Repunte de la violencia criminal

 Marzo de 2013 resultó más violento que diciembre de 2012 con mil 25 ejecutados, de acuerdo al recuento del periódico que dirigen Carlos Marín y Ciro Gómez. Lo anterior significa un repunte cuando apenas transcurrieron cuatro meses de que Enrique Peña recibió la banda presidencial que portaba Felipe Calderón, el ahora investigador de Harvard.

Eduardo Ibarra Aguirre/Forum-Utopía

 Seguramente allí está una de las claves para entender que sólo la mitad de la ciudadanía respalda la gestión del primer priísta del país (encuesta del Grupo Reforma), quien se dispone, salvo lo que determine el Instituto Federal Electoral, a participar en los órganos dirigentes de su partido, y borrar la “sana distancia” de Ernesto Zedillo, el doctor y empleado de alto nivel, pero empleado al fin, de trasnacionales a las que favoreció con privatizaciones que impuso desde Los Pinos.

Otra clave es que no existen buenas cuentas en creación de empleos, temporales o permanente, bien o mal pagadas como es éste el caso más frecuente, tras disponer legalmente abaratar más el trabajo de la nueva generación.

Por el contrario, en el llamado círculo rojo el 70 por ciento aprueba la gestión del mexiquense que no pocos analistas insisten en la necesidad y conveniencia de darle más tiempo para someter a análisis sus resultados.

El alto respaldo a Peña Nieto entre la opinión pública y publicada podría explicarse, entre otras causas, por el clima político que se respira con el Pacto por México suscrito por las tres principales fuerzas partidistas, más la franquicia familiar del Verde; el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo y la reforma educativa; además de la que en materia de telecomunicaciones está en vías de aprobarse en el Senado.

Para efectos prácticos el único resultado visible es que Gordillo Morales, la otrora aliada de Enrique Peña, está tras las rejas; el gigantesco aparato sindical y político aparece demasiado quieto a la vista; los miles de “aviadores” permanecen sin que los moleste el hoy reformista secretario Emilio Chuayffet; los nuevos dirigentes siguen neutralizados y/o cooptados. Mas la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación amenaza la fiesta de los pactistas con una movilización creciente, el linchamiento mediático del oligopolio no surte efecto y la vía del diálogo pareciera no cerrarse todavía.

Los demás resultados educativos están en proceso de construirse, más allá de la estridencia propagandística, y la sociedad los podrá aquilatar mucho más tarde. Y en telecomunicaciones será hasta finales del sexenio que los resultados lleguen a la telefonía, la televisión y la radio, según cálculos de varios especialistas, amén de que el camino legislativo aún no concluye.

En materia de seguridad pública, Peña Nieto pidió desde el Vaticano –no se atrevió a hacerlo en México– un año para observar “una reducción sensible” en los homicidios dolosos, o bien “hacer ajustes”.

Año que Roberto Campa amplía hasta marzo de 2014, “porque estos temas tienen su tiempo de maduración que no son inmediatos”. Ciertamente (Vicente Fox dixit),  no es lo mismo trabajar como jilguero de Gordillo Morales en 2006 para quitarle votos a Roberto Madrazo y ayudar a Calderón Hinojosa, que despachar, gracias a las maromas políticas, como subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación.

La inseguridad pública que también despunta en el estado de México gobernado hasta septiembre de 2011 por Enrique Peña y ahora lo hace Eruviel Ávila con el evidente auxilio de Televisa, junto con el empleo, son el tema de temas que más angustian a los ciudadanos, porque atañen a un valor irrepetible, la vida, y el bolsillo que la alimenta.

Eduardo Ibarra Aguirre*Eduardo Ibarra. Periodista mexicano. Autor de la columna Utopía. Director de la revista Forum.