Ética, valor y ambientalismo


«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente…» (Josué, 1:9)

En un reciente taller de procuración de fondos para organizaciones ambientalistas, una expositora dio un ejemplo sobre una empresa que generaba muchos desechos tóxicos, ella sugería que nos acercáramos a esta para solicitarle recursos porque seguramente tendría mucho dinero y habría que aprovecharlo para los fines de la educación ambiental. Obviamente, ese es un conflicto de intereses. Podría equivaler a lavar dinero, pedir mordida o aceptar un soborno. Hubo colegas quienes defendieron esa postura y dieron una serie de ejemplos de empresas y fundaciones de corporaciones que ofrecieron fondos para financiar proyectos relacionados al medio ambiente, a labor social o a la beneficencia. De esta manera, le dan a su imagen empresarial un barniz de “Responsabilidad Social o Ambiental”, cuando lo que realmente hacen es dar un soborno y convertir en cómplices a estos activistas.

Moisés Santos Mena/ A los Cuatro Vientos*

Aquí lo que se destruye es mucho más que el ambiente o la naturaleza, es la confianza en la ética del ambientalista, en la Ley y en nuestras instituciones, y más aún: pervierte nuestro tejido social, nuestras relaciones comunitarias y corrompe al activismo ambientalista. Esto es tanto o más dañino que los impactos ambientales negativos que se generen por acciones indebidas, porque el mensaje que se le da a la sociedad es que todo se vale, todo se puede justificar, que el cumplimiento de las leyes es discrecional, “total: al cabo que estas se pueden esquivar, evadir o reinterpretar a conveniencia”, y que todo lo dicta el poder económico o político.

Por eso, toda persona, organización o institución que decida trabajar en el campo del medio ambiental, debe saber que en esto hay un fuerte componente de ética que nos exige ser congruentes día con día. Sí: se puede dialogar y negociar, pero NO TODO es negociable, los principios por ejemplo, no lo son. El error en el que caen algunos colegas es querer ser «pragmáticos» sin entender bien este concepto y terminan siendo sumisos, obedientes o hasta cínicos, al intentar justificar a toda costa sus evidentes incongruencias y conflictos de intereses!

La bióloga Claudia Leyva con Moisés Santos en sus didácticas excursiones de Indómita Aventuras
La bióloga Claudia Leyva con Moisés Santos en sus didácticas excursiones de Indómita Aventuras

A veces el error consiste en la tibieza: algunos colegas, conocidos y amigos que trabajan en áreas de conservación y ambientalismo, gente muy valiosa y capaz, tratan a toda costa de evitar confrontaciones con personas, empresas o autoridades cuyas posturas y puntos de vista son diametralmente opuestos a los suyos. A veces esto los lleva ser excesivamente conciliadores, y caen en la trampa de creer que TODO se puede negociar y que de no hacerlo, entonces se es “radical” en el sentido más peyorativo de la palabra. Insisto en que son gente bien intencionada pero muy ingenua. A ellos yo les digo: necesitan tener VALOR para levantarse y reclamar cuando sea necesario.

En un artículo, Javier Sicilia nos señala: “En la Antigüedad el valor tenía un sentido moral, que aún puede rastrearse en las acepciones de los diccionarios. Aunque, como decía Voltaire, no es “una virtud, sino una cualidad que comparten los bribones y los grandes hombres” –se puede, como un terrorista, ser cruel y valiente a la vez, el valor –que sólo se hace virtud si se pone al servicio de otro o de una causa general y generosa– es un ingrediente fundamental de la moral. Alguien temeroso jamás puede ejercer su deber porque el miedo es egoísta; la cobardía y la mentira lo son también. El valor está, en este sentido, muy próximo a la dignidad, indica algo que moralmente es precioso y magnífico”.

El asunto es que los ambientalistas DEBEMOS de tener valor al hacer lo que hacemos, ¡Y debemos resultar incómodos! Debemos de provocar pero de forma POSITIVA, no por hacer grilla o el trabajo sucio de golpeador, sino porque buscamos desde nuestro particular enfoque, el bien común y una mejor calidad de vida para TODOS. Parafraseando a Salvador Allende: ser ambientalista y no ser provocador es una incongruencia hasta biológica. Pero vamos contra corriente, contra una visión consumista e irresponsable que por cómoda, se ha generalizado en nuestra sociedad, tengamos pues: mucho VALOR.

Sigan trabajando con entusiasmo y valentía, aunque esto pueda significar el confrontarse con poderosos intereses económicos o políticos.

 *Transcripción de la participación en radio del martes 16 de febrero de 2010, en el 1590 de AM
moi*Moisés Santos Mena. Ambientalista. Guía Interpretativo, promotor en Indómita, Aventuras Educativas, de Ensenada, Baja California