La cocina de Vargas Llosa

El 26 de enero de 1983, ocho periodistas y un guía andino fueron brutalmente masacrados por campesinos adiestrados y dirigidos por la Marina de Guerra del Perú en la comunidad de Uchuraccay, en otro episodio de lucha contrainsurgente contra la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso. Mario Vargas Llosa cocinó una versión que convirtió el crimen en una ilustración del pensamiento mágico limpiamente fusilado de El laberinto de la soledad, de su gran amigo y correligionario Octavio Paz

Roberto Rodríguez Baños* / Molinos de viento / AMI

La historia, contada por Gabriel Adán en la nota  publicada el martes 5 de febrero en el portal de Contrainjerencia, http://www.contrainjerencia.com/, se sitúa en el tiempo de  “las aldeas estratégicas” o rondas del gobierno de Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), un personaje del derechista partido Acción Popular (AP) que en la década del 90 colaboraría estrechamente con el régimen de Alberto Fujimori.

Los periodistas fueron asesinados a golpes con palos, piedras y hachas. Tras la matanza fue creada una comisión investigadora presidida por el escritor Mario Vargas Llosa, hoy Premio Nobel de Literatura, la cual determinó que los comuneros de Uchuraccay habían creído que los periodistas eran miembros de Sendero Luminoso confundiendo sus cámaras fotográficas con fusiles. Era producto de la existencia de “diferencias culturales entre los campesinos quechuahablantes y los periodistas provenientes de un mundo urbano”, y las fuerzas armadas “no habían tenido ninguna responsabilidad en el hecho. Todos somos culpables”, dijo Vargas Llosa en su conclusión.

Así, la comisión Vargas Llosa exculpó la política de violación sistemática de los derechos humanos como pilar de la estrategia contrainsurgente del Estado peruano y eximió a militares asesinos, encubrió una masacre y, de esta manera, muchas otras y legitimó la militarización del campo peruano y el escritor se convirtió en cómplice de la matanza de Uchuraccay. Habló de la existencia de “dos Perús”, uno compuesto por hombres del siglo XX y otros, como los pobladores de Uchuraccay, que vivían en el siglo XIX o incluso en el XVIII.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación, creada para investigar los crímenes cometidos en el marco de la guerra interna entre 1980 y 2000, avaló la tesis de la comisión Vargas Llosa y exculpó a las fuerzas armadas. Es éste uno de los casos más claros en los cuales se evidencia que esta Comisión de la Verdad ha servido a escribir una historia oficial de la guerra interna exculpando a militares, policías o paramilitares o para minimizar su responsabilidad en los asesinatos, masacres, desapariciones y torturas cometidas contra ciudadanos y ciudadanas peruanos.

Posteriores investigaciones no sólo han traído más luces y demuestran la coautoría de las fuerzas armadas en la masacre. Fernando Fuchs Valdez ha investigado el caso y ha revelado detalles de la coautoría de los militares. Según las investigaciones Fuchs Valdez, los militares no sólo alentaron la matanza sino que emboscaron a los periodistas y su guía. La región estaba llena de espías que avisaron a los comuneros de Uchuraccay de la llegada de los periodistas y les dieron las órdenes de asesinarlos. Los responsables fueron el presidente Fernando Belaúnde, el general Clemente Noel –jefe del Comando Militar de Huamanga, capital de Ayacucho–, el oficial de la Marina Duffo, mando militar de la provincia de Huanta, y su lugarteniente el marino Artaza Adrianzén. (Ver entrevista a Fuchs Valdez en: http://www.puntodevistaypropuesta.com/2013/01/por-fin-la-verdad-estos-son-los-que.html). Los integrantes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación son responsables de encubrir la masacre.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José de Costa Rica, declaró en 2010 admisible la demanda interpuesta por los familiares de los asesinados para que el Estado peruano corrija las irregularidades judiciales.

Se han cumplido 30 años de mentiras, amedrentamiento sistemático a los familiares de las víctimas para intentar ocultar a los verdaderos responsables y el asesinato selectivo de los testigos. Esta historia de infamia empezó con el informe de la Comisión Vargas Llosa que se esmeró en tergiversar y ocultar informaciones, acallar a los familiares, exculpar a los militares y al gobierno de Belaúnde de toda culpa.

El 26 de enero, aniversario de la matanza de Uchuraccay, está marcado con sangre en la copiosa biografía de Mario Vargas Llosa cuya pluma y renombre han servido para encubrir a militares asesinos. Hasta aquí la denuncia del periodista Gabriel Adán.