El IVA, los ganadores y perdedores

En políticas públicas nada es neutro: es una falacia sostener que no tienen efectos sociales y políticos y que más vale que se haga de este o aquel modo para llegar al Paraíso, porque en caso contrario se va al Infierno. Siempre hay ganadores y perdedores. Lo importante es considerar la circunstancia histórica específica a la hora de su aplicación y medir en términos sociopolíticos sus costos y beneficios, de modo que las ganancias para el interés público superen a sus pérdidas. Este es el marco de referencia para discutir el impuesto a los alimentos y las medicinas. Por ello debe preguntarse, ¿cuál es hoy la circunstancia histórica de México? Al menos cabe considerar cuatro hechos: 1) 52% de los mexicanos son pobres; 2) los alimentos se encarecen a tasas de 30% anual; 3) la economía informal roza niveles cercanos a 50% del PIB, y 4) la exención del IVA favorece a los consorcios agroalimentarios.

Héctor Barragán Valencia/Forum

¿Qué implica tan ingente cantidad de pobres? Las familias más pobres gastan 50% de sus ingresos en alimentos, y las de clases medias (12 mil a 27 mil pesos mensuales) destinan al mismo rubro 46% de sus ingresos, de suerte que gravar los alimentos, cualquiera que sea su tasa, implicaría destinar más de sus salarios para comer, impuesto que aumenta a medida que se encarecen los alimentos. No obstante, las familias más ricas sí pagarán más por IVA porque consumen más alimentos, pero el impacto a su bienestar es mínimo. Por otro lado, ¿qué significa tan alta tasa de informalidad económica? La informalidad reduce la recaudación de impuestos en aquellos renglones que no pagan IVA. También conviene decir que aplicar este impuesto facilita la contabilidad empresarial, puede reducir la evasión y algunos privilegios.

¿Qué balance cabría hacer de tal panorama? Gravar los alimentos concentrará el ingreso y empeorará la pobreza, lo que a su vez reducirá el mercado interno y golpeará la actividad económica, circunstancia que no compensará el gasto social, pues México requiere empleos bien remunerados. Pero quizá tenga una ventaja: el IVA generalizado puede forjar una cultura cívica y generar ciudadanía, lo cual sería un golpe al clientelismo y al vasallaje, pero el costo para los mexicanos sería alto y también el riesgo para la estabilidad y la paz pública, dados los agravios históricos y la conmoción social. Por ello cabe preguntar: ¿generalizar el IVA es el único medio para combatir la informalidad y eliminar los abusos de las empresas alimentarias, como Coca Cola, Bimbo, Maseca, etcétera? En un país de pobres el costo de gravar a los alimentos sobrepasa al beneficio. El IVA, sobre todo en comida, es para sociedades opulentas.

*hector_barragan@hotmail.com