fue víctima Jaime Orozco Madrigal, candidato a la Presidencia Municipal de Guadalupe y Calvo, es un ejemplo del clima de violencia que vive la región, con un índice de violencia que supera incluso a Juárez y Chihuahua juntas, según el reporte Incidencia Delictiva 2013 presentada por el Observatorio Ciudadano con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Ricardo Espinoza | NorteDigital

Las cifras que corresponden al periodo del comprendido del 15 al 20 de mayo del 2013 y donde se señala que Guadalupe y Calvo tiene un índice de homicidios dolosos de 164.0 por cada cien mil habitantes, el más alto del estado cuyo índice medio es de 42.3 por cada cien mil habitantes, e incluso, rebasa pero por mucho la media nacional ubicada en 16.8 homicidios dolosos.

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Jaime Orozco Mariscal, candidato del PRI a la presidencia municipal de Gudalupe y Calvo, secuestrado y asesinado.

También supera a Juárez y Chihuahua juntos; el primero tiene un índice de homicidios dolosos de 28.6 y el segundo un 30.8, juntos suman 59.4 muertes dolosas, cifra que se ve pequeña comparada con el 164 de Guadalupe y Calvo.

Pero no es el único municipio serrano con este índice de la violencia reflejada en los homicidios dolosos.

Guachochi es otro de los municipios serranos que reportan una alta incidencia en homicidios dolosos con 117.6, cifra también superior a Chihuahua capital y a Juárez.

Su población, de acuerdo a información oficial con datos del 2010, es de 49 mil 689.

Un dato que contrasta es el nivel población de este municipio, que de acuerdo a cifras oficiales es de poco más de 51 mil personas, cuando el índice comparativo utiliza la cantidad de cien mil habitantes, lo que rebasa la población total de Guadalupe y Calvo.

Aun así, las cifras plantean la mitad, por lo que al dividir el índice sería de 82, tan alto que así se mantendría muy por encima de los índices de los principales indicadores de la entidad, como son Juárez y Chihuahua.

El dato de mayor contraste es el reporte en materia de secuestros y extorsiones, los que aparecen en cero según el ejercicio realizado por el Observatorio Ciudadano, sin embargo, el caso del malogrado candidato es seguido como secuestro por parte de las autoridades investigadoras, pero éste caso no entra en el periodo de análisis realizado y ni en las del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

De acuerdo con una versión periodística, un hijo del candidato victimado sufrió hace un año el secuestro de su hijo, por el cual habrían pagado un rescate de un millón de pesos.

gpe y calvo homicidiosLas cifras oficiales no hacen distinción entre el tipo de homicidio, por lo que no hay distinción alguna entre un asesinato ocurrido en una pelea entre personas alcoholizadas o bien, la acción de grupos del crimen organizado, para las autoridades se trata simplemente de homicidios dolosos, aún cuando la acción de las bandas criminales tengan un marco de significación dada por la propia sociedad.

Asimismo, una característica especial de Guachochi es la concentración de población indígena, población envuelta en problemas de esta índole, producto principalmente del alcoholismo.

Los otros indicadores de la violencia que reporta este recuento del Observatorio Ciudadano, señalan que, en Guadalupe y Calvo, el robo de vehículo y a casa habitación tiene una relación baja en comparación con los grandes centros poblacionales como Juárez, Chihuahua, Delicias y Cuauhtémoc.

En el caso de robo de vehículos es de 10.9, en tanto que el robo a casa habitación alcanza 32.8; en estos mismos rubros, Juárez tiene un 310.5 y 53.5 respectivamente, en tanto que Chihuahua presenta 604.2 y 93.4.

Con base en el ejercicio realizado por éste organismo ciudadano queda también evidenciado que son los municipios de la zona sur de la entidad los que más sufren de la violencia.

La región sur, de acuerdo con la propia zonificación de la Fiscalía General del Estado, es la que presenta el más alto índice en comparación con las otras tres zonas en que se divide la entidad, que son la sur, norte, centro y occidente.

ejecutados cuauhEn la zona sur, donde se encuentran Guachochi, Guadalupe y Calvo, Batopilas, Morelos, Balleza, Rosario, El Tule, Valle de Zaragoza, Parral, Matamoros Allende, López, Coronado, Jiménez, San Francisco del Oro, Santa Bárbara y Huejotitán, es donde más alto es el índice de homicidios dolosos con un 145.4 por cada cien mil habitantes.

Luego vienen los municipios de la Zona Occidente, por cierto, de una gran interrelación con los municipios más violentos de la sierra.

Esta zona tiene a los municipios de Cuauhtémoc, Madera, Gómez Farías, Namiquipa, Tomósachi, Matachi, Bachíniva, Cusihuiriari, San Francisco de Borja, Nonoava, Guerrero, Ocampo, Moris, Huruachi, Maguarichi, Bocoyna, Guazaparez, Urique, Chínipas y Carichi.

Muchos de estos municipios forman parte del territorio natural de la sierra, del macizo boscoso, pero su demarcación esta considerada en esta otra zona para el trabajo que realiza la FGE.

La incidencia delincuencial en cuanto a los asesinatos dolosos es de 74.1, la segunda en esta escala; la tercera es zona centro, donde se ubica Chihuahua capital, con 58.6; y la zona norte, encabezada por Juárez, con 39.4.

También se hace notar en este mismo ejercicio que, tanto Guadalupe y Calvo como Guachochi registraron un descenso considerable en la comparación de tasas anualizadas del 2013 con el 2012.

Los homicidios dolosos en Guadalupe y Calvo presentan una disminución de un 43.6, en Guachochi fue de un 13.9.

A nivel zona, la sur es la que presentó un crecimiento ubicado en un 36.5 por ciento, respecto del año anterior, mientras que las otras tres zonas registraron un retroceso en la incidencia de este delito; la norte presenta una caída de 32.4 por ciento; la zona centro un 54.8; y, la occidente 13.3 por ciento menos.

En contraparte, los municipios de Delicias y Parral, reflejan el incremento de los hechos violentos en esas zonas del municipio.

En el caso de Delicias, el aumento de la incidencia de los homicidios dolosos fue de un 34.8 por ciento, en tanto que en Hidalgo del Parral, el alza fue de 61.1 por ciento.

De hecho Delicias es también un municipio que vive una situación difícil en materia de seguridad, pues registró un incremento en todos los delitos considerados de alto impacto, con excepción del robo a negocio.

Además del crecimiento del 34.8 por ciento en los homicidios dolosos, Delicias presentó un aumento de 0.6 por ciento en robo de vehículos, mientras que en el robo a casa habitación fue de 9.4 por ciento; y el incremento en el robo a transeúnte, un 116.8 por ciento.

En los dos delitos que más daño causan a la sociedad, como son el secuestro y la extorsión, Delicias ha sufrido un incremento muy alto en el secuestro el alza fue de 98.7 por ciento, en tanto que en extorsión fue de 78.8 por ciento.

Las estadísticas generales muestran que en los meses de enero a abril, la cantidad de asesinatos dolosos decayó en un 40 por ciento a nivel estatal al pasar de 821 a 494 del 2012 al 2013, misma tendencia del delito de extorsión, que cayó de 69 a 53 casos, para un 23 por ciento.

En este periodo de tiempo, los secuestros presentaban ya una tendencia a la alza, al pasar de 11 a 14, que significa un 27 por ciento.

Hay también otros tipos de eventos registrados en la región serrana, principalmente en la frontera con el estado de Sinaloa, que por su propia naturaleza son de alto impacto, aunque las autoridades responsables del combate a la delincuencia niegan de manera sistemática a pesar de los hechos.

Un ejemplo de ello es la incursión de un grupo armado, registrado la noche del pasado 19 de mayo, en el poblado de Tulita, en Guadalupe y Calvo, donde quemó varias viviendas y mató a siete personas.

Otro ejemplo se registró el 7 de diciembre del 2012, donde al menos de manera oficial se reconocieron seis personas asesinadas en un ataque de sujetos armados en Guadalupe y Calvo, donde las víctimas fueron localizadas en diferentes lugares, como el barrio La Minita, Santo Niño y Coronado, donde quedaron los cuerpos sin vida tras recibir impactos de arma de fuego.

A la fecha, en repetidas ocasiones se han anunciado operativos para brindar vigilancia en los municipios serranos de Chihuahua afectados por la ola de violencia desde hace años, que incluso ha costado la vida a viajeros que se aventuraron a transitar por sus carreteras, pero el resultado ha sido mínimo y la tranquilidad en esos lugares es solo pasajera, ante los constantes ataques de grupos armados que pelean por el control de la zona para sostener sus actividades ilícitas.

El Balcón de Don Mirone**

-La Sierra, ni siquiera en manos de Dios; en manos de “El Chapo”

El coletazo de la violencia y la influencia de los grupos del crimen organizado sobre el poder político le dieron un golpe seco al PRI con el asesinato de Jaime Orozco Madrigal, el candidato del tricolor en Guadalupe y Calvo, aquella zona donde el estado no ha querido imponer la ley más por negligencia y complicidades que por falta de infraestructura y capacidad económica.

El lunes por la noche, cuando un grupo de hombres armados interceptó al candidato y se lo llevaron, quedó sellado su trágico destino. Sucedió lo que se antemano se sabía: lo encontraron acribillado con rifles de grueso calibre, a la vera del camino, por el rumbo de El Entronque, donde se bifurcan las carreteras de terracería que conducen a lugares recónditos del municipio de Guadalupe y Calvo, donde la única ley que impera es la de los grupos criminales.

Durante años, los gobiernos estatal y federal han ignorado lo que sucede en la región serrana. Prohijaron los cacicazgos políticos, que cohabitan sin el más mínimo pudor con el poder fáctico del narcotráfico.

La ley en la Sierra es la del crimen

En los municipios de la Sierra, desde hace al menos dos décadas, los Ayuntamientos se reciclan entre unos cuantos, que dejan hacer y dejan pasar todo tipo de tropelías en sus territorios. Usan las siglas que necesiten para llegar al poder.

Los serranos dicen que allá en los pueblos y comunidades no circulan carros “chuecos” o de procedencia extranjera. Tienen razón, todos son nacionales, robados en las principales ciudades del estado o de entidades vecinas, que se venden a una tercera parte de lo que cuestan en una agencia de autos nuevos.

Cualquier mafiosito de medio pelo encarga la camioneta pick up, o cerrada que se le antoje. Asientos de piel, totalmente equipada, doble tracción de preferencia, y le llega intacta, como si la hubiera comprado en cualquier agencia concesionaria.

Eso lo saben las Policías Municipal, Estatal y Federal, así como el Ejército. Nunca han hecho nada extraordinario para meter orden de fondo. La realidad imperante demuestra que no les interesa.

En cualquier reliz de la Sierra se ven desbarrancados los muebles que sufren un desperfecto. Cuando sale más caro repararlo, simplemente aprovechan lo que puede servir y las dejan ir por el despeñadero, para comprar otra. Hay de todo en el mercado negro de los autos robados.

Ese es sólo uno de los ejemplos de las muchas actividades ilícitas que se permiten en la región serrana, sin tomar en cuenta la actividad principal que sustenta y mueve la economía de los pueblos: la siembra y trasiego de enervantes en el llamado Triángulo Dorado: Chihuahua, Sinaloa y Durango, cuna de los Herrera, los Avilés, los Caro, los Zambada, los Guzmán, los Carrillo…

A nada de eso es ajeno el poder político en los municipios. Por eso las decisiones de las candidaturas a las presidencias municipales implican un cuidadoso manejo de los perfiles que de personajes que conviven en la delgada línea de la legalidad y lo actos ilícitos.

Detención de Salgueiro calentó la plaza

En Guadalupe y Calvo la candidatura de Jaime Orozco Madrigal, al que sus amigos apodaban “El Chacal”, no logró conciliar los intereses de los grupos enfrentados, desde hace casi un año, cuando el Cártel de Sinaloa perdió a Noel Salgueiro, uno de los operadores que controlaba la región. Y se volvió tensar la situación en noviembre, con la caída de su sucesor inmediato, Vicente Martínez alias “El Chente”, y dos días después, a Alfredo Salazar Ramírez, alias El Indio o “El Pelos”, que dominaba el corredor que va de Bocoyna hasta Chínipas, Urique, Guazapares, Moris, Uruachi, entre otros.

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En toda esa zona la violencia repuntó desde el año pasado. Las ejecuciones masivas y “levantones” se registran casi a diario. El recuento es sordo, silencioso, ahogado por el dolor de las familias y los sentimientos de venganza entre uno y otro grupos incrustrados en pueblos y comunidades.

No hay denuncias. Las bandas se llevan a sus heridos. Los curan si tienen posibilidades de salvarlos o los dejan morir y los desaparecen si no les queda otro remedio. Las propios deudos entierran a sus muertos sin hacer aspavientos, siempre procurando preservar la vida de los hijos, hermanos o padres que siguen viviendo allá entre las breñas de la Sierra.

La misma historia, nuevas circunstancias

Los pueblos de la Sierra son violentos. Siempre lo han sido. Pero el narcotráfico trastocó los códigos de honor que regían la vida de las comunidades. Esa es la realidad que se ha ignorado por años.

Mirone lo advirtió desde abril, cuando empezaron a observarse los liderazgos que el PRI había detectado para las candidaturas. En los casos en que optó por gente más o menos limpia, sin relaciones abiertamente peligrosas con los grupos del crimen organizado, muchos de ellos fueron obligados a declinar o se hicieron a un lado, por la presiones de que fueron objeto.

Hay casos concretos. El 23 de marzo, en el Comité Estatal del PRI se presentó como candidato a la presidencia municipal de Chínipas, Félix Almada, el recaudador de Rentas de Gobierno del Estado. Días después las presiones de los grupos criminales que dominan la zona, hicieron que declinara para abrir paso a la nominación de Carlos Manuel Shultz, que hace casi tres años entregó la presidencia municipal al actual alcalde, Leonel Martínez Velducea, de quién la había recibido antes, y ahora repetirá de nuevo.

Luis Schultz Amaya, que cuando fue alcalde en el periodo 2007-2010, disfrutaba desde el patio de su casa, de la banda sinaloense y las carreras de caballos organizadas por el verdadero dueño del pueblo, Alfredo Salazar.

En diez municipios de la región serrana, el PAN estuvo a punto de no registrar candidatos. En dos de plano no inscribió. Los que finalmente apuntó, prácticamente están paralizados, no hacen campaña y temen darse a notar, cuando saben que la decisión del poder fáctico favorece a los contrarios, por ahora.

Porque ha habido momentos en que el propio PAN ha recogido candidaturas de dudosa fama pública en al región serrana y ganado elecciones con ellos. El pragmatismo no es moneda exclusiva del PRI.

Cumbres de seguridad, objetivos truncos

Por todo eso es que se antoja difícil que se cumplan los supuestos objetivos fijados por las dos cumbres regionales que han presidido en Chihuahua el Gabinete de seguridad del presidente Enrique Peña Nieto, la primera casi ultrasecreta que se llevó a cabo en el Aeropuerto Roberto Fierro en febrero pasado, y después en mayo, cuando inicialmente se programó el encuentro en Parral, para ser cambiado de último momento a Chihuahua capital.

En ambas reuniones presididas por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, con la presencia de los gobernadores de Chihuahua, Durango, Sinaloa, Baja California, Baja California Sur, Baja California, Sonora y Sinaloa, uno de los puntos que se han marcado como objetivo es meter orden al llamado Triángulo Dorado, como se conoce a la región productora de enervantes en la Sierra Madre Occidental.

En la primera reunión a la que asistieron además los secretarios de la Marina y la Defensa Nacional, el procurador general de la República, el subsecretario de Seguridad y el director del Cisen, el acuerdo que hizo público el gobernador César Duarte hablaba de implementar una mayor coordinación entre las tres entidades y los mandos de seguridad del gobierno federal para atacar el problema que representa el tránsito de bandas criminales de una entidad a otra, facilitado por la extensión geográfica, el aislamiento y las particularidades de la región montañosa.

Palabras más, palabras menos volvieron a repetir el compromiso en mayo pasado. Pasaba la medianoche, cuando en rueda de prensa, después de despedir al secretario de Gobernación y mandatarios invitados, Duarte anunció que el acuerdo básico en la segunda cumbre de seguridad era poner orden en la región serrana, atacar con fuerza el problema de los vehículos robados y dijo con firmeza que había tomado la decisión “de meterle mano a la Sierra”.

Ya pasó un mes de esa reunión, levantaron y ejecutaron al candidato del PRI. Se siguen dando ataques de grupos armados, levantones y asesinatos en toda la región y la prometida estrategia de seguridad continúa sin verse por ningún lado. Ni siquiera los operativos se han hecho presentes. En tono irónico podemos decir que nos extraña que a la muerte de Orozco no le haya seguido otra “cumbre de seguridad”. Tal vez se anuncie para los siguientes días.

Los pobladores de Guadalupe y Calvo no se explican cómo es que la base militar de El Zorrillo, situada a escasos cinco kilómetros de la cabecera municipal y los soldados que en ella están en forma permanente, prácticamente se vacía en forma misteriosa cada vez que habrá un ataque en el pueblo de cuatro mil 500 habitantes. Los secuestradores del candidato priísta pasaron por sus narices y lo mataron a menos de cinco kilómetros de ahí.

Un ejemplo más concreto sucedió la noche del 8 de diciembre, cuando un convoy de diez camionetas, llenas de hombres armados, llegó supuestamente de Badiraguato, Sinaloa –pegado a Guadalupe y Calvo-, prácticamente sitió el poblado, cerró calles, incendió viviendas localizadas a escasas dos cuadras de la Policía Municipal y se desplazó toda la noche por el pueblo asesinando a once personas sin que nadie, absolutamente nadie, que no fueran los propios adversarios, les hicieran frente. La ciudad más cercana es Parral y está a cuatro horas, tiempo suficiente para cualquier desmán. La Fiscalía del Estado sólo tiene agentes allá para “dar fe”.

Las autoridades brillaron por su ausencia en aquella ocasión; desde el alcalde hasta la Policía Ministerial y los soldados. La historia se repitió el lunes pasado, cuando hombres armados se llevaron al candidato del PRI, Jaime Orozco. Esa misma noche, el alcalde Rubén Gutiérrez Loera, que de los siete días de la semana, si acaso despacha uno en su oficina, en cuanto supo del “levantón” puso pies en polvorosa, y sólo regresó al sepelio, cuando supo que ya habían regresado al pueblo los soldados y agentes de la Policía Única estatal que custodiaron la presencia de varios enviados del PRI encabezados por su líder, Leonel de la Rosa.

Ese es el panorama de los pueblos de la Sierra. Si antes del asesinato de Orozco Madrigal ya se sabía que habría algunas candidaturas prácticamente virtuales, ahora ni qué decirlo. Ni siquiera habrá recorridos.

El Instituto Estatal Electoral sabe la situación. Es un hecho en que en muchas comunidades ni siquiera existe la insaculación y menos la capacitación de los funcionarios de casilla. Cuando ya se hicieron los arreglos previos, con quienes toman las decisiones en la zona, sólo es cuestión de cubrir las formas. Son valores entendidos. Es la ingobernabilidad en toda la extensión de la palabra.

Justo ese tipo de arreglos son los que tendrán que operar ahora en el caso de Guadalupe y Calvo para que el PRI logre designar un nuevo candidato a la Presidencia Municipal que sustituya a Jaime Orozco Madrigal.

El presidente estatal Leonel De la Rosa habló de que este mismo fin de semana se realizarían las consultas correspondientes. No dijo con quién ni cómo se harían, pero es seguro que para garantizar que el sustituto llegue a las elecciones dentro de tres domingos, esa negociación se tendrá que tejer en los oscuros sótanos de la política. No hay de otra.

Por lo pronto, lo que ocurre en Guadalupe y Cavo, en toda la Sierra, y en la región centro sur del estado, debiera ser un llamado de atención para todos los niveles de gobierno que no han reparado en el eventual regreso de mayor violencia a las grandes ciudades como Chihuahua y Juárez, cuya estabilidad parece prendida con alfileres cuando ante corporaciones municipales y estatales que no han sido sometidas a los exámenes de confianza y que luego encontramos ejecutando, extorsionando y hasta secuestrando. Para todo ello no hay preocupación; para las fiestas, el jolgorio, los bacanales, sí.

*Nota publicada originalmente por El Norte en el siguiente sitio: http://www.nortedigital.mx/44050/rebasa_guadalupe_y_calvo_indices_de_violencia_de_juarez_y_chihuahua/