Cuentos e historias para la ternura. El Heriberto y el México que queremos. Comunicado de los Niños Zapatistas en 1994

Este 30 de abril, Día de las niñas y los niños, les mando un cuento zapatista y el comunicado de prensa que en 1994 dieron a conocer los niños zapatistas, mismo que tiene vigencia total.

Cuauhtémoc Rivera Godínez/ A los Cuatro Vientos

El cuento que menciono es un extracto de un escrito del Subcomandante Insurgente Marcos al Señor Primitivo Rodríguez Oseguera, fechado el 17 de julio de 1994, cuando éste invitó al EZLN a participar a un evento que le llamaron EL MÉXICO QUE QUEREMOS.

 El Heriberto y el México que queremos

 Heriberto (3 años, tojolabal hijo de tojolabales) sonríe sin dientes cuando consuela a su hermana Eva (5 años, tojolabal hija de tojolabales) que se despertó llorando porque soñó que el gato hacía «mau» y no «miau».

Heriberto le explica a Eva que fue el chuchito («perrito» para los chiapanecos) el que lo corrió al gato y por eso dijo «mau».

Su hermana duda, pero la sonrisa sin dientes de Heriberto le empieza a contar una historia bastante complicada sobre el chuchito que vino el otro día y traía, el chuchito, un dulce en la bolsa y Heriberto, para que no haya duda, saca un dulce de la bolsa del pantalón y se lo ofrece a Eva que, ante prueba tan racional, se sorbe las lágrimas, se deja convencer y prueba el dulce.

Heriberto sigue hablando y la historia del chuchito ya va detrás de una hormiga que, dice, quiere llevarse el envoltorio del dulce y Heriberto y su hermana ya se olvidaron del chuchito y del gato que hace «mau» y no «miau» y, alternándose el dulce, observan a la hormiga que ya escogió una esquina de celofán.

niños zapatistas dosEl gato del cuento de Heriberto es un gato pequeño, por decir «gatito» Heriberto dice «gatillo». Un país donde «gatillo» quiera decir «gatito», ESE ES EL MEXICO QUE QUEREMOS.

Un ganadero declara que no puede haber igualdad, que siempre habrá ricos y pobres, sus congéneres aplauden a rabiar.

«Esta tierra va muriendo», dice Fidel, el zapatista, mientras desmenuza entre las manos un terrón de una milpa maltrecha.

En un restaurante de lujo, políticos de alto vuelo descubren que coinciden en que lo que se necesita en este país es mano dura y un buen golpe para aplacar a tanto revoltoso, sonríen satisfechos mientras ordenan que el costo de la comida lo carguen a la cuenta de una Secretaría de Estado.

Una patrulla policiaca secuestra a una mujer que regresa, sola y de noche, a su casa. La patrulla enfila hacia un baldío.

«La modernidad debe llegar a todas partes», sonríe con cara de entendido el funcionario. «El acarreo y el robo de urnas son la prehistoria», se arregla la corbata, «es más moderno usar el padrón electoral, así el ‘trabajo sucio’ sigue siéndolo, pero mucho más higiénico».

PRONASOL es un programa gubernamental moderno, no se trata de remediar la pobreza, sino de optimizarla, de maquillarla para que sea aceptable a los ojos de un mercado que, con el nombre mexicanísimo de NAFTA, amenaza los cielos entre el Bravo y el Suchiate.

niños zapatistas tresLa optimización de la pobreza muestra su efectividad en el campo mexicano: los indígenas mueren, como hace siglos, de enfermedades curables que el blanco trajo, junto a cruces y espadas, para «civilizar» a estos salvajes que piensan, ingenuamente, que es razón y derecho de las gentes gobernar y gobernarse.

En las montañas del sureste mexicano es más barato morirse que curarse, una a una se van cerrando todas las puertas.

Oyendo el llanto de los suyos, los muertos de siempre regresan para hablar palabras de guerra, escuchan a los ancianos y van traduciendo a los jóvenes la misión que trae el viento de abajo. Un país donde todo esto sea sólo una pesadilla y no una realidad, ése es EL MEXICO QUE QUEREMOS.

Al amanecer de un año, un ejército formado por indígenas declara la guerra al gobierno, luchan por «utopías», es decir, por democracia, libertad y justicia en EL MEXICO QUE QUEREMOS.

En un muro de una presidencia municipal chiapaneca, palacio de caciques, queda pintado un «¡YA BASTA!» de rojo apagado, de sangre seca.

Los empleados tratarán inútilmente de borrarlo. «Sólo tirando el muro», dicen y se dicen los empleados. Alguien, en cualquier lugar del país, empieza a entender… EN EL MEXICO QUE QUEREMOS.

Heriberto sólo lleva, por ropa, un paliacate rojo. A los tres años el paliacate tapa el ombligo y el dedito del sexo.

Cuando Heriberto se cae en el lodo, rápidamente voltea a ver si alguien lo observa o se ríe, sino hay nadie a su vista, se incorpora de nuevo y va al arroyo a bañarse, a su mamá le dirá que se bañó porque fue a pescar.

NIÑOS ZAPATISTASSi alguien lo burla cuando se tropieza, Heriberto va por un machete de su tamaño y, empuñándolo, arremete contra todo lo que esté a su alrededor.

Llora Heriberto no porque le duela la caída. Porque duele más la burla, por eso llora Heriberto.

En EL MEXICO QUE QUEREMOS, Heriberto tendrá zapatos buenos para el lodo, un pantalón para los raspones, una camisa para que no se escapen las esperanzas que suelen anidar en el pecho, un paliacate rojo será sólo un paliacate rojo, y no un símbolo de rebeldía.

Tendrá el estómago satisfecho y limpio y habrá en su pensamiento mucha hambre de aprender. Llorar y reír serán sólo eso, y Heriberto no tendrá que hacerse adulto tan temprano.

Una mañana, después de una noche larga, llena de pesadillas y tierno dolor, amanecerá ELMEXICO QUE QUEREMOS.

Habrán de despertar los mexicanos sin palabras que callar, sin máscaras para vestir sus penas. Habrá en los pies esa inquieta urgencia de bailar y en las manos la comezón de estrechar, amigas, otras manos.

Ese día, ser mexicanos dejará de ser una vergüenza. Ese día EL MEXICO QUE QUEREMOS será una realidad y no apenas un tema para coloquios de sueños y utopías.

 Comunicado de prensa de Niños Zapatistas

Abril 30, 1994

 Ejército Zapatista de Liberación Nacional

México.

A los niños de México y el mundo:

Niños y niñas:

niños zLe hemos pedido al Subcomandante Insurgente Marcos que busque las palabras que ustedes entiendan para que conozcan así lo que es nuestro pensamiento. Nosotros somos los niños zapatistas. Somos los NO-NACIDOS.

Para nuestro gobierno, para nuestros compatriotas, para las asociaciones de derechos infantiles, para la ONU, para los periódicos, para la televisión, para la radio, para los presupuestos gubernamentales, para el Tratado de Libre Comercio, para el mundo entero, NOSOTROS NO EXISTÍAMOS antes del 1o. de enero de 1994.

Nunca existimos, puesto que nadie llevó la cuenta de nuestro nacimiento ni de nuestra muerte. Lo peor de todo es que tampoco para ustedes, niños y niñas de México y del mundo, existíamos antes del inicio de este año.

Nosotros no conocíamos ni los dulces, ni los juguetes, ni las medicinas, ni los hospitales, ni las escuelas, ni los libros, ni la leche, ni la carne, ni las verduras, ni los huevos y, la mayoría de nosotros, ni siquiera la ropa.

Ahora, en medio de esta guerra, buenas personas (que no son del gobierno) nos han mandado cosas para curarnos, para vestirnos, para comer, y para jugar.

Nuestros padres y nuestros hermanos mayores tuvieron que morir peleando para que nosotros conociéramos estas cosas.

Ellos salieron en la última noche del año de 1993 y muchos ya no regresaron. Algunos, nos dicen, se murieron peleando. Nosotros no conocíamos esa manera de morir.

Conocíamos la muerte por calentura, por diarrea, por enfermedades que matan sin tener nombre. Pero no conocíamos la muerte que se encuentra peleando.

niño y papá zapatistaOtros de nuestros padres y hermanos y madres y hermanas y tíos y tías y primos y primas ya no regresaron pero no se murieron.

Nos dicen que se quedaron en la montaña esa que, grandota y azul, está aunque sea de noche. Son guerreros, nos dicen.

Algunas veces los hemos visto. Traen otras ropas y unos fierros en las manos. Se ven iguales en la cara pero como que se ven más bonitos, porque ahora se ríen mucho.

Cuando nos ven empiezan a reír, y se ríen y nos reímos también nosotros y nadie pregunta por qué nos reímos. Se van después.

Nosotros preguntamos a los mayores que se quedan por qué se ríen los nuestros que vienen de la montaña, ellos nos contestan que porque la guerra.

Nosotros preguntamos que si en la guerra se gana algo porque parece que sí porque si no, entonces ¿por qué se ríen? Nos contestan que ellos no ganan nada, pero que nosotros, los niños de estas tierras, sí vamos a ganar.

Nosotros vimos lo que nos trajo el gobierno con la guerra, vimos los aviones y los helicópteros y vimos que tiraban balas aquí cerca y allá en la montaña donde están los nuestros.

mama y niña zapatistaNosotros tuvimos un poco de miedo pero no mucho, porque ya antes nos habían enseñado para dónde tenemos que correr y dónde nos tenemos que esconder para que no nos pase nada, también nos enseñaron a saludar la bandera de México y a cantar el himno nacional y a marchar y unos no marchan bien.

Nosotros vimos en el otro pueblo unos que no marchan parejo y se ve claro que no marchan parejo. Nosotros vemos que nuestros mayores sí marchan parejo y queremos también marchar parejo.

Nosotros tenemos 10, 12, 8, 5, 9, 5, 11, 6 años. Los mayores dicen que ya nos «logramos», porque cuando uno tiene menos de 5 años pues se muere más fácil.

Desde que nos acordamos, el gobierno nunca vino a vernos. La primera vez que vino fue después del primero de enero de este año y vino con aviones y helicópteros y balas y tanques y soldados.

Así conocimos su cara del gobierno nosotros, niños y niñas de México y del mundo.

Antes no lo conocimos y nadie venía a tomar fotos ni a preguntarnos si comemos o si estudiamos, ni si tenemos juguetes.

Nuestros mayores se reunieron un día y se pusieron a hablar y a hablar. Acá uno ya es mayor si tiene más de 1 años porque ya tiene bueno su pensamiento y ya puede cargar un tercio de leña y rozar y sembrar y moler maíz y cuidar a los más chicos.

Los mayores se reunieron y pensaron la guerra. Todos hablaron del miedo y de la muerte. Todos callaron. Todos hablaron de nosotros. Todos rieron.

más niños zCada quien dijo su palabra y llegó en la mayoría que se empezara ya la guerra y a nosotros nos enseñaron a no morirnos en la guerra.

Nosotros preguntábamos por qué, y ellos nos contestaron que luchaban porque la muerte sólo fuera cosa de mayores y ya no de niños.

Así nos enseñaron. A no morir nos enseñaron. A pelear para que no se mueran los niños como nosotros.

No sabemos si está mal que nosotros aprendamos a protegernos y a defendernos en la guerra, no sabemos si está mal que aprendamos a no morirnos.

Unos dicen que no se debe enseñar la violencia a los niños y nos llegaron a decir que debemos vivir como los otros niños de la ciudad, que aprenden karate y tienen pistolas de juguete y aviones y helicópteros de baterías que echan lucecitas los aviones y los helicópteros, pero aquí la tierra tiembla y los mayores tiemblan y no sabemos si allá donde están ustedes jugando a la guerra con esos juguetes no tiembla la tierra y acá no estamos jugando y sí tiembla.

Entonces nosotros aprendemos a no morirnos. Tal vez eso está mal y es mejor que nos muramos sin aprender a no morirnos.

Nosotros vimos las fotos. Nosotros de por sí decimos que unos no marchan parejo y ahí se ve clarito que el Beto está marchando chueco.

Nosotros le preguntamos al Sup si la foto dice que el Beto marcha chueco porque está enfermo del pecho y ya pronto se muere, pero dice el Sup que la foto no dice eso.

niñoz z estudiandoEntonces nosotros pensamos escribirles a ustedes, niños y niñas de México y del mundo, y explicarles por qué el Beto marcha chueco y no vayan a pensar ustedes que el Beto no marcha parejo porque no quiere, sino porque está enfermo del pecho y ya pronto se muere y como quiera quiso marchar. Y nosotros queremos que ustedes no piensen mal de nosotros porque no marchamos parejo.

Nosotros queremos que el Beto ya no se muera y podamos marchar parejo todos, por eso estamos aprendiendo a no morirnos.

Y el Beto está encabronado que porque las fotos no le dejan hablar y eso no está bien porque la foto va y le habla a otros que la ven, pero Beto, que es el de la foto, no puede ir donde va la foto y explicar por qué está marchando chueco y la foto va a muchos lados pero el Beto sigue aquí, con el dolor en el pecho y muriéndose, y la foto no viene a preguntarle por qué marcha chueco el Beto y el Beto sigue bravo y ya no le duele el pecho porque se está muriendo, sino que ahora le duele de coraje al Beto, dice.

Y el Beto se va con el Sup porque está encabronado y el Beto cuando se encabrona empieza a tirar piedras y el Sup ya se escondió detrás de una mesa y el Beto no encuentra piedras y el Sup le dice al Beto que se suba el cierre del pantalón, que no esté presumiendo, y el Beto le cuenta al Sup de la foto que habla por el Beto pero le quita la palabra al Beto y entonces el Sup se queda pensando y le empieza a contar al Beto la historia de un hombre que tomaba fotos allá en México en un lugar que se llama «Alameda» y que luego caminaba por las casas para vender la foto y después ese hombre se fue para marchar parejo con otros y dice el Sup que fue hace muchos años y que ese hombre ya se murió y ya no nos acordamos si el Sup contó si el hombre pudo vender sus fotos o no y el Beto le preguntó al Sup si las fotos de ese hombre sí dejaban que hablaran los niños fotografiados y explicaran por qué marchan chueco y el Sup dice que no sabe y que a lo mejor eso fue a averiguar ese hombre cuando se fue para marchar parejo con otros y la historia se acabó porque el Beto se olvidó de las fotos y del dolor del pecho y le quitó la pipa al Sup y salió corriendo y nunca lo va a alcanzar el Sup al Beto con tanto fierro en el cuerpo y además el Betoya se subió al árbol y el Sup dice que va a traer motosierra y el Beto dice que bueno que al fin no hay gasolina y el Sup nos dice que vamos a traer machete y todos fuimos a traer machete para tirar el árbol y el Beto tuvo miedo y mejorse bajó del árbol y le dio su pipa al Sup y nos pusimos a ver las fotos y todos vimos que sí, que las fotos no nos dejan hablar a nosotros y no nos preguntan por qué no marchamos parejo y decir que lo único que queremos es aprender a no morirnos y el Beto y el Sup ya se pusieron a ver las fotos de las mujeres encueradas y los dos ya se empezaron a reír.

El Sup nos dijo que hoy es el día del niño acá en México y entonces también los queremos felicitar a todos los niños y niñas y que la pasen contentos y jugando.

Nosotros no podemos jugar mucho porque también tenemos que aprender a no morirnos. Y dijo el Sup que hoy van a venir unas buenas gentes que nos van a traer muchas vejigas para jugar y dice el Sup que en la ciudad no se dice «vejigas» , que se llaman «globos».

El Beto dice que las vejigas las mandó su tío para que jugáramos y nosotros le decimos que su tío se murió en Ocosingo y el Beto dice que por eso, que las vejigas las mandó su tío para que jugáramos.

Y ya nos vamos a jugar con las vejigas y el Sup dice que tenemos que firmar la carta ésta que les mandamos nosotros, niños y niñas de México y el mundo, y nosotros le dijimos que la firme él porque nosotros sabemos que es su mentira del Sup que tiene 25 años y bien que sabemos que es un niño igual que nosotros, porque si no es niño entonces ¿qué hace aquí con nosotros? El Sup dice de por sí que él, cuando sea grande, va a ser niño otra vez.

Bueno, niños y niñas de México y del mundo, es toda nuestra palabra y claro les decimos que el Sup habla muy otro el dialecto y el Beto lo rió porque el Sup quiso decir «ojo» y dijo chueco porque le salió decir «culo» y el Sup también lo rió al Beto pero no sabemos por qué se ríe el Sup cuando nos ve y si le quitamos la pipa no se enoja y también les queremos decir que el Sup no sabe inflar las vejigas porque ya lleva tres que reventó él solo y el Beto lo burla y el Sup dice que le va a poner su pasamontañas a una vejiga… para irse volando, dice el Sup.

Adiós.

Niños zapatistas.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Montañas del sureste mexicano

Chiapas.

(Suscribe) Subcomandante Marcos.