Futbol, religión y política

Genial frase del futbolista rumano Adrián Mutu: “Las maldiciones no me afectan, porque llevo los calzoncillos al revés”.

Joaquín Bohigas Bosch / 4Vientos

Mutu fue suspendido en dos ocasiones por consumir drogas y también fue bicampeón no reconocido de la liga italiana con Juventus, equipo que fue descendido a segunda división porque descubrieron que sus dueños amañaron partidos en esos dos torneos.

¿Es hecho probado que te perseguirá la mala suerte si llevas los calzones volteados? O como dice Humberto Eco, ¿la superstición trae mala suerte?

Del lado positivo, muchos futbolistas han comprobado la eficacia de no dejar de usar una prenda con la que se tuvo un primer éxito.

En el mundial de 2006, el mediocampista italiano Gennaro Gatusso siempre llevó puesta la camiseta con la que ganó el primer partido. Confesó que “sudaba a mares y tenía un humor de perros porque no podía quitármela”. Pero su sacrificio rindió frutos, pues Italia ganó la competencia. Llevó la camiseta por otros cuatro años, hasta que Italia fue vapuleada en la primera ronda del mundial de Sudáfrica. Explican que la prenda fue usada en exceso y había perdido su “energía positiva”.

Es bien sabido que las “buenas vibras” de los amuletos no duran para siempre y que su abuso tiene efectos contraproducentes. Incluso si son objetos religiosos.

Se dice que en la ciudad de Santa Fe, Argentina, sucedió esta notable historia. Los jugadores del Club Atlético Colón retiraron una estatua de dos y medio metros de altura de la Virgen de Guadalupe, luego de haber sufrido ¡nueve derrotas consecutivas como local! El efecto fue inmediato. Colón le ganó a San Lorenzo, el equipo del Papa Pancho, en el primer partido en el que la efigie no estuvo en el estadio.

En el mundial de 1998 , Francia conquistó la copa gracias a que Laurent Blanc besaba la calva cabeza del portero Fabien Barthez, momentos antes de que empezara cada partido.
En el mundial de 1998 , Francia conquistó la copa gracias a que Laurent Blanc besaba la calva cabeza del portero Fabien Barthez, momentos antes de que empezara cada partido.

Pero hay ejemplos de objetos y rituales religiosos que ayudaron a lograr grandes triunfos. Algunos creen que Argentina ganó la copa mundial en 1986, gracias a las proezas de Maradona. Menosprecian la labor de su entrenador, Carlos Bilardo, que entraba a la cancha cargando la efigie de una virgen.

Sus rivales ingleses, como no son católicos, no tenían una que les ayudara. Naturalmente, perdieron.

El árbitro no vio la divina mano de Maradona marcando el segundo gol.

Otro entrenador, Giovanni Trapattoni, rociaba el campo de juego con el agua bendita que le mandaba su hermana monja. Sus equipos lograron conquistar 23 títulos europeos. Atenta, la Santa Sede lo contrató para dirigir a su selección. Pero no obtuvo un solo triunfo, aunque sobraba agua bendita para irrigar el campo de futbol del Vaticano. Hay milagros imposibles, inmunes al agua bendita, a vírgenes futboleras, a camisetas sudadas y a persignadas.

De todas las selecciones nacionales, la mexicana es la que registra más persignadas por minuto por jugador. Se persignan al entrar a la cancha, cuando empieza el partido, fallan un gol, les llueven las mentadas, los faulean (sic), los expulsan, termina el juego o no tienen más que hacer. En las aun amargas series de penales contra Alemania y Bulgaria, 1986 y 1994, barrieron los registros Guiness.

“Supe que estábamos perdidos cuando los jugadores mexicanos empezaron a persignarse justo antes de tirar los penales”, confesó un aficionado. Y así fue, fallaron cinco de siete. Sin persignarse, alemanes y búlgaros hicieron su trabajo con eficiencia clínica.

Si no mesuran su persignitis (sic), nuestros seleccionados pueden quedar fuera del próximo mundial sin haber marcado un gol. Es preferible que se pongan una camiseta hedionda o unos calcetines tiesos. Mejor aun, que confíen más en si mismos y menos en amuletos.

Según Spinoza, la superstición consiste en creer que cualquier cosa sirve para hacerse de “los bienes inciertos de la fortuna” y es provocada por una fluctuación “entre la esperanza y el miedo”.

La fortuna política es incierta y los políticos viven entre la esperanza y el miedo. Desde antes de meterse a la política, Madero fundó la Sociedad de Estudios Psíquicos de San Pedro para tener sesiones espiritistas, donde “le hablaban con gran claridad de los invisibles que se comunicaban conmigo”.

Como se describe en “Los Brujos del Poder”, Calles y Alemán también persiguieron espíritus, los brujos de Catemaco contribuyeron a la grandeza nacional en los sexenios de López Portillo, de la Madrid y Salinas.

La “profe” se untó las vísceras de un pobre león para apoderarse de su espíritu y la presidenta Fox contrató a Rebeca Moreno, bruja extraoficial de Los Pinos (la oficial era otra), por sus poderes psíquicos, paranormales y astrológicos.

Las inofensivas supersticiones de los deportistas divierten. Las de los políticos avergüenzan y espantan.

Últimamente, a algunos alcaldes del PRIAN les ha dado por asistir a encuentros religiosos con grupos cristianos, para entregar las llaves de la ciudad a Jesucristo. Parece no  inquietarles que este ritual sea anticonstitucional, pues al menos uno de ellos, Enrique Pelayo, dice haber llegado “a la presidencia municipal por obra y gracia de Dios”, no por los votos de 54 mil despistados.

Los alcaldes César Garza (Guadalupe, Nuevo León; arriba a la izquierda), Enrique Pelayo (Ensenada; arriba a la derecha), Margarita Arellanes (Monterrey; abajo a la izquierda) y Rodolfo Ambriz (Juárez, Nuevo León; abajo a la derecha), “entregando” de las llaves de su ciudad a Jesucristo.
Los alcaldes César Garza (Guadalupe, Nuevo León; arriba a la izquierda), Enrique Pelayo (Ensenada; arriba a la derecha), Margarita Arellanes (Monterrey; abajo a la izquierda) y Rodolfo Ambriz (Juárez, Nuevo León; abajo a la derecha), “entregando” de las llaves de su ciudad a Jesucristo.

Posiblemente, estos desplantes obedecen a un cínico cálculo político: congraciarse con los pastores y miles de votantes cristianos. También es posible que los alcaldes imaginan que atraerán los inciertos bienes de la fortuna con sus aparatosas demostraciones de supersticiosa fe, como nuestros persignados futbolistas.

Cualquiera que sea el caso, todos pagamos. Nuestra historia, las sociedades donde aun rigen los preceptos religiosos, ejemplifican los grandes males que resultan de usar la fe religiosa para someter la voluntad política.

En su acto de entrega, el 27 de agosto del 2012, Pelayo aseguró que Ensenada vivía “un romance con Dios”. Trágicamente, en las siguientes tres semanas Ensenada vivió uno de sus períodos más obscuros, siendo asesinadas diez personas, incluyendo su consuegro. Increíblemente, este ignorante funcionario sigue creyendo que Ensenada es segura, ya que aquí “estamos bendecidos por Dios”. Mientras delira, la ciudad se deteriora.

Pregunto que harían estos alcaldes si un líder social, como Jesucristo, llegara a Ensenada o Monterrey y, desde la cima de El Vigía o del Cerro de La Silla, rodeado de miles, convocara a la rebelión a los pobres, a los de limpio corazón, a los que lloran, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia ¿Le darían las llaves de la ciudad o irían a comprar clavos?