¿Tiene arreglo el capitalismo mundial?

La crisis mundial es como un organismo viviente. Sus mutaciones no deben engañar pues sólo son cambios en su forma de adaptarse a las circunstancias que le rodean. En los últimos meses dio la apariencia de un descenso en su ritmo metabólico, pero eso fue solamente una fase de su metamorfosis. Hoy los desajustes estructurales obligan a preguntarse si la crisis podrá superarse esta década. La respuesta es negativa.

Alejandro Nadal / El País

Desde 2011 el presidente del Banco central europeo, Mario Draghi, calmó un poco la tormenta al anunciar que el BCE intervendría en los mercados secundarios para ayudar a las economías con problemas. Eso permitió a países como España e Italia sobrellevar la embestida del capital especulativo y mitigar el impacto sobre sus indicadores macroeconómicos más importantes. Los diferenciales de tasas de interés y costo financiero dejaron de incrementarse y se mantuvieron estables. Pero la orgía de austeridad neoliberal ha tenido los efectos que todos los economistas serios esperaban: las economías de esos países siguieron en caída libre, sobre todo en el caso de España. Hoy el desempleo de largo plazo, la contracción y la destrucción de ramas enteras de la actividad económica hacen difícil una salida de la crisis en el corto plazo.

La austeridad en materia de política fiscal económica ha tenido un efecto desastroso en Europa. Hoy el nivel de desempleo total en los diecisiete países de la euro-zona es de 12.1 por ciento de la población económicamente activa, mientras que en la Unión Europea (veintisiete países) el desempleo asciende a 10.9 por ciento. Esos dos indicadores han crecido de manera significativa en el último año y se pronostica un incremento en los próximos meses. En términos absolutos tenemos que 26.5 millones de personas en la Unión Europea están en desempleo (de las cuales 19.2 millones en la euro-zona). Lo más inquietante es que no se ven señales de que el crecimiento pudiera retomar una senda de mayor dinamismo, por lo que se espera que el desempleo se mantengan en niveles de dos dígitos para lo que resta de la década.

El caso de España es emblemático. La tasa de desempleo general rebasa el 27.7 por ciento. Pero lo más grave es la larga duración del proceso: más de la mitad de los desempleados ha estado en desempleo por más de doce meses (y para más de la tercera parte se rebasan los dos años en esa situación). Esto significa que están apareciendo nuevas restricciones en el (mal llamado) mercado laboral pues cuando aumenta el tiempo en desempleo, más difícil es regresar a una actividad estable y bien remunerada. El Fondo Monetario Internacional pronostica tasas de desempleo general superiores al 20 por ciento hasta el año 2020. Esa predicción debería ser la señal más clara sobre el daño de las políticas de austeridad.

TIO SAM PAROEn Estados Unidos la crisis se mantiene latente. Poco crecimiento y un alto nivel de desempleo persistente marcan esa economía. La inyección de liquidez que ha mantenido la Reserva federal con su tercera fase de flexibilidad cuantitativa no se ha traducido en crédito a las empresas, tampoco a los consumidores. En el fondo, ni los bancos quieren prestar, ni los agentes quieren dejar de desendeudarse. Se mantiene lo que Richard Koo ha bautizado como la recesión de las hojas de balance.

El enorme volumen de liquidez que se ha creado por las intervenciones del BCE y la Reserva federal promete ser fuente de desajustes a lo largo de los próximos años. Los programas de la Fed representan unos nueve billones (castellanos) de dólares. Y aunque la opacidad en las operaciones del BCE no facilita hacer una estimación similar, su hoja de balance pasó de 1.8 a 3 billones (castellanos) de euros.

Una parte importante de ese exceso de liquidez es lo que explica el incremento en los flujos de capital hacia países como Brasil, India o México. La recompensa que reciben (en términos de tasas de interés real) en esas economías es superior a lo que se obtiene en los países desarrollados. Pero el fenómeno se va a intensificar porque se ha desencadenado ya una feroz lucha por la rentabilidad. Precisamente por eso veremos en los próximos años la profundización de la ‘financiarización’ de la naturaleza. Es decir, se verá una intervención creciente del mundo financiero para convertir en espacios de rentabilidad todo tipo de bienes naturales (agua, atmósfera, subsuelo, biodiversidad y recursos genéticos). Esto se acompañará de una renovada presión para privatizar todo tipo de bienes públicos. La resistencia comunitaria será fuerte, pero la represión caminará en paralelo. En general no se puede esperar nada bueno de este proceso.

Los medios de (des)información han tratado de mantener la ilusión de que lo peor de la crisis ya pasó. Pero esa idea es falsa. Lo que tenemos enfrente es un escenario de varios años de estancamiento, alto desempleo, desajuste en las finanzas públicas y en las cuentas externas de la mayoría de los países. La crisis dejará una profunda cicatriz en la economía mundial. Es tiempo de buscar alternativas.