La alucinante travesía de la banda de los patitos…

*Una maravillosa odisea por los mares de la tierra que no llega a su fin

Servando Pineda/ A los Cuatro Vientos

Es tan impresionante que incluso podría superar a Life of Pi (La Vida de Pi), la mágica zaga que llevara al cine Ang Lee.

De pronto, el 10 de enero de 1992, en pleno Océano Pacífico, el buque chino First Years Inc que partió de Hong Kong con destino a Washington, quedó a la deriva y uno de los contenedores cayó al mar. En su interior llevaba 29 mil juguetes de hule, entre patitos amarillos, tortugas azules, castores rojos y ranas verdes que esperaban llegar a las bañeras de miles de niños en el mundo para que jugaran con ellos, se vieron solos y a la deriva en medio del océano. Veintiún años después, siguen recorriendo los mares del mundo, a merced de sus corrientes, al capricho de las cálidas aguas del Pacífico o las gélidas del Ártico.

A ciencia cierta no se sabe qué pasó. Algunas versiones indican que fue una furiosa tormenta lo que originó el percance. Entonces, 12 contenedores cayeron al mar y uno de ellos se abrió, desparramando así su preciada carga: 28 mil 800 animalitos de hule para ser precisos. Sea como sea, el contenedor cayó al agua y desperdigó ahí su valioso tesoro.

Aterrados, miles de patitos y sus amigos quedaron solos en la inmensidad del mar. A diferencia de Pi, ni los palmípedos se pelearon con las tortugas, ni los castores se comieron a las ranas.

Y ahí comenzaron su épica travesía:

patosmar1En enero de 1992, un buque de carga que había zarpado de Hong Kong rumbo a América se averió en medio del Océano Pacífico, cerca de la línea internacional de cambio de fecha, donde se separan los hemisferios occidental y oriental. Por culpa de los violentos balanceos del barco, algunos de los contenedores se desprendieron de sus amarras y cayeron al agua. Uno de ellos se abrió vertiendo su cargamento: 29 mil juguetes de plástico para la bañera. (www.elmundo.es, 10 de agosto de 2003).

Dos décadas después, los simpáticos animalitos siguen a la deriva por los océanos del mundo, realizando uno de los viajes marítimos más impresionantes y largos que recuerde la humanidad y que no llega aún a su fin. No sólo surcan los mares, sino que con su titánico recorrido han ayudado a que la ciencia resuelva algunos de sus enigmas y hasta dar luces para entender uno que otro asesinato:

Observando el lugar y el tiempo en que aparecen las criaturas de plástico en las playas, los científicos han podido estudiar las corrientes oceánicas de una manera que no había sido posible antes. Además de haber ayudado a los expertos a conservar las reservas de pescado y a entender mejor los efectos del calentamiento de la Tierra, los patos y sus amiguitos de plástico han colaborado incluso en la investigación de varios asesinatos durante el viaje. (www.elmundo.es. 10 de agosto de 2003).

patitos servandoCurtis Ebbesmeyer, un oceanógrafo de Seattle, y su colega James Ingraham, un científico del Servicio de Pesca de la Marina Nacional de los Estados Unidos, se han encargado de seguirles la pista a los patos y sus amiguitos. Ellos han registrado paso a paso su longevo viaje, de manera que cada vez que aparece uno o una parvada de ellos, de inmediato lo registran.

Gracias a estos somáticos juguetitos, Curtis Ebbesmeyer pudo determinar el punto exacto en el que su contenedor había caído y establecer que un objeto tarda tres años en completar un círculo –o giro oceánico en estas corrientes.

Pero no sólo la ciencia se ha visto beneficiada con la odisea de los patitos, sino también la literatura.

La conmovedora historia de los patitos náufragos –la mayoría de ellos amarillos y con una serie de marcas que los hace reconocibles– inspiró al periodista Donovan Hohn a escribir el libro: “Moby Duck ” (uno de los mejores libros de 2011, según The New York Times) recuento literario e investigación de campo de los múltiples destinos de estos juguetes de baño, que de paso reflexiona sobre la inmensa cantidad de basura que se deposita en el mar, y que, como muchos de los patitos, sigue flotando a la deriva. (http://pijamasurf.com).

Y es justamente este punto lo que ha llamado la atención a los científicos. La enorme cantidad de basura que se acumula en los océanos del mundo. Durante sus investigaciones y siguiendo la travesía de los patitos y sus amigos, Ebbesmeyer e Ingraham, han detectado 100 mil globos y coches de juguete flotando en el mar, 34 mil guantes de hockey y cinco millones de piezas de Lego. Recientemente detectaron 33 mil zapatos de la marca Nike que se cayeron de un barco en la costa de California en diciembre del año pasado. Antes, en 1990, esta misma compañía perdió 80 mil tenis deportivos más allá del Pacífico que asombrosamente recuperó dos años más tarde, cerca de las costas de Hawai.

Por si esto fuera poco, los investigadores tienen registrada la existencia de 50 grandes contenedores de acero flotando en el Atlántico, lo que constituye un gran peligro para la navegación. Ebbesmeyer calcula que al año se pierden entre dos mil y 10 mil contenedores, muchos de los cuales se abren y vierten su contenido al mar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADesde luego que no sólo de patos y contenedores están llenos los mares del mundo. Ya casi nadie recuerda que entre la costa de California y Japón flota una isla de basura de dimensiones gigantescas. Casi el territorio de Estados Unidos.

Descubierta por “casualidad” en 1997, La Isla de Plástico contiene cerca de 100 millones de toneladas de basura, según el investigador Charles Moore, el oceanógrafo norteamericano que descubrió la «gran mancha” durante un crucero que realizaba de Los Ángeles a Hawai.

Estudios realizados por Naciones Unidas, revelan que la contaminación del océano provoca la muerte de más de un millón de pájaros marinos cada año, y de 100 mil mamíferos acuáticos. Entre los objetos que han sido encontrados en los estómagos de muchos de esos animales muertos en las costas del mundo, se encuentran desde jeringas, cigarrillos, cepillos de dientes, bolsas de plástico, empaques de cerveza y hasta placas de automóviles.

 Y si Don Homero viviera…

Así, como modernos Ulises, cada animalito encontrado narra su propia Odisea. A lo largo de estas más de dos décadas, los patitos y sus amigos, han tenido que soportar desde ciclones y huracanes, hasta ataques de fieras marinas, cicones, lotófagos, cíclopes y lestrigones.

Pero, a más 20 años de su partida del puerto de Hong Kong, ¿qué ha sido de la banda de los patitos? Porque a tantos años de distancia, sólo de ellos se tiene registro, pero poco o nada se sabe de sus amiguitos. ¿Acaso se quedaron atrapados en la isla de los lotófagos donde el consumo de flor de loto los dejó en un estado irresoluto? ¿o fueron hechizados por el dulce canto de las sirenas? ¿Nunca se les apareció Circe para decirles que se taparan los oídos, -en este caso “orejas”- con cerilla para no caer en el encanto? ¡Vaya usted a saber! Pero me parece obvio que ni la pelaron, si es que vieron a la tal Circe, y ahora permanecen atrapados y en espera de ser rescatados en alguna isla encantada de sepa usted qué lugar de los océanos del mundo. Como van las cosas, deben conservar la esperanza. Robinson Crusoe pasó 28 años en una isla en las Costas de América antes de ser rescatado, según nos narró magistralmente Daniel Defoe. Para su consuelo y tranquilidad, no tienen a un capitán Ahab que los persiga furiosamente por los mares con la obsesiva idea de asesinarlos como pretendía con Moby Dick en el apasionante relato de Herman Melville.

Los que sobrevivieron, ni la furia de Zeus -que lanzara un rayo sobre la embarcación que zozobró-, ha podido detener su fascinante recorrido.

Esperanzados y como auténticos náufragos, los patitos y sus amigos luchan en la inmensidad del mar a la espera de que aparezca su Euriclea, la esclava que reconociera a Ulises, para ver si así logran llegar a su anhelada Ítaca y reclamar a su Penélope: la bañera de algún niño.

Mientras eso ocurre, son tan famosos ya, que en el puerto de Hong Kong, un enorme patito amarillo parecería que rinde tributo a esos miles y minúsculos animalitos de goma que un día zarparon de ahí con la idea de llegar a América.

Pero por el momento, lo que realmente quiere Ebbesmeyer es tener noticias de un patito amarillo, de una rana, de un castor o de una tortuga. Lo que sea, pues.

Dice que sólo registrará que se trata de un auténtico sobreviviente del First Years Inc para seguir con su investigaciones, y promete solemnemente regresárselo sano y salvo a quien lo tenga en su poder.

Así que ya lo sabe. La próxima vez que se bañe, respete más a su patito…Uno nunca sabe si se trata de algún sobreviviente o descendiente de ese trágico naufragio, y tal vez quiera contarle su deslumbrante historia.

¡Qué Odisea! ¡Qué Robinson Crusoe, ni qué Moby Dick!

¡Ay Homero!, ¡ay Defoe!,  ¡ay Melville..! ¡Si hubieran conocido a los patitos y sus amiguitos… qué no habrían contado!

servando pineda*Servando Pineda Jaimes. Periodista, escritor, ensayista y  catedrático de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.