Burocracia, el privilegio de servir

Hay muchas razones para ser pesimistas. Arreglar el problema de la estructura gubernamental es un negocio poco rentable para cualquier político; por eso, nadie lo hace.

Álvaro de Lachica y Bonilla / Alianza Cívica / A los Cuatro Vientos

Primero, habría que reconocer lo que de suyo es evidente: que existe un abismo entre lo que debería ser y lo que realmente es en materia de servicio público y que en nuestra clase gobernante predomina: la incongruencia entre el decir y el hacer. En estos terrenos se puede entender con facilidad que persista eso de la burocracia privilegiada y que las nóminas en el aparato gubernamental, en los tres poderes, se encuentren cada día más gorditas.

El número y costo de los burócratas en México se ha incrementado de manera significativa, tanto en el Poder Ejecutivo Federal como en los poderes Legislativo y Judicial y en estados y municipios, según Consultores Internacionales S.C. (CISC).

En su análisis, el CISC que tituló: «¡Qué gordo es mi gobierno!», comparó que en México el número de burócratas ronda los 8 millones de personas, mientras que en Venezuela y Argentina están cerca de los 3 millones.

Países más avanzados tienen menos trabajadores públicos, como es el caso de Estados Unidos que cuenta con alrededor de 2.2 millones burócratas con una población de 300 millones de habitantes, o España con 2.5 millones y una población menor a 50 millones.

El servicio público debería ser tal y como lo plantean los políticos ahora que andan en campaña: un esfuerzo permanente por buscar el bienestar comunitario y la justicia social; el trabajo continuo sin ánimo de lucro enfocado a la satisfacción de una necesidad colectiva de interés general y, por supuesto, la honestidad, transparencia y total apego a la ley en todos y cada uno de los actos de gobierno, especialmente en la administración de los recursos del erario.

Pero el servicio público realmente es una chamba bien, muy bien pagada y la oportunidad de pagar favores políticos para que los nuevos burócratas sientan que “les hizo justicia la Revolución”, entendida ésta en su concepción más pobre.

En contadas ocasiones se pueden conocer las entrañas de la burocracia, incluyendo a la clase magisterial y los privilegios de que gozan, los cuales rebasan salarios y prestaciones de cualquier empleado común y corriente.

Dependiendo de los contratos colectivos, los burócratas tienen varios niveles de desempeño, los del nivel 1 gozan de un sueldo base pero a eso hay que agregar: ayuda de transporte, ayuda para previsión social; apoyo para despensa; apoyo a la economía; ayuda para vida cara; apoyo a servicios (¿?); otro bono mensual (variable por nivel) y una que otra compensación (¿?).

BUROCRACIAJugosas las retribuciones, ni duda cabe, pero ni piense que eso es todo, sino sólo la mitad, la lista sigue: durante junio y diciembre los esforzados burócratas reciben prima vacacional; en diciembre de 30 a 45 días de salario por aguinaldo fondo de ahorro y en ocasiones un bono navideño, además de prerrogativas económicas por quinquenio.

Claro que estos sueldos no están al alcance de profesionales universitarios recién egresados, con competencia laboral certificada y hasta con postgrado. Pero si usted ingenuamente cree que eso fue todo, pues no. La lista de privilegios laborales continúa hasta parecer interminable: la jornada laboral es de 8 horas, ni un minuto más, según el turno pero a este tiempo habría que descontarle el tiempo en que se echan su torta. ¡Ah!, pero en el caso de trabajadoras con hijos pequeños, el llamado derecho de lactancia les permite salir una hora antes.

En algunas dependencias, los empleados consentidos del Estado tienen también 6 días de permiso económico con goce de sueldo al año, también 2 periodos vacacionales de 10 días hábiles cada uno y en el segundo periodo, días adicionales de acuerdo a la antigüedad: 5 años de trabajo, un día más; 10 años, 2 días; 15 años, 3 días y 20 años 4 días más. Pero aún hay tela de dónde cortar, como días no laborables, estímulos por profesionalización y atención médica que se otorga, desgraciadamente el espacio se me terminó.

Los diferentes gobiernos no han logrado cumplir con un compromiso fundamental y siempre socorrida promesa de campaña: el adelgazar la nómina; por el contrario, ésta es cada día más obesa y por lo tanto cada día hay más burócratas que viven del erario con una holgura que escapa a la mayoría de la población.

País, Estado y municipios con una población comprometida en su lucha cotidiana por sobrevivir, pero con una casta dorada que cobra, y muy caro, el “privilegio de servir”: nuestra burocracia.

* Médico cirujano. Miembro de Amnistía Internacional, de Greenpeace, de Alianza Cívica y de Médicos Sin Fronteras. Correo electrónica: *andale941@gmail.com