"Un par de alas para Paula"

Paula siempre soñó con ser un ángel, volar muy alto y mirarlo todo desde el infinito; por eso, aquel día de agosto, cuando una sombra gigantesca se acercó prometiendo regalarle unas alas, no dudó ni un segundo en aceptar. La sombra la tomó de la mano y se la llevó. Como un suspiro se perdió en el horizonte cobrizo de la tarde; como el viento, voló, imperceptible a los ojos curiosos que ese día dormían el sueño de los justos. Se la llevó para siempre, cortando cualquier posibilidad de regreso, borrando de la tierra y de sus propios pasos toda huella que pudiera delatar su destino final.

Sally Ochoa/ A los Cuatro Vientos

En un principio Paula no tuvo miedo, porque el rostro del malévolo fantasma le era familiar; lo había visto decenas de veces anteriormente, pero nunca tan cerca como ahora; nunca había sentido su aliento en el oído, ni su piel de anfibio rozándole el cuerpo en un abrazo ni sus garras ardientes que le quemaban como un brasero vivo. Nunca antes había cubierto su boca impidiéndole la respiración, ahogándole el pecho con gritos de dolor que no alcanzaban a salir al mundo, a la tarde de lunes, a la humedad del verano, a la libertad de su incipiente vida; se le pegaban allí en su garganta, como las garrapatas del perro de su abuela, igual le ocasionaban comezón, igual desesperaba al sentirlos vivos, imaginando que le carcomían sus adentros. Entonces nació el miedo y creció tan rápido que la envolvió completa como una hiedra venenosa, dejándola inmóvil, pensando que quizás no podría obtener sus alas.

El primer corte la dejó sumida entre la realidad y la pesadilla, entre el dolor infinito y la negación del mismo; pendida su esperanza de un infrahumano hilo de compasión, posiblemente inexistente. Luego vino otro y otro y otro más. La vida se le escapaba del cuerpo buscando acomodo entre las minúsculas fisuras del cemento y ella no podía pensar más que en sus alas, las hermosas y brillantes alas que habrían de envolver su cuerpo cuando tuviera frío, como ahora, que sentía su corazón cada vez más cansado, renuente aun a detenerse por completo, pero más cansado, más débil, más triste y más desorientados sus latidos.

En ese instante lo comprendió todo: tenía que ser así, para que allí, donde la piel se marchitara, como las rosas florecieran sus alas, perfumándolo todo alrededor, incluido el horrible olor a muerte.

niña con alas Y entonces volaba, y pensaba en su madre a la que no volvería a ver porque sentía que las alas le crecían demasiado rápido y se elevaban blancas y majestuosas sobre el cielo de Chihuahua donde decían que una vez hubo héroes.

Desde arriba podía verlo todo, pero todo le era lastimosamente ajeno, las lágrimas, los gritos, los estallidos de cólera y la frialdad humana para quien ella no era más que otro expediente que formar, otro caso producto de la putrefacción social, de la descomposición del mundo, de la disfunción familiar y de todas esas condenadas palabras extrañas que no entendía. Cómo iba a entenderlo, si apenas tenía seis años y aún no había ido a su primer día de clases porque el dinero no alcanzaba ni siquiera para tener un techo donde guarecerse del rabioso calor del norte. Cómo iba a conocer cualquier camino si sus zapatos nuevos aún estaban en su mente, cómo podría buscar “porqués”, si sus ojos ahora lo miraban todo desde lejos, su garganta había enmudecido y sus manos no eran más que violetas perdidas en la oscuridad de una bolsa, apartadas del resto de su cuerpo desecho.

El rostro del dolor no le significaba nada, porque ahora, al emprender el vuelo, el viento le había arrancado lentamente los vestigios de su humanidad, dejándola libre y de nueva cuenta pura, como en el vientre de su madre antes de ver la luz por vez primera, o más aun cuando cerró los ojos y su vida se escapó en borbotones de carmín que tiñeron incluso la negra mano del destino.

Paula extendió sus alas y se fue.

Sally Ochoa*Sally Ochoa. Licenciada en Filosofía y maestra en Periodismo (Facultad de Filosofía y Letras de la UACH). Su carrera de periodista la inició como reportera de tv en el 2001, actualmente trabaja en El Diario de Chihuahua en investigaciones especiales. Ha publicado dos libros de cuentos y forma parte de varias antologías de poemas.