Góngora Pimentel o la suprema villanía

Entre la Lady de la Roma y el ministro en retiro Góngora Pimentel hay apenas una diferencia de verbo. La Lady pertenece a esa cultura del influyentismo propia de tantos años de gobierno de partido único: cerradas las vías plurales por siete décadas, creció la industria del “conozco a fulano de tal”. Todo chueco: licencia de manejar, papeles falsos del Porsche, “no me toques porque tengo influencias” y todo con el propósito de que la ley no se cumpla. En el ministro todo es derecho, el título de doctorado, la brillante carrera como juzgador, publicaciones, tesis de jurisprudencia relevantes y de avanzada, abultada pensión, en total la buena fama que permite intercambiar el verbo para los mismos propósitos: conocer por ser. “Soy fulano de tal” y quiero torcer la ley a mi favor.

Cecilia Soto/ Excelsior

Esta semana se cumplirá un año de que el ministro en retiro Góngora Pimentel, en un acto de villanía incalificable, metió a la cárcel a la madre de sus hijos, con los mismos métodos que dice combatir. Forzar la ley para iniciar un proceso penal que difícilmente puede justificarse, el uso de testigos que están a su servicio en la nómina de la Suprema Corte y que, por tanto, probablemente no serán imparciales, manipulación de los procedimientos para que se desarrollen las diligencias en su despacho, incluyendo la presencia esposada de la madre de sus hijos, Ana María Orozco Castillo, y hasta la probable fabricación de cargos de “violencia intrafamiliar” contra su ex pareja. El expediente de influyentismo que hemos visto una y otra vez con la Lady Profeco, la Lady de la Roma, y un largo etcétera, pero ahora en un ministro en retiro de la Suprema Corte.

Una vez que la pasión se diluye, los costos incurridos aparecen demasiado grandes. Cuántas veces las jueces de lo familiar aconsejan a las ex esposas, ex concubinas o ex lo que sea, a no perder el tiempo persiguiendo la pensión por parte de la ex pareja. Es inútil. El proceso humillante de pedir, rogar, buscar que se cumpla lo que dice la ley en cuanto a la pensión, es desgastante y exacerba los peores rasgos por ambas partes. Pero en el caso del ministro en retiro, porque es ejemplo, no puede abusarse de la ley, sin que haya consecuencias legales.

Prejuicios acendrados machistas entre los juzgadores, desconocimiento de las obligaciones firmadas por México en defensa de los discapacitados y en contra de la discriminación contra los más vulnerables. El caso del ministro Góngora es un compendio de prejuicios y vicios que parece retrasar el reloj de la justicia cuatro o cinco décadas.

Y no basta la llamada carta de disculpas, en mi opinión una simple operación de relaciones públicas. La carta está dirigida formalmente a la periodista Carmen Aristegui, quien hizo gala de equilibrio al exhibir el comportamiento del ministro Góngora, apreciado y protegido por las izquierdas. Si se trataba de disculpas, éstas debieron ser dirigidas a la madre de sus hijos y no a la periodista. En la carta afirma que “nunca tuvo el afán de afectar a Ana María y a mis hijos”, pues a menos que interprete que no les afectará a los niños saber que su madre está en la cárcel porque su padre así lo quiso y que considere que una celda es el lugar ideal para una madre que se ha preocupado por intentar identificar y tratar la discapacidad de los niños, esta frase sólo puede identificarse como de un cinismo duro. En la carta defiende la pertinencia “de cada uno de los momentos procesales”, cuando el encarcelamiento de la señora Orozco Castillo y el mismo proceso penal y no civil, parecen a todas luces desmesurados.

Aunque chocantes, no nos extrañan en sí los extremos de la conducta del ex ministro. En ocasión de las múltiples ediciones a que dieron lugar los festejos del Bicentenario, supe que el Siervo de la Nación, José María Morelos y Pavón, mandó al peor frente de batalla al esposo de la mujer que le gustaba, con el objeto de librarse de él de una vez  por todas. Y no hay héroe o personaje clave que quede completamente libre de aristas, contrastes, blancos y negros. Todos tenemos un poco de cielo e infierno en nuestro carácter Lo que enoja es comprobar, otra vez, cuántas conductas impropias y francamente ilegales tolera nuestro sistema de justicia y, peor aún, nuestra Suprema Corte de Justicia.

Porque todos venimos de la “madera torcida” de la que hablaba Kant, la transparencia y la vigilancia de la sociedad sobre nuestro sistema de justicia son los instrumentos fundamentales para evitar o al menos desincentivar conductas como la del ministro Góngora. Sabiendo que los ciudadanos pueden acudir a programas como el de Carmen Aristegui y otros, a las redes sociales o a los espacios cada vez más frecuentes en los medios formales, quienes se excusan en “dejarse llevar por los sentimientos” para cometer villanías, se lo pensarán dos veces. Y a todo esto pregunto, ¿cuándo será el “momento procesal oportuno” para que Ana María Orozco Castillo salga de la cárcel? ¿Habrá impunidad para quien torció la ley a su favor? Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

CECILIA SOTO*Cecilia Soto. Analista política (ceciliasotog@gmail.com). Artículo publicado originalmente en: http://www.excelsior.com.mx/cecilia-soto/2013/06/03/902158