Extraer el “Pshi” de la mujer

El Mago Ani pretende poder extraer el pshi… de la mujer que ansía (el pshi no es el doble) y atraerlo hacia sí.

Henri Michaux/ El Cuento

Es posible abstenerse del pshi durante algún tiempo; la mujer no repara desde luego es esa privación. El Mago entonces acaricia el pshi y poco a poco y aunque no sintiendo más que cosas vagas, la mujer se aproxima al lugar donde se encuentra el pshi. Y cuando más adelanta, mejor se siente, hasta que coincide, sin saberlo, con él. En tal circunstancia, el amor del hombre ha penetrado ya en ella.

Noche de bodas

Si al entrar en vuestra casa el día de vuestra boda ponéis a vuestra mujer en remojo en un pozo y la dejáis en él durante toda la noche, la encontrareis atolondrada. Nada le valdrá el haber tenido siempre una vaga inquietud…

Pozo “¡Vaya, vaya”! dirá luego, ¿es eso el casamiento? ¿Esta es la razón por la cual se mantenía tan secreta su práctica? ¡Cómo he caído en la trampa!”

Pero, sintiéndose vejada, no dirá nada. Razón para que podáis sumergirla largamente y muchas veces, sin provocar ningún escándalo en la vecindad.

Si ella no comprendiera la primera vez, poca probabilidad tendrá de comprender ulteriormente, lo cual os proporcionará la suerte de poder continuar esa práctica sin incidentes (excepto la bronquitis), siempre que eso os interese.

En cuanto a mí, que experimento siempre más malestar en el cuerpo de los otros que en el mío propio, he debido renunciar a ella rápidamente.

Un hombre apacible

Extendiendo las manos fuera del lecho, Pluma se extrañó de no encontrar la pared. “Bueno, pensó, las hormigas se las habrán comido”… y se volvió a dormir.

hormiga.Poco tiempo más tarde su mujer lo tomó entre sus manos y lo sacudió: “Mira haragán, le dijo, mientras tú dormías, nos han robado la casa”. En efecto, un cielo intacto extendíase por todos los costados. “Bah, respondió aquel, es cosa hecha”.

Poco después se oyó un ruido. Era un tren que se les venía encima a toda velocidad. “Por lo apurado que viene, pensó, llegará seguramente antes que nosotros”, y se volvió a dormir.

De pronto el frío lo despertó. Estaba todo bañado en sangre. Algunos trozos yacían junto a él. “Con la sangre, pensó, siempre surgen infinidad de contrariedades; si ese tren no hubiera pasado, quizá fuese dichoso. Pero ya que ha pasado…” y se volvió a dormir.

—Veamos —decía el juez—, cómo explica usted que su mujer se haya herido al punto de haberla encontrado seccionada en ocho trozos, sin que usted, que estaba a su lado, haya podido hacer un gesto para impedirlo, y sin haberse dado cuenta de ello. He ahí el misterio. Todo el asunto reside en esto.

“Sobre esa pista, no puedo ayudarlo”, pensó Pluma y se volvió a dormir.

—La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene usted algo que agregar?

—Excúseme usted —dijo—, no he seguido el desarrollo del proceso. Y se volvió a dormir.

El horizonte retirado

Cuando se me habló del horizonte retirado, de magos que sabían quitar el horizonte y nada más que el horizonte, dejando el resto visible, creí que se trataba de una forma de expresión verbal, de broma del lenguaje.

sin horizonteUn día, en mi presencia, un mago retiró el horizonte de mi alrededor. Que ello hubiese ocurrido por magnetismo, sugestión u otra causa, la repentina substracción del horizonte (yo estaba junto al mar donde un rato antes había podido apreciar la inmensa extensión y la arena de sus playas) me causó una angustia tan grande que no me hubiese atrevido a dar un paso.

No tuve más remedio que declararme totalmente convencido. Una sensación intolerable, que ahora mismo no me atrevo a evocar, había hecho presa de mí.

El lago

Por mucho que se aproximen al lago, los hombres no se volverán por eso ranas o lucios.

lagoConstruyen sus viviendas a su alrededor, se meten en el agua constantemente, se vuelven nudistas… No importa. El agua traidora e irrespirable para el hombre, fiel y nutricia para los peces, continuará tratando a los hombres como hombres y a los peces como peces. Y hasta el presente ningún deportista ha podido vanagloriarse de haber sido tratado de un modo diferente.

Mis ocupaciones

Raras veces puedo ver a alguien sin abofetearlo

Todos prefieren el monólogo interior. Yo, no. Más me gusta abofetear.

images (4)Hay gentes que se sientan frente a mí en el restaurante y no dicen nada; están allí un buen rato porque han decidido comer.

Ahí tenéis a uno.

Yo me lo atraco, toc.

Me lo reatraco, toc.

Lo cuelgo en la percha.

Lo descuelgo.

Vuelvo a colgarlo.

Lo redescuelgo.

Lo pongo sobre la mesa.

Lo apilo y lo ahogo.

Lo ensucio, lo inundo.

Y vuelve a vivir.

Entonces lo enjuago, lo estiro (comienzo a enervarme, hay que terminar con él), lo comprimo, lo aprieto, lo resumo, lo introduzco en mi vaso, arrojo ostensiblemente el contenido por el suelo y le digo al mozo: “Tráigame un vaso más limpio”.

Pero me siento mal; arreglo al punto la cuenta y me voy.

henri

Henri Michaux (1899-1984), poeta y pintor de origen belga. Entre estas dos vertientes de su arte, hay ecos y nudos que se ovillan y se desenlazan sin tregua. Seres diminutos y elásticos que, como en su prosa “La vejez de Pollagoras”, habitan y dan vida a ese espacio, o mejor, que son ese espacio de adentro que a Michaux, como a tantos modernos, le gustaba explorar sin miedo ni esperanza. Su singularidad radica quizá en haber realizado ese viaje sin ningún asidero: ni literario ni artístico ni vital. Desconfiaba del estilo y de sus límites. Del marco estable y tiránico de la razón. También de las ilusiones vinculadas a las drogas. Toda su obra es una fortaleza hecha de torbellinos y temblores, como dejó escrito en su Arte Poética, por demás significativa, titulada “¡En Contra!”. En contra de lo establecido, en contra del conformismo, en contra de la doxa, de los prejuicios y las certidumbres seculares, en contra de comprender o aliviar o amansar ese impulso hambriento que, a cada intento de escritura o dibujo, lo llevaba a otra parte (es, de hecho, el título de su libro de viajes imaginarios por países tan extraños como familiares). En contra de la poesía, esa meona, ese estorbo –Baudelaire, en su época, la llamó mojigata, pero la intención era la misma: librarse de sus límites castrantes–, y a favor de Michaux, entonces, no le llamemos poeta, ni pintor, ni artista, ni siquiera “inclasificable” –última gaveta del archivador–. Comprender es comprimir, hacer chatarra. Acerquémonos sólo unos instantes a eso, a lo que dejó y palpita, y empecemos el viaje hacia nosotros mismos. (Guillermo-Augusto Ruiz)