Leyendo por la ciudad: Árboles, lagunas y migraciones

Cada primavera se devela en mi banqueta la maravilla guardada en un pequeño árbol que, a principios de marzo, difícilmente anuncia lo que ha de venir. Un buen día y sin tregua, sus inflorescencias despliegan millones de células que saben lo que han de ser y hacer para tomar la forma inequívoca de un racimo de flores de jacaranda. La transformación que contemplo al abrir las cortinas ocurre también en parques y jardines de la ciudad y sus alrededores. Pronto miles de flores de un solo pétalo, del azul claro al violáceo, dispuestas en actitud caediza como uvas de árbol, despertarán  nuestra mirada y el tino de los colibrís. Entonces podremos caminar sobre una alfombra de pequeñas nubes que han caído completas del cielo.

Lourdes Araceli González Lara/ A los Cuatro Vientos

En medio del asombro por el retorno del ritual vegetal, regreso el tiempo a mis años de infancia y adolescencia en los que soñaba con que algún día Ensenada fuera habitada por todas las jacarandas posibles, una de éstas frente a mi casa. Con mi familia, cada julio emprendía un gozoso viaje al sur del país buscando calor y abrigo, novedad y re-creación. Éramos aves migratorias siguiendo el llamado del origen hacia la laguna tibia colmada de alimentos para el alma. Era el retorno anual a la casa de mi abuela.

AA_TabachinDe Sinaloa en adelante, la vegetación contrastaba con fuerza el árido paisaje de Ensenada. En la travesía mis ojos contemplaban con deseo los coloridos tabachines, los framboyanes y, por encima de todos, las jacarandas. Me proponía no regresar al norte sin una, aunque fuese pequeñita y en una lata de chiles. Mas en el alborozo de las vacaciones, y en pleno disfrute del paisaje capitalino, olvidaba mi deseo y regresaba cargada de libros y revistas o mochilas y colores para la escuela. Las jacarandas volvían a ocupar un lugar en mi imaginario y mi añoranza se curaba la ausencia con los árboles a la vista, casi todos eucaliptos, truenitos y fresnos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEntonces creía que las jacarandas eran mexicanas de origen. Años después supe que tienen la samba y el tango en la savia, y otros influjos del cono sur. Jacarandá, de donde toma su nombre científico: Jacaranda mimosaefolia, viene del tupí-guaraní de las costas de Brasil. En Argentina, sus flores concursaron para ser las emblemáticas del país. Su introducción a México desde el Brasil, a fines del siglo XIX, se le atribuye a Sanshiro Matsumoto, floricultor japonés radicado en el DF.  A él, y a su padre Tatsugoro quien fue jardinero imperial en Tokio, fundadores de Casa Matsumoto, debemos la llegada a México de una amplia variedad de migrantes vegetales que embellecen nuestros espacios.

Soy afortunada. Un deseo más me ha sido concedido y frente a mi ventana desborda abundancia. El sur de México llegó al puerto con sus árboles, frutas y tejas, aminorando la distancia simbólica y la nostalgia. Pero mientras el asombro me dure volaré, con boleto violeta de un solo pétalo, a la laguna nutricia de mis migraciones.

Texto publicado originalmente en. http://www.elvigia.net/noticia/rboles-lagunas-y-migraciones.
LOURDES-LULU-GONZALEZ*Lourdes Araceli González Lara. Encargada del Área Académica del Centro Estatal de las Artes de Ensenada (CEARTE)